Nicola Kuhn: “Puedo dar el salto en cualquier momento”

A sus 19 años y con la emoción de jugar en casa, el español quiere ser protagonista en Barcelona. “Cada vez que entro a pista me sorprendo a mí mismo”.

El grito de Nicola Kuhn tras ganar a Delbonis. Fuente: Barcelona Open Banc Sabadell
El grito de Nicola Kuhn tras ganar a Delbonis. Fuente: Barcelona Open Banc Sabadell

La expresión tener mala pata alcanzó su máximo significado hace justo un año, cuando Nicola Kuhn (Inssbruck, 2000) quedó apartado del Trofeo Conde de Godó debido a una lesión en su pie. Doce meses después, tras un cambio revolucionario en su mentalidad y todo su equipo de trabajo, el tenista español recogió el premio que no pudo disfrutar en 2018, ¡y de la mejor manera posible! Su triunfo ante Federico Delbonis representa la segunda victoria ATP de su carrera y, además, la oportunidad de citarse con Fabio Fognini en la siguiente fase.

Quiero ver si estoy preparado para jugar a este nivel”, confiesa el pupilo de Iván Navarro, ex número 67 del mundo y técnico del español desde el pasado verano. Sin nada que perder y la ilusión de quien quiere disfrutar del momento, Kuhn habla con Punto de Break sobre los sueños que persigue a sus 19 años de edad.

Segunda victoria ATP de tu carrera, ¿qué tal sienta?

Lo que siento es una inmensa alegría por volver a ganar a jugadores que están en el top100. Sé que tengo el nivel, pero últimamente no he tenido mucha suerte, así que llevarme hoy este triunfo me da muchísima confianza de cara a los próximos desafíos. Ahora tengo ya la mira puesto en Fabio, así que toca descansar para estar listo mañana.

¿Te ves listo para enfrentarte a un campeón de Masters 1000?

Ha sido un partido largo, pero mañana estaré al 100%, recuperado para la batalla. Con Fabio es un partido muy esperado, una revancha, además viene de ganar Montecarlo después de ganar a Rafa. Quiero ver lo preparado que estoy para jugar a este nivel, aunque el mayor reto ha sido hoy. Mañana es un partido para disfrutar.

Barcelona te debía una después de la lesión de 2018. ¿Frenó mucho tu progresión?

Lo que frenó bastante fue la lesión en sí. Me hubiera hecho mucha ilusión jugar esos torneos, pero el año depende de más semanas y en aquel momento lo más importante era recuperar el pie, era una zona muy delicada. Por suerte, ya está superado.

Ahora estás top300, aunque imagino que ningún tenista está contento con su ranking.

Desde luego, y mucho menos con el ranking que tengo ahora mismo. No he tenido la oportunidad de hacer buenas semanas consecutivas, el año pasado con la lesión perdí muchísimos puntos, lo bueno es que ahora, con Iván, ya estoy en un línea positiva, así que solo hay que seguir trabajando para que lleguen los resultados.

Si acabas bien esta temporada, ¿te ves dando el salto en 2020?

El salto lo puedo dar en cualquier momento, sobre todo si juego este tipo de torneos. Me noto con un patrón nuevo de juego y mejorando en todos los aspectos. Los meses que he tenido de parón me han servido para evolucionar y entrenar nuevas facetas, ahora toca darle continuidad.

¿Un nuevo patrón de juego?

Soy un jugador bastante sólido, con un estilo de juego parecido al de Djokovic, por poner un ejemplo. El año pasado, las dos semanas que hice buenas fueron porque jugué muy bien, pero nunca tuve una continuidad suficientemente positiva para alcanzar el objetivo. Un patrón de juego más sólido y tranquilo a la hora de abrir el punto creo que me dará ventaja, porque de cabeza también soy muy fuerte.

Te hemos visto esta semana entrenando con David Ferrer, eso vale más que algunas victorias.

Con Ferrer siempre es muy bonito, más ahora que está en el final de su carrera. Es una lástima que se retire, ¡el tío todavía está muy en forma! Lo que más me llama la atención es su profesionalidad, quizá otro vendría a jugar estos dos últimos torneos con otra mentalidad, pero él sigue haciendo lo mismo desde el primer día que lo conocí, es una barbaridad.

La huella que deja es imborrable.

Mira, el primer partido que yo vi en directo fue en el Valencia Open de 2009 entre David Ferrer y Nico Almagro. Un partidazo, ahí me quede siempre con las ganas de entrenar con él, así que compartir pista ahora es algo muy especial.

¿Qué tal llevas el reconocimiento de la gente?

