Kiki Bertens: “Voy a cada torneo con la idea de ganarlo”

Como si fuera un diario, la holandesa escribe de su puño y letra todas las emociones que ha vivido estos últimos meses. Tanto lo bueno, como lo malo.

Bertens golpeando sobre hierba. Fuente: Getty
Bertens golpeando sobre hierba. Fuente: Getty

Hace ya mucho tiempo que Kiki Bertens se ganó un lugar en la élite del tenis femenino, es decir, en el top10. Luego el paso de los meses confirmó que tenía talento hasta para instalarse en el top5, condición que protagonismo que le ha llevado a sentarse tranquilamente y escribir sus vivencias en los últimos eventos de la temporada. Gracias al portal Metro, donde varios tenistas profesionales cuenta su experiencia de primera mano, la jugadora de Países Bajos relata algunos aspectos importantes de este 2019, haciendo especial hincapié en Madrid, Roland Garros y la gira de hierba.

“Han sido unos meses de altibajos, pero incluso con ese punto tan bajo en Roland Garros, puedo mirar hacia atrás en este momento y verlo todo desde una perspectiva positiva, analiza la actual número 4 del mundo. “Unas semanas antes ya sentí la presión en Madrid, ya que allí había perdido la final contra Kvitova en 2018 y tenía muchos puntos que defender, pero todo encajó perfectamente en su lugar. Puede derrotar a Halep, una de las mejores en arcilla, en la mayor final de mi carrera. Solo sentí felicidad, además me convertí en la holandesa mejor clasificada de todos los tiempos, fue muy especial vivir todos esos momentos”, confiesa con alegría.

Pero la semana de Madrid solo fue un trampolín para brillar en Roma y llegar de la mejor manera posible a Roland Garros. Aunque allí no fueron las cosas como ella esperaba. “Me temblaban las manos, estaba luchando por ver la pelota. Pensamientos inevitables pasaron por mi cabeza: ¿por qué me sucede esto? ¿Por qué justo en este momento? Estuve trabajando muy duro para llegar aquí, ¿por qué a mí? Fue muy difícil de aceptar”, recuerda sobre aquella segunda ronda donde la salud la obligó a tirar la toalla.

“Me sentí muy bien yendo a Roland Garros, era la primera vez que la gente hablaba de mí como una de las favoritas al título, algo que a decir verdad, lo encontré algo molesto. Por supuesto que es algo bueno que te vean así, yo era la primera que me veía capaz, pero siempre existe la posibilidad de perder en primera ronda. No me gusta ese tipo de presión externa”, espera Kiki sobre su perfil al llegar a París. “Lo peor es que ni siquiera pude ver si podía gestionar esa presión, no pude competir. En el primer partido fue todo bien, incluso el entrenamiento del día después, la cena con mi equipo fue genial, me fui a la cama bien… pero de repente, me vi levantándome a las 02:00 de la mañana y vomitando sin parar, estaba enferma”, rememora con dolor.

“No me dio tiempo a recuperarme. No pude comer en todo el día, así que fue muy difícil jugar así, me costaba hasta permanecer en la cancha. Quería ver si era capaz de afrontar el desafío, la presión, pero no tuve la oportunidad, eso fue lo más decepcionante. Luego estuve toda la semana enferma, así que tampoco lo pensé demasiado, físicamente estaba muy mal. Fueron cinco días en la cama sin comer, pero fue mejor así, ya que no hubiera podido competir en toda la semana y, por mirar lo positivo, me dio más tiempo para preparar la gira de hierba”, manifiesta la campeona de 9 títulos WTA.

Y llegó la hierba, el Libema Open, donde Bertens se quedó a un paso de levantar el título. “Solo tengo una oportunidad de jugar en casa cada año, solo hay un torneo en los Países Bajos, así que perder la final de ‘s-Hertogenbosch fue difícil de aceptar. Perder después de tener tantos puntos de partido es duro, mucho más en una final. Allí nunca había jugado bien, pero tuve una gran semana donde no sentí la presión de ser la principal favorita. Era mi primera final en césped, por lo que puedo sacar también el lado positivo. Los últimos meses tuvieron cosas buenas y cosas no tan buenas, supongo que como en la vida, no hay más. Todavía falta mucho camino por delante”, asegura la holandesa.

“Jugar en césped nunca me ha resultado demasiado natural, no soy de acabar los puntos en un golpe, prefiero alargarlos”, define la de Wateringen sobre su estilo. “El año pasado llegué a cuartos de final en Wimbledon, lo que me hizo creer que podía jugar bien en pasto. Siento que cuando mi juego está encendido, puedo vencer a cualquiera, pero siendo realista sé que también puedo perder cualquier día. Voy a cada torneo con la idea de ganarlo, pero manteniendo los pies en la tierra y siempre intentando disfrutar. Veremos donde me llevan estos meses”, concluye.

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