Kohlschreiber empieza a apagarse

El tenista alemán encadena cinco derrotas seguidas, dos de ellas en casa. ¿Ha comenzado definitivamente el declive de Philipp?

Kohlschreiber se lamenta en su partido ante Fucsovics. Fuente: Getty
Kohlschreiber se lamenta en su partido ante Fucsovics. Fuente: Getty

Philipp Kohlschreiber es uno de esos rostros perennes del circuito ATP. De esos que parece que no están, pero están. Un tipo que nunca falla en los grandes eventos, con mayor o menor éxito. La invisible presencia del tiempo nunca pareció afectar al alemán, que se ha mantenido en los puestos nobles de la clasificación ATP durante más de una década. O eso ocurría... hasta ahora.

2019 no comenzó siendo un mal año para el tenista germano. Semifinales en Auckland y victorias ante Kyrgios y Djokovic en Indian Wells, los típicos resultados de una carrera duradera donde las haya. Sin embargo, la primavera ha desatado la caja de los horrores: son ya cinco derrotas consecutivas, y pesan más cuando tres de ellas llegan en las tres semanas de hierba, y ante rivales, en su mayoría, ante los que partía de favorito (Kecmanovic en Stuttgart, Johnson en Halle).

Ayer Kohli cayó derrotado en Hamburgo de forma más que contundente. Fucsovics le sirvió un rosco de esos que hacen mella en la moral (6-3, 6-0), pero el resultado no llega a reflejar lo duro que fue ver a esta versión de Philipp. Tenis apagado, errores por doquier y un lenguaje corporal que daba la sensación de interiorizar el bajón. Fue uno de esos encuentros donde tocas fondo, arrastrado por una falta de confianza en tus golpes galopante.

Hacía más de 13 años desde la última vez que Kohlschreiber salió del top-70. Desde 2007, su ranking a final de año nunca bajó del nº 45 del mundo. Son datos a todas luces esclarecedores, reflejo de una carrera constante y de una ética de trabajo formidable. Ahora número 72 del ranking, las sensaciones son pésimas y el futuro no es del todo brillante: toca defender los puntos conseguidos en 2018 en el Us Open, donde derrotó a su compatriota Zverev. Repetir un resultado así, cuarta ronda de Grand Slam, se antoja realmente difícil.

A título personal, Kohlschreiber siempre ha sido uno de los jugadores más atractivos de ver del circuito. Rezuma clase por todos los poros y juega un tenis digno de la old school: busca abrir ángulos constantemente, le quita tiempo al rival montándose con suavidad encima de la bola y construye los puntos con cabeza, sin hacer excesivo uso de la potencia. Siempre le faltó cerrar los intercambios con mayor convicción, trasladar su esquema de juego con éxito a los momentos calientes del partido, pero Philipp es preso de una mente que siempre le jugó malas pasadas. Es y será prisionero de su propia paradoja: siempre en los mejores torneos, pero nunca cerca de ganarlos. Acumulando victorias ante las mejores raquetas del circuito, pero nunca en las rondas finales. Si le sumamos a eso su adaptabilidad a todas las superficies, su gran saque teniendo en cuenta su altura (notablemente por debajo de la media del circuito), tenemos la pócima perfecta para hablar de unos de los máximos underachievers del circuito.

¿Es ésto solo un bache repentino o ha empezado de verdad el declive del jugador de Augsburgo? Es difícil de predecir, pues Kohli se encuentra en territorio desconocido. Abonado a la comodidad del top-50, quizás tenga que ponerse el mono de trabajo y testar su nivel en las previas de Masters 1000, totalmente dependiente de tener alguna gran semana en un 250 para poder sumar un buen colchón de puntos. Siendo un tenista que requiere fluidez continuada en su juego y estar en una buena dinámica de victorias, salir del bache es la cuestión número uno. Lo intentó sin éxito jugando la Bundesliga germana de clubes, donde solo consiguió una victoria en tres partidos, y su vuelta al circuito ATP ha sido otro jarro de agua fría. ¿Es quizás la solución bajar al circuito Challenger? En los últimos años, esta fórmula ha servido como rampa de lanzamiento para diversos tenistas del top-100, ya fuere por una mala racha de tenis o por una vuelta después de una lesión importante, y quizás sea una alternativa que Philipp deba considerar.

No nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que lo perdemos. El tenis de Kohlschreiber se está apagando, y quizás el público general empiece a valorar su figura ahora que lo vemos en un estado de necesidad. Fuera del top-70, a sus 35 años y desprovisto de toda confianza, una de las caras familiares del circuito empieza a dudar. Solo el tiempo dirá si Kohli volverá a su hábitat natural: la planta noble del ranking ATP.

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