Rusia, al abordaje del top-10

Por primera vez en nueve años una de las grandes naciones tenísticas vuelve a tener doble representación en lo más alto del ranking

Khachanov y Medvedev, en una eliminatoria de Copa Davis. Fuente: Getty
Khachanov y Medvedev, en una eliminatoria de Copa Davis. Fuente: Getty

Nikolay Davydenko y Mikhail Youzhny. Año 2010. Rusia, uno de los países con mayor tradición tenística y tierra de ganadores de Grand Slam, se encuentra bien colocada en el mapa tenístico gracias dos de sus máximos exponentes históricos. Pero el tiempo es inexorable para todos. El tiempo pasó y las estrellas de ambos se fueron apagando… cinco años después, allá por mediados de 2015, solo tres jugadores rusos ocupaban el top-100, siendo el mejor de ellos un Youzhny que pasada la treintena no estaba ni tan siquiera dentro del top-50. Ni Kuznetsov, hostigado durante toda su carrera por las lesiones, ni Donskoy, de galopante irregularidad, eran capaces de llenar el vacío que una de las generaciones más exitosas del país había dejado.

La ayuda tuvo que venir desde fuera, concretamente desde Barcelona. Allí, en el seno de la Academia 4Slam, Galo Blanco y Fernando Vicente dirigían dos proyectos de jugadores más que prometedores. Karen Khachanov y Andrey Rublev eran los elegidos para volver a poner a Rusia en lo más alto, con un enfoque totalmente distinto al de pasados compatriotas. Sus sesiones de trabajo no se daban en el Kremlin, sino bajo el sol de la Ciudad Condal; tampoco en pistas bajo de techo de altísima velocidad, sino en las cálidas condiciones de las pistas de tierra batida de la academia.

Khachanov junto a Galo Blanco. Fuente: Twitter Karen Khachanov

La formación que ambos recibieron hizo que se convirtieran en una hornada totalmente diferente a la de sus predecesores. Sin embargo, no es Rublev quien comparte las posiciones de lujo del ranking con su compatriota Karen, sino un chico alto, delgado y escurridizo que se ha colado en la fiesta por sorpresa. Daniil Medvedev odiaba la tierra, pero entrenar en la Costa Azul francesa tiene como beneficios aprender a convivir con ella. Una final en el Godó y unas semifinales en Monte-Carlo dan brillo a alguien que ha evolucionado: de ser algo uni-dimensional, con un esquema claro de saque-derecha, a un tenista cerebral, quirúrgico en sus golpes a quien hay que sacar del fondo de la pista a palos.

Porque, en el fondo, toda la preparación llevada a cabo sobre el manto rojizo de Barcelona ha moldeado a la nueva generación rusa. Si Davydenko disfrutaba de ‘estamparse’ contra la pelota, cogerla en su punto álgido y restar todo el tiempo posible a su oponente, Khachanov prefiere esperar para poder armar de forma correcta su largo swing de derecha; todo lo que sea jugar más rápido de la cuenta provocará lagunas en ese lado. Si Youzhny aguardaba con ahínco la oportunidad de tirar un approach de revés cortado y buscar la red, Medvedev prefiere tirar ángulos y alargar el intercambio hasta que el rival diga basta. En forma, quizás todos los rusos parece que juegan igual: golpes planos, golpes planos, golpes planos. Pero con un solo vistazo más profundo es fácil ver las enormes distancias entre ambas generaciones, sobre todo en cuanto a la construcción de los puntos. ¿Es algo, además, en cierto modo “forzado” por la evolución del tenis actual? Quizás sean Galo Blanco y Fernando Vicente quienes deban de responder esa pregunta…

Contestaba Kafelnikov recientemente, preguntado sobre el desarrollo de Daniil y Karen, que él a su edad ya había ganado un Grand Slam, al igual que Marat Safin. A sus 23 años, la nueva generación rusa se ha cocido a fuego lento, experimentando baches y aún lejos del big-3. Davydenko y Youzhny ya sufrieron su mazo agitador, y ahora toca preguntarse: ¿Serán capaces los dos nuevos miembros del top-10 de elevar el tenis ruso a cotas más altas que las de sus compatriotas? The clock is ticking…

LA APUESTA del día

Comentarios recientes

¡No te pierdas ni una publicacion! X

Dale a "me gusta" en Facebook
Siguenos en Twitter