Muguruza-Sumyk, fin del trayecto

Después de cuatro años juntos, Garbiñe Muguruza y Sam Sumyk separan sus caminos. Hoy repasamos lo mejor y lo peor de una relación incandescente.

Sumyk y Muguruza separan sus caminos. Fuente: Getty
Sumyk y Muguruza separan sus caminos. Fuente: Getty

Sabíamos que iba a pasar, de hecho, muchos pensaban que la noticia ya llegaba tarde, pero no fue hasta las 10:22 de este 9 de julio de 2019 que Garbiñe Muguruza lo hizo oficial: Sam Sumyk, el hombre que la llevó a conquistar Roland Garros, Wimbledon y el número 1 del mundo, dejaba de ser su entrenador. Un recorrido de casi cuatro años que se ha caracterizado por unos altibajos y una irregularidad impropia de una tenista de su categoría. Los días buenos, fueron muy buenos… pero los malos, seguramente, terminaron pesando más que los buenos. Como siempre ocurre en el deporte, los resultados mandan, y los resultados han provocado que el francés y la española separen sus caminos para siempre.

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Todo empezó en 2015. Muguruza es finalista en Wimbledon con 21 años, pero tras aquel torneo todo cambia. Su feeling con Alejo Mancisidor se deteriora de tal manera que acaba significando el fin de una relación de más diez años de duración. Es ahí donde entra en acción Sam Sumyk, un francés que traía un currículum inmaculado tras haber llevado a la élite a Victoria Azarenka, Vera Zvonareva o Eugenie Bouchard. Juntos empezaron a colaborar y los resultados no tardaron en llegar: final en Wuhan y título en Beijing. Aquello era demasiado dulce como para no apostar por ello, por lo que a final de temporada se confirmó que la dupla seguiría trabajando en la temporada 2016.

A partir de aquí, tres años y medio en los que siempre hubo momentos de tenis exquisito combinados con momentos de máxima tensión. Como por ejemplo, Indian Wells de 2016, donde Garbiñe cae en primera ronda ante Mchale y empieza a llorar en un coaching con su Sumyk: “No quiero jugar más”. Aquello solo sería un capítulo tibio y desinteresado en comparación a otras peleas mucho más ásperas que ambos tendrían en esos descansos donde la española nunca terminó de entender qué intentaba transmitirle el galo. Pero fuera de la pista era otra cosa, ahí sí que funcionaba la maquinaria, por eso llegó Roland Garros y el circuito WTA se tuvo que postrar ante el talento de la caraqueña: campeona de Grand Slam a los 22 años.

Sin embargo, aquel 2016 no acaba con las mejores sensaciones. Eliminaciones tempranas en Wimbledon (Cepelova) y US Open (Sevastova) encienden las alarmas al ver a una candidata a marcar época caer de manear clara ante otras raquetas de segundo nivel. Así pasan los meses, incluso los años. De un Roland Garros a otro, lo más destacado es una bronca descomunal que acontece en Miami 2017, donde Sumyk estalla al ver la actitud de su jugadora en una charla en pista: “No me mandes callar la puta boca nunca más”. La tensión estaba en índices tan altos que la baja por paternidad del galo le vino muy bien a Garbiñe en aquel verano: la gira de hierba la haría con Conchita Martínez. ¿El resultado? Campeona de Wimbledon, su segundo Grand Slam a los 23 años. La guinda la pondría dos meses después, cuando una carambola de resultados en Nueva York la llevan también al número 1 del mundo. El mundo del tenis tenía nueva reina y la sensación es que lo mejor todavía estaba por venir.

Con el calendario cargado de sonrisas y momentos históricos, de nuevo llegó el bajón. Nada reseñable en el fin de curso de 2017, aunque sí hubo una pequeña reacción en 2018. Semanas puntuales de gran tenis como Doha, Dubai o Monterrey nos hacían pensar que la mejor Muguruza podría reaparecer en cualquier momento, pero luego en los Grand Slams nos llegaba el golpe de realidad. Solo París la vio pasar de segunda ronda, de hecho allí se quedó a una sola victoria de pisar la final y recuperar el Nº1 WTA, pero no hubo suerte ante Simona Halep. El resto de temporada fue una serie de catastróficas desdichas en las que, una vez más, las noticias llegaban más por lo que pasaba cuando la pelota no estaba en juego. “Que te jodan”, esas fueron las últimas palabras de Sumyk a Muguruza en partido oficial, en uno de tantos encontronazos que tuvieron en mitad del coaching.

Y así llegamos a la temporada actual, donde Garbiñe cumplió en Australia, cumplió en Roland Garros y fracasó estrepitosamente en Wimbledon. “Es cuestión de tiempo que vuelva a tener éxito”, declaraba Sumyk justo el día anterior a que la española cediera por doble 6-4 ante Haddad-Maia en primera ronda. Posiblemente no le faltara razón, con ese talento es cuestión de tiempo que las piezas vuelvan encontrarse y ocupar su posición. Eso sí, la pieza de Sumyk quedó desde hoy fuera del puzle, señalada como la gran culpable de hacer que las otras no cumplieran su función. Si alguien se atreve a liderar este transatlántico emocional, Muguruza estará encantada de escuchar ofertas. Arranca una nueva aventura.

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