El día que Roger cerró el círculo

Robin Soderling apartaba a Rafa Nadal en octavos de final para luego caer ante el suizo en la final. Roland Garros de 2009, una década después.

Roger Federer llora tras conquistar Roland Garros en 2009. Fuente: Getty
Roger Federer llora tras conquistar Roland Garros en 2009. Fuente: Getty

Pasa el tiempo tan deprisa y no podemos hacer nada. Enfadarnos, como mucho. A cualquiera aficionado que le hables del primer Roland Garros de Roger Federer (hasta ahora el único) seguro que te contesta con el rival, el marcador e incluso el camino que el suizo tuvo que afrontar hasta llegar a la final. Pues bien, de aquella gesta han pasado diez años. Una década en la que le ha dado tiempo a caer, levantarse, hacerse mayor, ser padre de nuevo, volver a caerse, auparse de nuevo, seguir ganando Grand Slams, recuperar el Nº1 del mundo con 36 años y regresar a París con casi 38 y sin nada que perder. Antes de verle debutar una vez más en la capital francesa, merece la pena hacer un recorrido sobre una de las conquistas más importantes de su carrera.

Ver Tenis en directo

Retransmisión en directo

00:00 / 90:00
Ver Tenis en directo
  1. Inicia sesión o Regístrate
  2. Abre el reproductor de streaming y selecciona el deporte.
  3. Ver el partido online, bet365 ofrece más de 100.000 eventos en vivo al año.
Antes de unirte a bet365 con el fin de ver el partido o cualquier otro evento vía emisión en directo, comprueba con bet365 si, dependiendo de tu lugar de residencia, puedes ver la emisión del evento en directo. Todo lo que necesitas es una cuenta con fondos.

Pero antes de centrarnos en el partido final, habría que hablar del partido que desencadenó aquella final. Domingo 31, último día de mayo, Rafa Nadal salta a la pista Philippe Chatirer con el objetivo de sumar su 32ª victoria consecutiva en el torneo. En cinco participaciones en Roland Garros, ningún jugador había sido capaz de derrotarle. Aquel día, Robin Soderling era el invitado de honor del campeón en su jardín, alguien ante el que había perdido en los tres duelos previos entre ambos. Pero no aquel 31 de mayo. La sorpresa salta cuando el sueco, sin necesidad de forzar si quiera un quinto set, fulmina al balear y genera un terremoto en el cuadro masculino. El día anterior, en tercera ronda, Novak Djokovic había hecho las maletas ante Philipp Kohlschreiber, por lo que todos los focos y la presión restante quedaron apuntando a un solo nombre. Un hombre que de la noche a la mañana tuvo que cargar con el peso la historia.

La derrota de Rafa se metió en la cabeza del helvético con tanta fuerza que a punto estuvo de llevárselo consigo al aeropuerto. Al día siguiente, en su duelo de cuarta ronda ante Tommy Haas, Federer pierde los dos primeros sets y tiene bola de break en contra en el tercero. La mayor oportunidad de su carrera de levantar el título francés se esfumaba y no podía hacer nada para escapar de esa parálisis. Era ahora o nunca, así que Roger decidió que mejor ahora. Empezó a sufrir, a ganar, a remontar, así hasta darle la vuelta a un marcador que daba miedo mirar. Tras saltar esa barrera, apareció Gael Monfils en cuartos, la última baza del imperio local. Sin problemas, sin ceder un solo parcial. En semifinales tocaba Juan Martín Del Potro y aquí los planes también amenazaron con romperse en varias ocasiones, pero todo estaba diseñado para que el de Basilea recogiera aquella corona que tantas veces le había arrancado de las manos el extraterrestre de Manacor. Finalmente, con un Soderling falto de experiencia, el mundo del tenis veía cómo el suizo se desplomaba sobre la arcilla parisina con las lágrimas más sinceras que se le recuerdan tras un triunfo. Lágrimas que revelaban alivio eterno, el fin de una lucha interna con sus objetivos y su realidad.

No soy un obsesionado de los récords, pero estoy muy orgulloso de lo que estoy consiguiendo”, declaró Federer tras el encuentro. La respuesta venía al recordarle que ahora su leyenda era ya intachable al poseer los cuatro títulos de Grand Slam en la vitrina, marca al alcance de tan solo cinco jugadores antes que él. El último, Andre Agassi, fue precisamente el encargado de darle el trofeo, por si faltaba añadirle más magia a la escena. En aquella ceremonia todo eran sonrisas, aunque en la cabeza de Roger deambulara seguro su llanto al principio de año en Australia, las tres finales perdidas allí ante Nadal o las voces que ya le empujaban a hacerse un lado por el paso del tiempo. Sí, todo esto pasó hace diez años, no queda otra que reírnos. La cuestión es que todo este cambio empezó en mayo en el Mutua Madrid Open, con ese título en casa del enemigo que le devolvió la confianza para volver a creer. ¿Qué hubiera pasado de haberse encontrado a Rafa en la final? Nunca lo sabremos, algunos no lo quieren saber. Pero no es momento de adivinanzas, al suizo se le presentó una oportunidad única y no la dejó morir.

Y habiendo ganado más de cien títulos, entre ellos 20 Grand Slam, ¿por qué guarda tanta importancia aquel trofeo? Un lugar donde sufrió tantísimo, donde se ahogó en la orilla, donde llegó a pensar que jamás saldría por la puerta grande, donde sumó más decepciones que en ninguna otra plaza. Después de ganar su quinto Open de Australia hace dos años, le preguntaron a Federer en qué nivel colocaría el triunfo reciente. “Quizá, solo al nivel de Roland Garros 2009”. La respuesta nos dejó helados, aunque rápidamente la entendimos. París representaba ese sueño prohibido que parecía imposible por naturaleza, por ley, un oscuro objeto de deseo que se desbloqueó tras tres finales fallidas. Por eso tanto amor por ese título, porque allí se cerró el círculo más perfecto al que aspira un profesional. Aquel día muchos cerraron el debate sobre quién era el mejor jugador de la historia. Los que todavía no lo tengan claro, allí perdieron una buena excusa para defender cualquier otra candidatura.

LA APUESTA del día

Comentarios recientes

¡No te pierdas ni una publicacion! X

Dale a "me gusta" en Facebook
Siguenos en Twitter