Lo que hizo a Federer perder la final de Wimbledon

Echando un vistazo a los números, Federer lo hizo casi todo mejor que Djokovic. Solo hubo una faceta en la que el serbio fue superior y que le acabó dando la victoria

Lo que hizo a Federer perder la final de Wimbledon. Fuente: Getty
Lo que hizo a Federer perder la final de Wimbledon. Fuente: Getty

La final de Wimbledon 2019 fue un partido que pasará a la historia. No solo por el hecho de que Roger Federer y Novak Djokovic, los protagonistas de la velada, ofreciesen un viaje tenístico de casi 5 horas que dejó sin palabras a medio mundo, ni tampoco por el posible significado que el resultado pueda tener a medio o largo plazo en el circuito; fue un encuentro que desafió la lógica de las estadísticas.

O, si echamos un vistazo más profundo a ellas, más bien puso en relieve que hay algunas estadísticas que importan más que otras. La sensación para muchos fue de que Roger Federer, en líneas generales, desplegó un mejor tenis durante mayores tramos de partido que su rival, algo que ratifican los números si tenemos en cuenta el simple hecho de que el suizo ganó más puntos (218 a 204).

A la hora de desgranar los diferentes aspectos del juego, Roger estuvo mucho más sólido en sus turnos de saque, casi imbatible en dicho aspecto. Ceder únicamente 3 breaks a lo largo de 5 horas de partido ante uno de los mejores restadores de la historia no es tarea fácil; refleja un nivel excelso que las estadísticas ratifican. Su 79% de puntos ganados con el primer servicio y, sobre todo, la manera de proteger su segundo saque (por encima del 50%, un porcentaje que Djokovic ni tan siquiera alcanzó) ayudaron a que el juego de Federer fuese fluido y, especialmente hasta llegar al quinto set, le ayudase a no desgastarse demasiado.

La clave detrás de estos números fue la riqueza táctica, la variedad en la colocación del servicio. El propio Novak admitió que fue muy complicado leer el saque a Roger y los números no mienten. Por una parte, en el lado del deuce el suizo explotó el saque abierto a la derecha de Djokovic, atacando el lado más vulnerable del serbio y moviéndolo del centro de la pista (34-21), mientras que en el lado de la ventaja varió a la perfección sus primeros saques (21-23) a la par que avistó las dificultades que el saque con bote provocaba en el lado de revés de Djokovic en su segundo (6-14). La inteligencia de Roger al servicio le permitió respirar en buena parte del encuentro.

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En el apartado de los rallies, las estadísticas muestran una mayor igualdad y para nada decantan la balanza del lado del serbio. Federer supo atacar más y mejor, alcanzando un número estratosférico de winners (94), casi igualando la cuenta de golpes ganadores desde su teórico lado débil (7 errores de revés por los 8 del serbio). Incluso debemos recalcar cómo Roger cubrió más distancia que el propio Djokovic (13,8 metros por los 13,3 del serbio), dando en algunos tramos la sensación de estar mucho más fresco físicamente, defendiéndose con solvencia a través del slice (hasta poder atacar alguna bola corta que Novak le dejase) y, en general, imprimiendo un ritmo de bola altísimo a lo largo de todo el encuentro.

Ahora toca hacerse la pregunta del millón: ¿Por qué entonces el ganador no fue quien dominó la gran mayoría de las estadísticas? Vayámonos a los errores no forzados, el único área de dominio del serbio por cualidades prácticamente inherentes al tenis de ambos. Sin embargo, la distancia no es espectacular: solo de 10 errores no forzados (52 a 62). Pero echemos un vistazo a los momentos importantes del partido, los que deciden torneos y campeonatos: los tie-breaks…

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En el tie-break del primer set, los dos primeros puntos al saque de Djokovic se convierten en errores de Roger desde una posición cómoda: una caña de derecha en una bola neutral y un passing al pasillo de dobles, con toda la pista abierta, que podía haber dado al suizo el tan preciado mini-break. A pesar de ello, se recuperó hasta cobrar una ventaja del 5-3… y es entonces cuando comete un nuevo error no forzado, en su primer golpe tras el saque, algo prácticamente insólito en Federer. Con 6-5, Djokovic fuerza el intercambio hacia el lado de revés de Roger y el suizo acaba fallando.

4 UNF – 0 UNF

El tie-break del segundo set lo abre Federer con una caña de revés en una bola cómoda. En el tercer punto del desempate llega otro fallo de revés en un intercambio cruzado, un punto que prácticamente se reproduce para el 4-1. A pesar de ello, Federer consiguió poner el 5-4, y ahí, en el que era su momento de apretar, manda un revés cortado, uno de sus golpes predilectos con el que intentó tener el control del punto, al pasillo de dobles.

4 UNF – 0 UNF

En el último tie-break, Federer vuelve a verse a remolque tras fallar una pelota de aproximación a la red buscando un contrapié a botepronto (a pesar de estar en posición de jugar, de forma sobrada, una bola cruzada que lo dejaría en buen lugar en la red). Con 3-1, Federer manda otra derecha al pasillo, una derecha que lo volvería a abandonar a la hora de cerrar el encuentro.

3 UNF - 0 UNF

Esa caña final rubricaría un bagaje en los tie-breaks que da que pensar:

Errores no forzados en los 3 tie-breaks

Federer 11 (6 desde el lado del drive, 5 desde el lado del revés)

Djokovic 0 (!)

Esos once errores no forzados de diferencia marcan una frontera similar en el conteo global entre ambos contendientes. ¿Se puede perder un partido en tan solo 11 puntos? La final de Wimbledon 2019 nos enseñó que sí, con un Federer que dudó frente a la versión de Djokovic que se pone una coraza de hierro en los puntos importantes. Porque en el tenis, al igual que en la vida y por muchos que nos pese, algunos momentos tienen más importancia que otros… y es ahí donde el suizo perdió la final.

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