Cuevas: "La temporada pasada fue la peor de mi carrera"

En una charla con el Podcast Tres Iguales, el uruguayo reconoció que la temporada pasada fue la peor de su carrera y que a veces tenía ganas de no viajar a los torneos.

El amor de Pablo Cuevas con el tenis no fue un amor a primera vista. Si bien desde chico empezó a empuñar una raqueta, el canotaje o la natación eran otros deportes que tiraban más por el simple hecho de poder compartir el rato con sus amigos. La soledad dentro de los courts lo hacía dudar, pero algunos destacados resultados en juveniles y el conocimiento de saber que muy difícilmente pudiese vivir de los otros deportes lo llevó a la definición: su verdadera pasión estaba con la pelotita amarilla y no remando en el agua.

Si bien algunos familiares y otros amigos lo trataban de “loco” o “vago que le hacía gastar la plata a mis viejos”, Cuevas no se rindió, decidió cruzar el charco e irse a entrenar a Buenos Aires con un único objetivo: ser tenista profesional.

“Si bien entre los 16 y 18 años tenía varias dudas y me preguntaba todo el tiempo si iba a poder o no vivir del tenis, la legión argentina me motivó a querer meterme de lleno”, comentó Cuevas. Profesional desde 2004, el nacido en Concordia, Argentina, recién pudo dar el gran salto a los 100 mejores en 2007 después de hilvanar una seguidilla de tres Challengers ganados en pocos meses. “Recién cuando gano un Challenger en Scheveningen y logré insertarme dentro del Top-100 dije ‘ahora si voy a vivir de esto y no voy a jugar más la Qualy de los Grand Slam’”, afirmó en una entrevista con el Podcast Tres Iguales.

Más allá de los seis títulos conseguidos, Cuevas considera que en el tenis no es todo es alegría. Que en reiteradas ocasiones se siente el aislamiento del tenista. En las buenas como en las malas. Tanto es así que asegura que “una vez me consagré en Barranquilla [Challenger en 2014] y me volví con el trofeo al hotel caminando. Ahí te das cuenta que estás solo”. Es por eso que aseguró que la felicidad no es ganar partidos, sino poder viajar con la familia, disfrutar el tiempo fuera de la cancha y no pasar todo el día dentro del club.

Cuevas batalló varias contra las lesiones. Pasó por el quirófano unas cuantas veces y conoce el bisturí como pocos en el circuito. No obstante, siempre pudo levantarse. Aunque el año pasado sufrió una depresión que lo hizo “caer en un pozo”. En consecuencia, aseveró: “Dos veces llegué al aeropuerto y pensé en no subirme al avión. No estaba con el foco en el tenis. Fue un momento malo en el que me costaba salir de casa”.

La exigencia y todo lo que deja uno desde chico lo llevaron a reflexionar si valía la pena volver a intentarlo. De hecho, se pregunta constantemente si realmente el tenis está bueno o no en relación con todos los sacrificios. “Las charlas con amigos y con un sobreviviente de la tragedia de los Andes [El accidente del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya ocurrido el 13 de octubre de 1972 cuando se estrellaron en un risco de la Cordillera de los Andes] me sirvieron a salir adelante”, sostiene el actual 46 del ranking mundial.

A los 33 años y con la experiencia sobre sus hombros, Cuevas ya sabe cómo mantener el equilibrio para seguir haciendo lo que tanto le apasiona.

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