Se cumplen 30 años del golpe que unió a dos tenistas para siempre

Se cumplen 30 años de un tiro que marcó un antes y un después en la edición masculina del torneo de Roland Garros de 1989.

Ivan Lendl y Michael Chang
Ivan Lendl y Michael Chang

Ivan Lendl había ganado tres de los últimos cinco Roland Garros. Desde que apareciera en la escena tenística de primer nivel, allá por 1980, el checo había cogido el testigo de Borg y McEnroe, sobre todo en tierra batida, donde se hizo uno de los grandes de la época, interpretando y desarrollando la superficie con una enorme naturalidad y frialdad. La máquina checa se enfrentaba, en 1989, a un chico jovencísimo, que disputaba su quinto Grand Slam en toda su carrera. ¿El nombre? Michael Chang. La historia, mil veces contada.

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Viene especialmente bien traida en lo temporal la entrevista que le ha realizado 'The Guardian' al norteamericano por lo que allí sucedió y por cómo está brotando de nuevo la misma acción técnica en el tenis masculino actual. En aquellos octavos de final, Michael Chang llevó a cabo una 'artimaña' inaudita, que resolvía dos problemas con un solo tiro: físicamente Chang no podía ni caminar en aquel momento del choque y mentalmente su rival había encontrado la manera de avanzar y dominar en el quinto set, después de perder una ventaja de dos sets a cero.

Con 4-3, 15-30, Chang se paró en la línea de fondo y se preparó para sacar. Fue entonces cuando llegó un momento increíble de inspiración e ingenio. Chang sacó por debajo de la cintura, a modo de cuchara, cortando la pelota y pillando a Lendl por sorpresa. Lendl ajustó la posición para restar y atacó la red, pero Chang cruzó un passing de derecha a la línea, ayudado por un ligero toque de la red. Lendl se alejó, tocándose la cabeza, mientras el público enloquecía.

"Algunas personas piensan que fue en el punto de partido, o en la semifinal o la final. Pero no. No planeas algo así, fue completamente espontáneo del momento". Lo que pocos recuerdan es que ese punto, esa acción, era el principio de una estrategia que quedó aderezada por otros dos momentos igualmente imprevisibles y necesarios para escapar de los calambres e incidir en los nervios de un Lendl que todavía estaba pensando qué había querido decir ese saque por debajo de la cadera.

"Tenía dos puntos de partido a favor, así que sentí que era una oportunidad para, si llegaba un segundo servicio, restar desde muy cerca para finiquitar el punto (hace ahora 30 años el segundo servicio era mucho más débil que actualmente). Así que si entraba, genial, si no funciona pues tengo otro punto de partido más. Pero la confusión ya estaba creada".

Chang había conseguido revertir la dinámica emocional que primero fue física. Como cuenta en las páginas del diario británico, Michael estaba exhausto con 2-1 en el quinto set. Los calambres lo estaban martirizando y a partir de ahí, además de ejecutar ese tipo de acciones técnicas -con multitud de 'moonballs', para no tener que correr tanto-, no se sentó en ningún intercambio más, permaneciendo de pie. "Tenía miedo de no poder volver a levantarme".

Pasado aquel encuentro que no solo dio con Chang en cuartos de final sino que terminó levantando el título tras remontar dos sets a uno a Stefan Edberg, Chang, en los pasillos de Wimbledon, se encontraría con Ivan Lendl. Y todo fue diferente a como esperaba que fuese. "Yo estaba como: '¡Ah, aquí viene!'. No sabía qué esperar. Me vio y estaba pensando: voy a caminar con la cabeza gacha. Venía directamente hacia mí. Caminó directamente hacia mí, extendió su mano, me la estrechó y dijo: 'Michael, increíble trabajo en el Roland Garros'. La gente no ve ese lado de Iván. La mayoría de las veces la gente ve a alguien que es muy intenso, muy estoico, muy profesional en la cancha y rara vez tienen la oportunidad de ver cómo es fuera de la cancha. El es completamente diferente. Converso con él cada vez que lo veo, ya sea sobre niños, sobre golf y, a veces, sobre tenis. Pero nunca he hablado con él sobre aquel Roland Garros. Nunca me ha preguntado sobre eso."

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