Stephens frustra la progresión de Garbiñe Muguruza

Sloane Stephens se planta en los cuartos de final de Roland Garros tras inclinar, con cierta superioridad (64 63), a una Muguruza que pecó de cierto nerviosismo.

Sloane Stephens. Foto: Getty
Sloane Stephens. Foto: Getty

Garbiñe Muguruza se despidió de Roland Garros. Seguramente no tenga que reprocharse nada porque recuperó parte de su espíritu en este torneo, tras un comienzo de año complicado y un 2018 nada fácil, pero su nivel no fue suficiente para enfrentar y gestionar un encuentro como el que le ha planteado la gran Sloane Stephens, un perfil incomodísimo, que demanda un acierto, una consistencia y un tenis de máximo nivel. Después de derrotar a Elina Svitolina, la española encontró la horma de su zapato.

Y no debe decirse, repasando el encuentro, que Garbiñe hiciera un mal encuentro, simplemente su inercia competitiva no le permitía subir tanto el nivel ante una rival tan sumamente exigente y en forma como la estadounidense, quien ya de por sí establece una serie de patrones que has de manejar con mucha estabilidad y claridad mental. El arranque es competido, de hecho Muguruza se pone arriba 3-1 pero en cuanto la pelota cruz la red con mayor continuidad, el ritmo de los intercambios pasa a favorecer a Stephens, una maestra escondiendo la dirección de sus golpes, haciendo caer a la española en numerosos contrapiés.

La española, sí, tiene claro cómo dirigir su drive desde dentro afuera, sacando de pista con ángulos a la norteamericana, y parece tener muy claro como desbordar a su rival, después de imponerse ante Svitolina, siempre capaz sobre la línea de fondo. No obstante, Stephens comienza a cambiar las alturas en sus tiros, aprovechando su calidad para redireccionar desde la defensa para pasar al ataque. Una racha de cinco juegos consecutivos da la vuelta al partido y anota el primer set al casillero de Sloane, después de un noveno juego que hace suyo tras varios arreones de Garbiñe.

Con 6-4, el partido vuelve a igualarse pero la española está obligada a forzar mucho en el resto y en los primeros golpes. Necesita abrir el partido y meterse en la cabeza de Stephens, cambiarle las reglas del juego. Sin embargo, la estadounidense da una nueva muestra de estabilidad y control emocional, y Garbiñe, por otro lado, comprueba que su tenis no está en el punto de equilibrio y capacidad para lanzar la mano a las líneas sin pagar peaje.

Sin tener nada que reprocharse, Muguruza se va de París siendo inferior a su rival, sin más condicionantes que el más básico de todos, pero sin más añadidos como el de un contratiempo físico o un día de errores y sinsabores. Stephens, vigente finalista, va realmente en serio en la capital francesa.

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