Una lección para Kyrgios

Kyrgios abrió la boca y ahondó en sus infantilidades para tratar de desconcentrar a un Nadal que terminó dándole una lección. Así lo cuenta Mario de las Heras.

Una lección para Kyrgios. Foto: Getty
Una lección para Kyrgios. Foto: Getty

Durante los primeros veintinueve minutos, Rafael Nadal conecta un ventilador giratorio y comienza a soplar con él a Nick Kyrgios desde su línea de fondo. Se muestra acalorado el australiano. La frente inundada de gotitas de sudor desde los primeros minutos.

Una especie de sudor nervioso que aumenta a medida que la pelota se aleja por los lados sin posibilidad de que la alcance. La curvatura característica de su espalda se parece a la curvatura de esa grada atestada que parece perderse en las profundidades que van hacia arriba, como un nido de murciélagos.

La curvatura de Kyrgios se pierde en el talento martirizado por la impaciencia, con la que Nadal lo desestabiliza en los parones, en el ínterin de los puntos, como si hubiera (vaya si lo hay) otro partido jugándose en las cabezas.

Lo intenta un Kyrgios impotente con un amago de show: protestas al árbitro, movimientos de público detrás de una canasta al resto y un saque de cuchara que es ace, con el que Nadal se ríe igual que un transeúnte que pasaba por allí con las cosas de los niños de la calle.

Otro cariz toma el segundo set con el australiano tirando del cable de ventilador del español. Kyrgios empieza a reconocer esa yerba apoyado en su saque, quizá lo único clásico de su repertorio, al mismo tiempo que Nadal baja la efectividad y el poder de su curioso juego de llanura.

Es bonito el juego de Nadal sobre césped. Esa manera de correr agachado, como de puntillas, como si temiera despertar a alguien con el sonido de sus pasos. Todavía no está el español con esa rapidez de boxeador de las últimas rondas, pero sí en el camino.

Se muestra algo pausado, como atemperando el hervor que debe de producir la actitud impropia de su rival. Puede igualar Nadal la ruptura temprana, pero falla en la confirmación que es una sentencia con saque para el set que pone en su casilla Kyrgios, quien lo celebra como un niño aburrido que busca maltratar animalitos.

No cesa de presionar al juez de silla un Kyrgios desatado en cada descanso. Le pide la sanción a Nadal por tomarse demasiado tiempo en cada servicio. Protesta, se da prisa por sacar antes de tiempo, cuando su rival aún no está listo. La psicología la está ganando Nadal, no tanto el partido.

Los gritos extemporáneos. Los gestos fuera de lugar. La definición perfecta de un maleducado. El gesto de Nadal es el mismo que el del juez de silla. Un gesto de resignación ante el bochorno, mientras tratan ambos de mantener la concentración en lo suyo.

En el tercer set se estabiliza todo, como el rumbo de un avión que sufre turbulencias. Se empieza a ver el aeropuerto a lo lejos. Con cuatro a cuatro Kyrgios golpea a Nadal con la pelota y no se disculpa. Nadal lo mira y se ven los rayos salir de sus ojos.

Kyrgios abre la boca y ahonda en sus infantilidades para tratar de desconcentrar a Nadal en el deuce. Se mueve como un payaso al resto. Se burla. Nadal lo saca adelante y solivianta a la grada. Bulle la sangre del español. Kirgyos también llega al cinco y luego al seis.

El cortado y el ataque. No sólo en Nadal, también en Kyrgios. Todos los resquicios del juego están usados. Un jugador como el australiano y un jugador como el español dejando planear las pelotas, alternando direcciones, velocidades.

El partido es estupendo desde que el australiano abandona la patochada y juega, aunque pierde el tie break como desinflado en comparación a la firmeza con la que ha resuelto los juegos al servicio. Una vez más, decepcionante. Perfecto el español.

Nadal está entero y Kyrgios a punto de salir de su entereza. Pero reacciona a la pérdida. Continúa. No se conceden oportunidades en el cuarto set. El servicio de ambos es la ley, salvo en el cuatro a cuatro. Nadal parece acercarse a la ruptura, pero resuelve Kyrgios con una dejada extrema.

Nadal se acerca un poco, pero Kyrgios resiste. Es otro tie break y Kyrgios regala un remate claro de inicio. Se tambalea. Nadal se atrinchera en ese balconcito. El mini break es tembloroso, como Kyrgios, que de repente se muestra rígido. Ha abandonado la lucha de facto renunciando a la lección, que sin embargo recibe. Nadal gana.

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