Federer alcanza la excelencia para imponerse a Nadal

El suizo hizo del tenis un arte. rayando la perfección y venciendo en cuatro mangas a un Nadal que no pudo imponer su estilo.

Roger Federer gana a Rafael Nadal en Wimbledon 2019. Foto: gettyimages
Roger Federer gana a Rafael Nadal en Wimbledon 2019. Foto: gettyimages

Si nos dicen hace diez años que en 2019 presenciaríamos un Roger Federer contra Rafael Nadal en la cúspide muchos no se lo habrían creído. Cuando la pelota se puso en el aire, aún había que pellizcarse para darse cuenta de que estos dos veteranos siguen bordando el tenis y ofreciendo un espectáculo que supera los límites de lo racional. Una rivalidad íntima que va más allá del deporte y que en su capítulo 40 volvió a ofrecer altas dosis de emoción y buen tenis. Se jugó a lo que quiso el helvético, no por demérito del español sino por una capacidad sublime de un hombre que a punto de cumplir 38 años se mueve con una velocidad sobrenatural y hace gala de una clarividencia táctica e inteligencia emocional difícilmente alcanzables para cualquier humano. Wimbledon 2019 tendrá en la final al mejor jugador de la historia en esta superficie, que supo defender su jardín particular para seguir optando a agrandar su leyenda con el noveno título en el Grand Slam londinense. El resultado final fue de 7-6 (3) 1-6 6-3 6-4.

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¿Cómo afrontar un partido contra alguien a quien conoces perfectamente y viceversa? Intentando imponer tu propio estilo. La hierba facilita el juego natural de Roger, pero la maestría con la ejecutó su plan perfecto fue sobresaliente. Salió el suizo dispuesto a enfrascarse en un fuego cruzado sin contacto, una sacudida constante de golpes veloces que quitaban tiempo a Nadal y le obligaban a ser más directo de lo normal. Puntos cortos, a una velocidad extrema y con Federer metiendo presión al resto. Tuvo una oportunidad de break frustrada el de Basilea, pero el primer set se fue al tiebreak como por obra de un acuerdo tácito entre ambos. Allí, Rafa se puso con ventaja hasta en dos ocasiones y cuando tenía un 3-2 a su favor con saque, vio cómo en un abrir y cerrar de ojos todo cambiaba. Federer encadenó cinco puntos magistrales y adquirió una ventaja vital sin excesivo desgaste físico.

Roger quiso dar continuidad a ese esquema de juego en el segundo parcial, pero la exigencia que supone estar tan acertado a esa velocidad de bola e intensidad de piernas era inasumible. Nadal se escabulló de un peligroso 15-40 en los primeros compases y encontró la fórmula para dar altura a sus golpes y enfrascarse en los ansiados peloteos en los que históricamente ha dominado. Federer rehuyó la batalla, consciente de que había muchas balas en la recámara y que una vez perdida la iniciativa en el marcador, convenía asumir muchos riesgos y reducir desgaste. Igualó el partido el balear, pero con la amarga sensación de que había ganado una batalla sin la exigencia que necesitaría para ganar la guerra.


Pasar del nada al todo en un abrir y cerrar de ojos es algo casi imposible, más propio de la ficción que la realidad. Sin embargo, el suizo regresó a su mejor versión como si el segundo set no hubiera existido. Nadal buscó porcentaje de primeros saques, consciente de la agresividad de Roger cuando jugaba con segundos servicios. No se tradujo eso en la posibilidad de llevar él la iniciativa, sino que se encontró con bombas de relojería que salían de la raqueta de Federer con tremenda violencia. El resto; esa fue la gran clave del partido que decantó la balanza del lado del suizo. Se movió como una gacela Roger, jugando prácticamente a bote pronto, haciendo malabares sobre la línea de fondo para no ceder ni un centímetro. Se hizo con la tercera manga maximizando la ventaja adquirida con un break, aprovechando un cierto despiste de Nadal, que tuvo dos opciones para contrarrestarlo, pero no pudo materializarlas.

Henchido de moral y confianza, Federer afrontó el cuarto set como si un ultimátum. Es evidente que cuanto más largo fuera el partido las cosas se le complicarían y su actitud y nivel de tenis fueron impecables. Presionó una y otra vez a un Nadal incapaz de encontrar su esencia, nadando contracorriente cual salmón y capeando el temporal como podía. No conseguía variar con paralelos, le resultaba imposible sacar de su zona de confort al suizo y veía cómo sus ataques se topaban una y otra vez con un muro letal que le devolvía bolas más rápidas y más profundas. De nuevo consiguió la rotura el suizo, y despejó las fantasmas que acudieron a él con un remate fallado en 30-30. Levantó una pelota de rotura con un revés de Nadal que se estrelló en la red.


Presionó mucho en el noveno juego el suizo, llegando a tener bolas de partido al resto. Logró escabullirse Nadal tirando de coraje y aura de campeón, pero con el servicio Roger finiquitó el partido. Ni un atisbo de duda en un hombre con tremenda determinación por demostrarse a sí mismo que sigue optando a lo máximo. Roger Federer está en la final de Wimbledon 2019 con todo merecimiento, en un sublime ejercicio artístico y estratégico que le permite defender su territorio. No, en mi casa no Rafa. Eso es lo que dijo el suizo con este triunfo. Dos leyendas que han impuesto su ley cada uno en su terreno. Rafael Nadal lo hizo en París y Roger Federer lo ha hecho en Londres. ¡Viva el tenis!

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