Tsitsipas no tiene miedo

Stefanos tiene algo que le diferencia del resto de la Next Gen. Algo que no tienen los Zverev, Tiafoe, Shapovalov o Khachanov, y es que el griego no tiene miedo.

Stefanos Tsitsipas. Foto: Getty
Stefanos Tsitsipas. Foto: Getty

El reloj marca cinco horas y ocho minutos de encuentro. 7-6 en el quinto set para Wawrinka mientras Stefanos Tsitsipas encara match point en contra con 30-40 en su saque. Tras un intenso peloteo, el griego abre al revés de Stan, que tira una bola cortada que aterriza sobre la línea. Stefanos pide al juez de silla que baje, porque la ve mala. El árbitro considera que toca línea y la victoria es para Wawrinka. El suizo abraza a su rival en la red y le consuela. Detrás, han dejado uno de los partidos más intensos y de mayor calidad de los últimos años.

Apenas unos minutos después de esa derrota, el heleno pasó por rueda de prensa en Roland Garros. La sala número 1 de prensa estaba a reventar. Había gente de pie, ya que no quedaban asientos libres. La expectación era máxima. Tsitsipas aparece en escena, totalmente rojo tras el esfuerzo realizado y por el sol justiciero que le cayó durante esas cinco horas. En su cara se puede ver el dolor. No solo físico, sino ese que se siente por dentro y que duele más que el del exterior. El dolor de la derrota. De verse cerca y no haberlo conseguido. De rozarlo con los dedos y que se le escapara justo al final. A Tsitsipas le dolió esa derrota y eso es lo que le hará un día ser grande.

Precisamente eso fue lo que más me gustó de él. Aquella tarde perdió, pero también ganó. En aquellos ocho minutos que pasó en la sala de prensa sin decir demasiado porque no le salían las palabras y tras verle jugar de forma increíble ante uno de los mayores competidores en los últimos años, me di cuenta que Tsitsipas era diferente al resto de sus compañeros de la Next Gen. Stefanos tiene algo que no tiene Zverev, que no tiene Tiafoe, que no tienen Khachanov o Shapovalov. Tsitsipas no tiene miedo. Su fortaleza mental es superior a la del resto y habrá un día que eso le hará ganar Grand Slams.

Esa ausencia de miedo tiene un origen. Hubo un día que marcó la vida de Tsitsipas y todo a partir de ahí cambió. En los momentos difíciles es donde uno curte su personalidad y el griego sufrió una desgracia que cambiaría su vida para siempre.

Mediados de octubre de 2015. Por aquella época, Tsitsipas tenía 17 años y competía en el circuito Future. Aquella semana disputó uno en Heraklion, en la isla de Creta, en Grecia. El torneo estaba situado dentro de un resort, junto al mar, y el tenista se levantó pronto para correr por la playa junto a sus amigos en su día libre. Tras unos 40 minutos de carrera, se fueron todos a la sauna para combatir el frío que hacía esa mañana. Tras unos 20 minutos allí dentro, Stefanos y otro amigo decidieron irse a la playa para remojarse antes de ir a ducharse.

Era un día tormentoso, tal y como el propio tenista lo comentó en uno de sus vídeos en su canal de Youtube. El mal tiempo y la virulencia de las olas no les asustó para meterse en el agua. Tras saltar, Stefanos se golpeó en la pierna con una roca y para cuando quiso darse cuenta, estaba 30 o 40 metros alejado de la orilla, situado dentro de la corriente. "Comencé a sentir pánico. Lo que sentí en ese momento fue la peor sensación que he sentido en toda mi vida. No podía casi respirar y no había nadie que pudiera ayudarme. Estuve muy cerca de morir", relata el griego.

"Intenté nadar hacia la orilla, luchando contra las olas, pero era imposible. Cuanto más lo intentaba, menos opciones tenía de llegar. No podía pensar en nada. Recuerdo en ese momento, que me rendí. El tiempo se paró. No sentía nada. De la nada, tuve un flashback de toda mi vida, de toda mi infancia. Y recuerdo ahogarme. Tuve esa sensación de morir", continúa explicando Tsitsipas. Fue entonces cuando su padre, Apostolos, se tiró al agua al ver a su hijo en problemas.

"Me agarró y empezó a tirar de mí hacia la orilla. Pude ver el miedo en sus ojos y seguro que él pudo ver el miedo en los míos. Un poco después, alcanzamos una piedra en el suelo y me pude poner de pie. Después de eso, alcanzamos la orilla y recuerdo tirarme durante 15 minutos en la arena, pensando en todo lo que había pasado", comenta Stefanos, que confiesa lo que aquél día aprendió. "Ese fue el día que vi la vida desde otra perspectiva. Me dije a mí mismo que a partir de entonces no podía sentir miedo porque ya tuve el mayor miedo que podría tener. Psicológicamente, eso me cambió. Ya no siento miedo. Siento que puedo hacer lo que sea", apunta.

Aquella mañana en el Mar Egeo, Stefanos Tsitsipas perdió por completo el miedo y aquella tarde en París, tras perder ante Wawrinka, aprendió otra lección. Una lección que un día le hará ganar Grand Slams y ser número 1 del mundo. No tengan dudas de que así será.

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