El punto que definió una carrera

Final de Wimbledon 1979, Bjorn Borg busca su cuarto título consecutivo, pero Roscoe Tanner tiene bola de break en el quinto set para colocarse 5-3 y saque.

Björn Borg y Roscoe Tanner se dan la mano al finalizar el partido. Fuente: Getty
Björn Borg y Roscoe Tanner se dan la mano al finalizar el partido. Fuente: Getty

Todas las grandes carreras del tenis tienen un inicio, un torneo de confirmación, un partido donde el jugador hace click, un punto que abre el telón para subirse al escenario y ya no bajarse en mucho tiempo. Ese punto, que para muchos es un drive ganador a la línea, para otros es una bola que se marcha fuera y ya no regresa, esa oportunidad no volverá a presentarse nunca más. Rosco Tanner (Estados Unidos, 1951) fue uno de los hombres que pudo haber subido a ese escenario, pero la derecha más importante de su carrera se marchó fuera. Era Wimbledon 1979, la final ante Björn Borg, el día en que su carrera pudo haberse consagrado en la historia de nuestro deporte.

“He estado toda mi vida luchando para llegar a este momento y el hecho de retrasarlo podía conllevarme una penalización por no estar listo en el momento exacto en el que me llamaran para entrar a pista. Entonces lo pensé y lo vi claro. Salí ahí fuera y empecé a pensar que era la única manera de hacerlo”. Son declaraciones del propio Tanner recogidas esta semana por The Guardian. El estadounidense había llegado a la final de Wimbledon por primera vez en su carrera, perdiendo solo dos sets en todo el torneo, y el tres veces campeón Björn Borg le espera en la última ronda. Sin embargo, unos problemas estomacales le impiden saltar a pista.

“Entré en uno de los baños que había, cerré la puerta y me senté en el inodoro. Recuerdo al encargado de los jugadores venir a llamarme en repetidas ocasiones: ‘Señor Tanner, señor Tanner, tenemos que irnos’. Pero yo no podía todavía y así se lo dije, simplemente estaba allí sentado, mirando el reloj, viendo que ya eran ocho minutos tarde de la hora programada. Entonces dije, hora de saltar a la cancha”, recuerda el campeón del Open de Australia 1977, su único título de Grand Slam obtenido tras vencer cómodamente a Vilas en la final (6-3, 6-3, 6-3). Pero el norteamericano tenía sus miras puestas en otro reto mucho mayor. Tanner quería apartar a Borg de su trono más preciado.

“Realmente pensé que tenía una gran oportunidad contra Björn, ya le había derrotado a principios de año en Filadelfia. Sabía que si jugaba de la manera que sabía, sobre todo en césped, tendría una buena oportunidad. De haberse jugado el partido en tierra batida, la sensación hubiera sido muy diferente”, confiesa el ex Nº4 del mundo, uno de los mejores sacadores del circuito masculino. Para quien no se acuerde de él, suyo fue el récord del servicio más rápido de la historia hasta que un tal Andy Roddick venciera la balanza a favor del tenis moderno.

El sueco buscaba su cuarto título consecutivo en el AELTC, pero sabía que enfrente tenía un perfil que se adaptaba perfectamente a las condiciones. Quizá, mejor que el propio Borg. El partido no pudo ser más bonito e igualado, hasta que el quinto set se hace realidad y una puerta al Olimpo se abre para Roscoe. Restando con 4-3 a su favor, un 15-40 invita a la sorpresa. “Lo recuerdo perfectamente, logré un buen resto y él se vino hacia la red, que es donde le gustaba estar a Björn, entonces voleó y la dejó en la zona de ¾ de la cancha, una posición fácil para mi derecha. Entonces empecé a pensar si ponerla en la línea o no, lo que quería era hacerle pensar que iba a jugar cruzado, así que estiré aquellos segundos todo lo que pude. Él cubrió el cruzado y yo la pegué unas tres pulgadas fuera. Ahí se fue la opción de break”, explica el americano, quien segundos más tarde perdería también la segunda opción de ruptura en una bola complicada que el sueco le mandó a los pies. Ya no volvería a ganar ningún juego más en el partido.

“Siempre hay una ligera sensación de molestia, pero en general, con el paso de los años, se ha convertido en una gran experiencia. Era la final de Wimbledon, para mí el evento más importante de todos. Claro que me encantaría haber ganado, por eso la sensación de rabia. Pero estuve en la final, fue un gran partido, hubiera tenido una sensación muy diferente de haber perdido en tres sets rápidos. Entrené duro y jugué muy bien. Tuve un par de tiros que no debí haber hecho, pero siento que él tuvo que elevar su juego para ganarme, y no me ganó por mucho. Meses después, en los cuartos de final del US Open, sí que pude derrotarle. Esa fue mi venganza, aunque hubiera cambiado perder aquellos cuartos por ganar la final de Wimbledon”, asegura el hombre que terminaría cediendo por 6-7, 6-1, 3-6, 6-3 y 6-4.

Tanner, un zurdo talentoso que tuvo su momento en la década de los 70, un sacador emblemático que, desgraciadamente, siguió siendo noticia tras su retirada. Cuatro veces encarcelado, condenado por estafas y señalado por no pagar la manutención de sus hijas. Los problemas financieros le llevaron al límite, pero remontó. Hoy, a sus 67 años, el de Chattanooga sigue con una raqueta en la mano. “Tomé algunas decisiones muy malas en mi vida y pagué por ellas. Ahora mis hijos están en una mejor posición, así que ya no tengo estos problemas. Lamento todas estas cosas, pero me han enseñado mucho. En Orlando hemos desarrollado un programa para niños que no tienen nada, la idea va más allá de hacerles profesionales, tiene más que ver con ayudarles a obtener becas universitarias. La educación será lo que saque a esos niños de su situación”, subraya desde la experiencia el gran Roscoe.

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