Thiem salva otro hueso en su camino

Victoria trabajada del austriaco en segunda ronda de Hamburgo ante un Marton Fucsovics que se autodestruyó tras dejar escapar la primera manga.

Dominic Thiem sigue brillando en Hamburgo. Fuente: Getty
Dominic Thiem sigue brillando en Hamburgo. Fuente: Getty

Tras apartar a Pablo Cuevas en el debut del ATP 500 de Hamburgo, hoy Dominic Thiem tuvo que resolver otra ecuación de la misma dificultad para seguir soñado con cumplir sus aspiraciones en el evento alemán. Hoy fue Marton Fucsovics quien le obligó a empujar mentalmente en el marcador, ya que todavía anda lejos de recuperar su mejor tenis, ese que hace un par de meses volvió a ubicarle en la final de Roland Garros. Pero el austriaco no es el Nº4 del mundo por casualidad y supo gestionar cada momento hasta llegar a la meta (7-5, 6-1). En la meta, que en realidad son los cuartos de final, le espera otro castillo de hormigón: Andrey Rublev.

Setenta minutos fue lo que tardó en resolverse el primer parcial entre estos dos gladiadores. El principal cabeza de serie tuvo que pelear durante más de una hora para dar el primer zarpazo al encuentro que Fucsovics había preparado a conciencia. Un 7-5 que puedo haberse cerrado antes de no ser por la tremenda insistencia y frialdad del húngaro. Dos claves para entender lo que pasó: el servicio y la cabeza. Lo primero para salvar cada juego al saque cómodamente, cediendo solamente una bola de quiebre en el primer parcial. Lo segundo, para no volverse loco al ver cómo su rival salvaba cada una de las pelotas de break que conseguía a su favor, ocho de ocho. Hasta que llegó la novena, donde Marton buscaba forzar el desempate, y las quinielas respiraron. Un primer asalto durísimo que valía medio partido.

La carita de Marton al regresar a pista era un poema de Hemingway, conocedor de la tragedia que le esperaba por delante. Le habían sobrado muchos errores en los 70 minutos previos, pero había competido como nunca, como hay que hacerlo ante los top10. Muchas veces nos centramos demasiado en el tenis o en las estadísticas, pero ante jugadores de este perfil eso no es suficiente, vale más apretar los dientes cuando el marcador se pone oscuro que cualquier porcentaje desde la línea de saque. Quizá por eso el húngaro tengo un 0-10 de balance ante los diez mejores jugadores del ranking, una espina que quería sacarse hoy ante Thiem.

Pero Dominic ya no era el Dominic del primer set. Si antes caminaba de puntillas sobre la tierra batida, ahora volaba, confiado en lo que tenía que hacer y sin regalar más tiempo del necesario. Seguramente hubiera firmado hace dos días estar en cuartos de final sin ceder un set teniendo en cuenta las batallas que le venían por delante. Por suerte para él, su objetivo se cumplió al mismo tiempo que Marton se evaporaba sobre la arena teutona. El húngaro fue un boceto si lo comparamos con su ejercicio en el primer set, pero es la deuda que llega cuando lo das todo y aun así no tienes recompensa. Tu cabeza empieza a pensar más de lo cuenta y eso luego se transfiere a tu cuerpo, que automáticamente se impulsa hacia la red con ganas de darle la mano a tu adversario. Eso sí, antes salvó el rosco, un castigo que tampoco merecía.

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