Roger Federer: La vida en Venecia

El tenis es ese deporte que va detrás del verano. En el tenis siempre es verano, como en Roger Federer, que es siempre joven.

Opinión sobre Roger Federer: La vida en Venecia. Foto: Getty
Opinión sobre Roger Federer: La vida en Venecia. Foto: Getty

¿Qué siente Roger Federer jugando al tenis profesional al borde de los cuarenta? A veces pienso que me gustaría subirme a él como un niño se sube a una montaña rusa, y experimentar ese disfrute vertiginoso. Me gustaría ser el Koji Kabuto de Federer, de Mazinger Federer, y vivir sus aventuras.

Desde ahí arriba tiene que verse todo de maravilla. Veinte años ganando y ahora viviendo una especie de extensión, sin plazos. Roger debe de viajar por el mundo por inercia y por placer como si fuera a vivir, en vez de a morir, en Venecia. Roger es un personaje de Scott Fitzgerald en el siglo XXI, un campeón de la era del jazz.

Tiene que ser la de Federer una vida de noches de verano, como la de una debutante eterna. Es casi como si hoy hubiera jugado Suzanne Lenglen en la pista Suzanne Lenglen. Lo de Federer es un sueño. Es ese sueño imposible de poder hacer de mayor las cosas de cuando joven. Es tener cuarenta y llevar la vida de cuando tenías veinte.

Nadie más puede hacerlo, sólo Roger, pero al menos nosotros podemos verlo. Y disfrutarlo viéndole jugar en esta suerte de distopía feliz en la que ya no le importa perder. Roger Federer es un cuento sobre chicas que van a tocadores de Roma, y de París y de Nueva York. Roger Federer es como esos millonarios americanos tan literarios que seguían al verano, como el tenis.

El tenis es ese deporte que va detrás del verano. En el tenis siempre es verano, como en Federer, que es siempre joven, siempre a punto de dar el primer beso como hoy en Roland Garros, en semis después de cinco años sin pisar la tierra. Eso es un sueño. Es un cuento sobre tenis lleno de chicas y de chicos que van a Princeton y a Yale y viven cerca de campos de golf iluminados donde cantan los grillos mientras se besan, y se llaman Warren y Berenice.

Es un cuento de hace un siglo, que es justo el tiempo que lleva Federer en el circuito de manera invariable, haciendo ese gesto característico de quitarse la caricia en la frente de su flequillo. Ganando torneos o llegando a semifinales de París contra Nadal como si fuera aquella primera vez en 2005.

Yo me he subido a Federer un momento y he cerrado los ojos y he visto todas esas cosas. Es el viaje de Gustav von Aschenbach a Venecia, sólo que no va a morir solo, ya lo he dicho, sino a vivir felizmente acompañado de su familia antes de tomar el siguiente barco que lo lleve a la siguiente Venecia. Yo me he subido ahí arriba un momento y lo he visto: es Roger Federer jugando de Venecia en Venecia.

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