Sinceramente, no me creo nadie. Soy uno más, un chaval que juega bien al tenis y que fuera de pista es igual a todos. Porque la gente me pida fotos no me creo mejor que nadie, no me presiona eso. Mi único objetivo es centrarme en mi tenis. Es bonito cuando la gente te para en la calla y te pide hacerse una foto, por supuesto, pero yo lo veo más como un premio a mi trabajo. En el caso de Roger, cuando va todo el mundo detrás a verle, pues quizá le agobie… pero claro, estamos hablando de una leyenda, yo a su lado no soy nadie.

Agobio tuviste que sentir tras lo que pasó en Miami.

Fueron días intensos, en todos los sentidos. Me hubiera gustado haber recibido a la prensa por haber salido campeón, pero a todo hay que sacarle lo positivo. La repercusión en redes sociales la he tenido, ahora falta la parte verdaderamente importante, que es dar el salto para juntarme con los buenos.

Lo triste es que si hubieras ganado el partido ‘esa’ prensa no habría tocado a tu puerta.

Creo que ni habiendo llegado a semifinales o a la final hubiera tenido tanta repercusión como con aquella caída. Me llegaron artículos de periódicos en Jamaica… fue una locura. Está claro que hay cosas que no me gusta tanto de la prensa, pero también sabemos cómo funciona esto.

¿Qué pensaste al ver luego las imágenes?

No había visto nunca algo así. El vídeo lo he visto mil veces pero no te puedo explicar lo que sentí y eso que me pasó a mí. Mucha gente se asustó, así que todo lo que tengo que decir es que ya estoy totalmente recuperado. Lo que pasó fue que me entraron rampas en el pie, luego en la pierna, después en la otra pierna y al final en todo el cuerpo. Me gustaría dejarlo atrás y que ya no me pregunten más por esto.

Entendido.“Quiero ganar más Grand Slams que Roger Federer”. Me lo dijiste en una entrevista en 2016, cuando tenías 17 años. Te lo digo porque el suizo ha ganado tres más.

Mi objetivo no ha cambiado, pero es cierto que ahora tengo otros objetivos más prioritarios que pensar cuántos Grand Slams ha ganado Roger (risas). Habrá que empezar por el primero y luego ya ir sumando.

Todos los jugadores sueñan con algo así pero luego...

… luego hay muchos que lo sueñan pero no con tanta fuerza, a la hora de ver a un jugador en pista uno se da cuenta si de verdad se ha propuesto eso con lo que soñaba. Es complicado, uno siempre aspira a mucho y luego acabas en un ranking que igual no fue el mejor que pudiste dar. Si tú ves que no tienes limitaciones y sueñas en grande, ¿por qué no? Todos tenemos que ser realistas a veces, pero es importante tener objetivos más altos, objetivos que sean difíciles de alcanzar.

¿Tú tienes limitaciones?

Antes tenía muchas dudas sobre varios aspectos de mi juego, sé que todavía tengo que mejorar todos los golpes y coger confianza en estos torneos, pero cada vez que meto en una pista y empiezo a jugar me sorprendo a mí mismo, sé que hago cosas que no se ven todos los días. Mi nuevo equipo también me da mucha confianza y, al mismo tiempo, me exige el máximo. Es como una bola de nieve que va creciendo, todo depende de la confianza.

Lleváis poco tiempo juntos pero Iván Navarro va camino de convertirse en un punto de inflexión en tu carrera.

Desde luego, ya lo está siendo. Todavía no han salido los resultados que hubiésemos querido pero ha sido por mí. Ha habido cosas que he podido hacer mejor, pero la línea del equipo es muy clara y cada vez les entiendo mejor. Sabiendo lo que me piden se nota mucho más la progresión. Venía de estar muy desordenado en pista después de la lesión, pero con el tiempo cada vez tengo más forma cuando juego, Iván está muy contento con eso.

Hablé con Iván el año pasado y lo último que encontré fue un discurso resultadista.

Totalmente, de normal las personas solemos ser muy resultadistas y eso es lo que te mata muchas veces, sobre todo a los jóvenes que salen en prensa. Rafa solo hay uno, Roger solo hay uno, Novak solo hay uno. Hay que dejar un poco a los jóvenes de lado, aplaudir si lo han hecho bien pero sin agobiarles porque vayan a ser algo, a veces la presión puede llegar a hundir a un jugador.

¿Cómo es trabajar con Iván?

Cada día me sorprende más, es alguien que tiene muchísima paciencia y fe en mí, no me esperaba algo así. A veces le digo: ‘¿Cómo es posible que tengas tanta paciencia? Estoy aquí tirándome de los pelos y tú tan tranquilo’. Me transmite mucha calma, siempre insiste en darme tiempo, con el tiempo iré mejorando, esa es una de sus mayores virtudes. Gracias a eso, cada día aprendo a gestionar nuevas situaciones y a mejorar como persona.

¿Todavía se acuerda de sacar?

Si no se mueve, te hace lo que quiere. Tiene una mano brutal. Con el saque le pones una lata y a la primera te la pega, nunca he visto nada igual.

