Del Potro escapa del dolor y de Nishioka

En un partido durísimo, que puso a prueba la paciencia de Juan Martín del Potro, el argentino logró vencer a Nishioka en cinco mangas.

Juan Martín del Potro. Foto: Getty
Juan Martín del Potro. Foto: Getty

Fue un partido inagotable, como es Yosihito Nishioka, un menudo tenista que hace de su espíritu y de su complexión un reto de paciencia y calma, sobre todo en tierra batida, donde su movilidad es capaz de atrapar hasta el más definitivo golpe de una torre como la de Tandil. Le costó mucho a Juan Martín del Potro gobernar el encuentro (57 64 62 67 62) entre el cedido parcial de apertura, un mal gesto en su rodilla y un cuarto set que se anotó el japonés para gozo de un público francés -y mucho argentino, como siempre- que disfrutó de las idas y venidas de dos tenistas absolutamente antagónicos.

El grito con el que Juan Martín cierra el encuentro describe bien todo lo recorrido por ambos jugadores, que se reverencian uno frente al otro al término del partido entre una inconmensurable ovación del público francés, que reconoce una montaña rusa que da valor al ticket comprado. El argentino salvó uno de esos encuentros, por su tipología, que cuesta descifrar, o cuanto menos, gobernar con continuidad. Como el propio Nishioka, el ritmo del encuentro, y su narrativa, se vuelve líquida, complicado de agarrar.

No hace falta que la tarde sume una media hora larga para iniciarse intercambios de peso y relevancia. Sin apenas zona de cuarentena ni miedo a comenzar abajo en el marcador, Del Potro crea algunos interrogantes en su cabeza, principalmente acerca de la estrategia a elaborar. Aunque su arsenal de golpes guarda un ilógico control en el grado de máxima potencia que tienen sus tiros, Nishioka sabe utilizar, quizás como nadie en el circuito, puede decirse, la fuerza que le llega, la que de por sí él no tiene, para dirigir la pelota e igualar en intensidad.

Bajo ese prisma, donde el nipón sabe moverse, devolver potencia y hacer muy largos los diálogos, juega un papel fundamental la paciencia y es por eso que Del Potro tiene que pararse mentalmente para repetirse que tiene que volver a empezar. Pero primero, un contratiempo físico, un giro en la rodilla en el primer set que le hace pedir la entrada del fisio, con la pérdida del primer set como telón de fondo.

Es ahí donde el sudamericano eleva su nivel al servicio y estrecha los márgenes con mucha más decisión con su revés a dos manos, que pega muy duro en varios tramos de la cita. Con breaks a favor y la determinación que le caracteriza, el tandilense endereza la línea del partido, encarrila el marcador y se enfoca en administrar la ventaja. Pidiendo un extra de concentración y físico, factores que pueden jugar a favor del asiático, en el cuarto set Juan Martín se encalla.

El japonés encuentra la forma de agarrarse al choque y de ir sacando adelante las dificultades del marcador. A pesar de que Del Potro recupera el break de desventaja, y de un 4-3 a favor en el tie break, Nishioka da un golpe sobre la mesa anotándose la cuarta manga. Lo que podría descentrar, en lo táctico y en lo mental, a más de uno y de dos jugadores top, Del Potro sufre, claro, pero siempre responde psicológicamente. De manera natural, por temperamento, y de manera adquirida, por todos los episodios vividos, el argentino compite como muy pocos cuando le rodean sombras y fantasmas.

El argentino volvió a quedarse de pie, a ser él mismo en lo táctico, a regar la pista con determinación y derechas a las esquinas, sin miedo ni temblor, para plantarse en tercera ronda y ganarse una ovación especialmente ruidosa y duradera.

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