El momento de Isner

A sus 34 años y tras una grave lesión en el pie izquierdo, John afronta con mayor madurez su tramo favorito de la temporada

El momento de Isner. Fuente: Getty
El momento de Isner. Fuente: Getty

Pocos tenistas se crecen tanto jugando en su país como John Isner. A sus 34 años, el gigante de Greensboro ve como en su palmarés hay solo dos conquistas fuera de suelo estadounidense (ambas en Auckland). Ahora llega Newport, uno de sus torneos predilectos, y para Isner es momento de curar heridas.

Porque, desgraciadamente, la fortuna dejó de sonreír a John en marzo de este año, cuando tras alcanzar la final del Masters 1000 de Miami gracias a una impresionante efectividad en los tie-breaks, el estadounidense sufrió una importante lesión en la pierna izquierda que no solo le impidió jugar aquel partido a su 100%, sino que también le inhabilitó durante toda la gira de tierra. Tras una vuelta a las pistas en Wimbledon, donde cayó en segunda ronda ante Kukushkin, es ahora el momento para John de dejar atrás los fantasmas de una lesión que, según palabras propias a la página oficial de la ATP, fue más complicada de lo que pensaba:

“Tenía dolor en un hueso y como te puede decir cualquiera, el hueso es el hueso. Está claro que puedes tomar vitamina D y tratar de hacer todo lo que puedas, pero en general has de mantenerte al margen. Eso ha sido lo más complicado para mí porque siempre que he tenido una lesión he sido capaz de recuperarme de forma activa. En este caso, lo cierto es que no puedes hacer mucho: tienes que dejar que tu cuerpo se cure por sí solo”.

“Prácticamente estuve sin movilidad un buen tiempo. No toqué ni una bola durante 10 semanas, y no empecé a entrenar hasta una semana antes de Wimbledon. Fue duro, pero nunca me obsesioné bajo ningún concepto. Las lesiones son parte del deporte y el tenis no es diferente, así que disfruté de mi tiempo en casa”.

Pero donde se cierra una puerta se abre otra, y John ha tenido durante estos meses la oportunidad de estar junto a su niña de 10 meses. Pasar tiempo en casa ha ayudado al americano en un plano prácticamente espiritual: “No es que antes no tuviésemos tiempo, pero ahora me levantaba y estaba con mi hija durante varias horas. Antes estaba con ella 30 minutos mientras me preparaba para entrenar. Es algo muy especial”.

Con la sabiduría que ser padre aporta, Isner afronta una gira estadounidense cuya primera parada será Newport, torneo al que ha accedido mediante una invitación y que siempre ha sido del agrado del gigante americano: tres títulos en Rhode Island dan fe de su gran rendimiento. Pero no es solo Newport: Isner continuará la gira jugando en Atlanta, su paraíso particular, donde suma cinco entorchados, para luego disputar los dos Masters 1000 de pista dura (Canadá y Cincinnati).

En muchas ocasiones, el excesivo kilometraje de cara al Us Open ha perjudicado a Isner, que ha tenido que encontrar voces disidentes sobre un calendario demasiado cargado. Sin embargo, en este 2019 cargar el calendario parece la decisión correcta: nos topamos con un Isner más maduro que necesita como sea sumar puntos para no descolgarse en la Race y que, sobre todo, debe recuperar sensaciones en esos lugares donde el público le lleva en volandas. Son meses cruciales para Big John, que quiere volver a sonreír… y nada mejor que volver a sonreír en casa.

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