Hace unas semanas disputaste el Challenger de Villena, aunque no te fue muy bien. ¿Cómo fue volver a la que fue tu casa?

El partido fue catastrófico, hay que decirlo. Apenas entrené, no jugué esos días y por eso no di el nivel que hubiera querido. Estaba cerca de casa y por eso decidí ir, desde que me fui no había vuelto, fue algo especial. Estuve cuatro años allí y sentía ese afecto por el lugar. Me hubiera gustado que las cosas hubieran sido distintas, aunque me hizo mucha ilusión ver a personas que conozco desde que tenía 12 años, espero poder ir más.

Pero no a jugar el Challenger.

Está claro, quiero jugar los ATP, pero estoy 276º del ranking. Lo que toca ahora es bajar al barro, currar como un animal y, cuando pueda permitirme ir a las Qualys de los ATP, entonces a muerte.

¿Cómo afrontar este Conde de Godó? ¿Hay presión de querer dar un zarpazo? Un gran resultado aquí te cambia el calendario.

Claro que lo piensas, doy un zarpazo y dejo de lado los Challengers, pero ahora mi prioridad no es pensar en eso, sino en mi próximo partido y cómo competir. Dependiendo de lo bien que haya competido tendré un calendario u otro. Aquí no tengo que demostrar nada a nadie, vengo como wildcard a disfrutar al máximo de las pistas y el ambiente. Quiero dejar toda mi energía.

Félix-Auger-Aliassime, 18 años y 31 del mundo. ¿Es el líder de tu generación?

Es una pregunta difícil. Si él está top30 es porque se lo merece, es un currante y en dos torneos buenos ha pegado el salto. Las semanas buenas que tienes te hacer estar donde estás.

En 2015 os cruzasteis en la Copa Davis Junior, vuestros caminos iban de la mano.

Ha madurado antes que el resto, pero también tiene un año más, eso se nota mucho a nivel físico y de experiencia. Tanto él como Shapovalov son dos chicos que ya están hechos físicamente, yo por ejemplo todavía no he parado de crecer, tengo ciertos huesos que están abiertos. Quizá de hoy para mañana mido tres centímetros más que suponen más dolores, una lesión o cualquier otro cambio. Si con 15 años ya estás hecho un hombre, las cosas son más fáciles.

El tenis se ha vuelto muy físico

Ahora todo es más físico, es cierto, pero el tenis debe ser algo más que destrozar la pelota. Cuando yo juego intento darle fuerte y con intención pero siempre sobre una base, jugando con cabeza, con una estrategia. Hay gente que juega a palos pero luego no mete una en todo el partido; eso sí, el día que te entran es un festival. Si el Big4 es tan bueno es porque todos los días juegan igual, eso es a lo que hay aspirar, a esa constancia.

Me dijo Davidovich en una entrevista que quiere llegar a la élite pero no a cualquier precio, el estilo es importante.

Eso es una pregunta muy buena, creo que ahí he fallado bastante. Yo soy un jugador que puedo crear desde cualquier punto de la pista pero a veces nos olvidamos de la simplicidad, en esto Iván es un genio. Iván de jugador nunca tuvo un derechón, ni tiros para desbordar y hacer winners, pero jugaba con tanta cabeza y tanta mano que llegó a ser 60 del mundo. A mí no me vale cualquier cosa, pero cuando estás jugando mal no puede jugar a lo loco. Ahí es donde mucha gente falla, el año pasado yo fallé.

Donde no fallaste fue en la India. Aquel gesto que tuviste con el niño, por suerte, también dio la vuelta al mundo.

Ese día jugué tres horas con Moutet y acabé perdiendo. Lo veía todo negro, como si se hundiera el mundo, pero luego vi a ese niño y me hizo pensar. Allí en India hay mucha gente que lo pasa mal por no tener las facilidades económicas que nosotros sí podemos tener. Estaba sentado tras perder, con alguna lágrima incluso, cuando de repente se me acercó y me preguntó si quería agua.

Aquello te rompió.

Es que ni siquiera tenía nada para beber, llevaba una botella con el agua súper sucia. Lo que me salió fue ofrecerle unas zapatillas, que también las tenía bastante desgastadas. Yo no las iba a utilizar y él iba en chanclas. Le di las zapatillas, además de una botella de agua limpia.

¿Qué aprendiste?

Me di cuenta del gran corazón que tiene mucha gente a pesar de tener tan poco. Muchas veces nos quejamos por no tener el último modelo de móvil o no tener la mejor casa, pero hay que detenerse a ver cuánta gente hay sin absolutamente nada. Me quedé impresionado al verle irse con lágrimas pero contento al mismo tiempo. Animo a toda la gente a hacer de este mundo algo mejor con pequeños gestos como éste.

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