Djokovic, el tenista que gana antes de saltar a la pista

El serbio trabaja en la visualización y así fue cómo ganó la pasada semana en Wimbledon, imaginándose ganando antes de disputar la final contra Federer.

Novak Djokovic, el tenista de la mentalidad de acero. Foto: Getty
Novak Djokovic, el tenista de la mentalidad de acero. Foto: Getty

Ser Novak Djokovic no debe ser fácil. El serbio fue "el tercero en discordia" en la fiesta de Federer y Nadal y aunque posee una gran legión de fans alrededor del mundo, la gran masa de público que mueven Roger y Rafa se han unido muchas veces para intentar frenar a un Nole que paso a paso se sigue acercando a los dos llamados a ser los mejores tenistas de la historia. El pasado domingo volvimos a presenciar una muestra más de fortaleza mental por parte del de Belgrado, en una cancha totalmente decantada hacia el suizo y donde fue capaz de revertir una situación complicadísima, con dos match points abajo.

Federer termina haciendo una caña y Djokovic gana. Cualquier otro se hubiera tirado al suelo, hubiera gritado de emoción, habría saltado de alegría o incluso habría llorado de felicidad. Pero él no. Con una media sonrisa, mirando hacia su box y con paso firme, se dirigió hacia la red sin hacer absolutamente ningún gesto. Tras un saludo amistoso con Roger, se puso en medio de la pista y miró hacia el público. Seguía sin hacer absolutamente nada. Su lenguaje corporal, sin embargo, lo decía todo. El serbio se mordía el labio inferior. Quería expresar algo, pero se estaba conteniendo.

Habían sido cinco horas de mucha batalla, no solo en la pista, sino mental. tener a tantos miles de personas en tu contra durante una final como esa no es nada sencillo de lidiar. Supone aguantar, minuto a minuto, a gente que celebra tus errores, que enfervoriza con los aciertos de tu rival, que te molesta cuando fallas tu primer servicio o que incluso te abuchea si te diriges para hablar con el árbitro. Nole no tuvo ningún gesto en contra del público y respetó que no fueran con él, a pesar de que aquello no había sido del todo limpio. Esto, que puede parecer nimio, no deja de ser un trabajo inmenso fuera de pista.

"Nosotros trabajamos el poder de la visualización y prepararte a ti mismo ante cualquier escenario. Yo trato de jugar el partido en mi mente antes de saltar a pista. Siempre intento imaginarme a mí mismo como el ganador. Creo que hay un poder en eso", explicó el serbio la semana pasada, una vez se proclamó ganador en Wimbledon. "Aparte de ese poder, debe haber una fuerza que viene no solo de tu físico sino de tu lado mental o emocional. Para mí, es una batalla interior, más de lo que está ocurriendo fuera. No es que las situaciones que estás viviendo te afecten, sino cómo las aceptas interiormente y cómo las aceptas o vives", continuó.

"Antes del partido, me dije a mí mismo que iba a intentar silenciar todo lo que ocurría a mi alrededor para centrarme solo en estar ahí. Creo que una de las cosas que me ha permitido salvar esos dos match points fue la estabilidad mental en esos momentos. (...) A veces, intentas ignorar lo que hace el público, lo cual es muy complicado. Trato de convertirlo en: Cuando la grada gritaba 'Roger, Roger', yo oía 'Novak, Novak'. Suena tonto, pero es así", sentenció.

Djokovic es ese tenista que se imagina ganando antes de hacerlo realidad. Es ese tenista que no se amedrenta ante nada ni nadie. Recuerden que es alguien que está ahí tras haber sido lo suficientemente valiente de escapar de una guerra cuando niño, junto a su familia, y que verse al borde de una derrota ante Federer no le hace arrugarse. En definitiva, es ese tenista que ya ganó Wimbledon antes de disputárselo al suizo, dando motivos de peso, una vez más, para ser considerado, posiblemente, como el jugador más fuerte mentalmente que nunca haya pisado una pista de tenis.

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