Nadal defiende su territorio con fiereza

El español neutralizó todos los intentos de un correcto Federer en medio de un huracán de viento. Victoria en tres mangas y pase a la final

Rafael Nadal en Roland Garros 2019. Foto: gettyimages
Rafael Nadal en Roland Garros 2019. Foto: gettyimages

No, aquí no. Es lo que transmitió Rafael Nadal con su juego y actitud. Después de cinco partidos seguidos sucumbiendo ante Roger Federer, la racha más notable en toda la historia de sus enfrentamientos, el español saltó a pista con la determinación de imponer su ley. El viento desvirtuó absolutamente un partido en el que ambos contendientes fueron adaptándose y desafiando al dios Eolo, que quiso participar de la fiesta y a punto estuvo de mancillarla. Sin embargo, estos dos genios del deporte mundial ofrecieron un espectáculo sublime, un ejercicio de adaptación que permitió que su juego brillara en medio del huracán y que confirmó una máxima irrefutable: el español es casi inabordable en este contexto. Roland Garros 2019 ya tiene un finalista después de que Nadal fuera minando poco a poco el juego alegre de Roger y acabara venciendo por 6-3 6-4 6-2.

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Cielo encapotado, humedad latente, nubes amenazadoras, viento indomable y dos hombres decididos a luchar contra todos los elementos. Una circunstancia tan notable como la del viento se podía interpretar como una manera de igualar el partido, de minimizar la previsible superioridad de Nadal en esta superficie. Otros muchos pensaban que la precisión que requiere el suizo para sus ofensivas se vería muy mermada. Los cinco primeros juegos fueron una batalla por separado contra el viento. Los dos intentaban interpretar los remolinos que se generaban en la Philippe Chatrier, comprobar cuál era la manera de jugar y cómo poder adaptarse. Cuando el temor a que el partido se ensuciara y nos viéramos privados de un espectáculo sobresaliente empezaba a cundir, algo cambió.

Fue como si el viento no pudiera afectar tanto a estos hombres, imbuidos de un aura de gloria y talento que les permitía desplegar un tenis repleto de matices. Roger buscaba angular mucho los reveses que le obligaba a golpear el español, pero se mostraba muy timorato a la hora de subir a la red. Su posición en la cancha denotaba una cierta obsesión por encontrar su derecha y se establecieron interesantes peloteos de tú a tú. Hubo break de Nadal, equilibró el partido Federer y en el momento decisivo, le faltó algo de chispa. Nadal se sacó de la manga bolas imposibles, aferrándose a una sobrenatural solidez sin que ello incurriera en perder la iniciativa. Dio un golpe sobre la mesa en el tramo final y se adjudicó la primera manga.

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La lucha fue mucho más virulenta en el segundo parcial, donde Federer ofreció las mejores dosis de su juego. Rompió el saque en el primer turno del español y tuvo oportunidades para consolidarlo y situarse con ventaja de 3-0. Fue aquí donde se produjo el punto de inflexión. Nadal encadenó varios puntos imposibles en forma de passings shots y recuperaciones imposibles. No le perdió la cara al partido el de Basilea, que se vio muy cerca de volver a abrir ventaja cuando en el marcador campeaba un 4-3 a su favor. Se sacudió la presión Nadal con buenos servicios y un gen competitivo que le incitó a meterse en pista. Salió muy reforzado, pero pocos podían imaginar que haría el break al siguiente juego cuando Roger se colocó 40-0. Fue el momento clave; dos errores de drive y varios puntos de tremendo mérito del español voltearon el marcador y pusieron la sentencia.

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Varapalo demasiado duro para Roger. Había desplegado un gran tenis y vio cómo en un abrir y cerrar de ojos, su rival le cortaba las alas. El tercer set fue crónica de una muerte anunciada; un hombre sin esperanza que intentaba agarrarse al partido con más corazón que cabeza y confianza. Rafael Nadal fue inmisericorde, aceleró el ritmo, dio respuesta a las trampas en forma de dejadas y subidas a la red que hizo el helvético y certificó un triunfo que no hace más que agrandar su leyenda. Otra, Roger Federer, puede irse con la cabeza bien alta por su rendimiento en toda la gira sobre tierra y debe salir reforzado moralmente de cara a la temporada sobre hierba. Solo queda un partido para que el rey vuelva a defender su corona en Roland Garros 2019.

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