Nadal sufre pero sigue adelante

Rafael Nadal se mete en semifinales tras derrotar a Guido Pella en un día especialmente difícil para el número 2 del mundo.

Rafael Nadal. Foto: Getty
Rafael Nadal. Foto: Getty

Rafa Nadal ya está en semifinales en Montecarlo. El número 2 del mundo tuvo un día complejo, donde llegó a ir 1-4 abajo ante Guido Pella en el primer set, y donde el bote de la pelota, extrañamente alto y ciertamente difícil de controlar, se sumó como factor en otra cita más en la que Nadal niega a su oponente lo que parece ganarse por momentos. Rafa espera por Coric o Fognini.

Hay muchas cosas que siguen siendo dadas por hechas y asumidas, pero que no son normales en el mundo de la competición y del deporte, como es el hecho de que cualquier ventaja, por grande que sea, no significa nada cuando enfrente está Rafael Nadal y sobre tus pies estás pisando tierra batida. O como tampoco es normal que puedas dominar multitud de puntos, compitiendo bien, golpeando bien a la pelota, y acabes encajando un parcial de 12 juegos a cinco para terminar cayendo 7-6 6-3 después de ir ganando por 4-1 y bola para 5-1, y que además, todo ello sea visto como posible y hasta lo más lógico. Que Nadal remonte, sin tampoco brillar, ni mucho menos. Es el estándar de una irracionalidad.

Rafa Nadal sobre tierra batida es un juego de cartas marcadas, lleno de trampas, muchas de ellas incomprensibles, escrito e ideado por un jugador que precisamente está siendo parte de la contienda. Es decir, él es parte de un juicio que seguramente termine dictaminando y sentenciando él mismo. Juega con sus propias reglas y siempre hay escapatoria que no le haga perder este juicio que lleva siendo así desde hace 14 años. Guido Pella fue un ejemplo más de todo ello. El argentino se marchó como se han marchado tantos que supieron que ganar a Nadal sobre arcilla es tarea hercúlea incluso en el pensamiento, pues solamente elaborar esa posibilidad condiciona por completo tu manera de competir.

Entrando en el partido, no cabe duda que el bote de la pelota ha condicionado el juego en la jornada de hoy. El viento ha dado a paso a un calor que ha modificado el bote de la pelota. Controlar su pique fue complicado, con los dos jugadores teniendo que corregir el bote y su swing con constantes saltos o posturas concretas de sus pies para poder conectar la pelota como querían, muchas veces como podían. Una vez asumido que la posibilidad de golpear con los pies en parado, firmes, invirtiéndose con tiempo, era muy complicado, Nadal sí pecó de echarse más para atrás con tal de tomar la pelota en el punto idóneo, lo que repercutió en sus golpes. Nadal jugó muy corto durante gran parte del partido, sin apenas profundidad e iniciativa. Ahí, Pella, sin lado débil al ser zurdo y golpear de drive a drive en los intercambios cruzados, no salía penalizado por el principal rasgo que define el dominio del español.

Sabido esto, Guido atacó más dentro de pista haciendo que tomara posiciones ofensivas; golpes de arriba a abajo, golpes invertidos, golpes a las líneas. En ese tramo, Nadal únicamente podía activar una posición más defensiva y ganar por 'una bola más', a la espera de que Pella comenzara a fallar. Y, sobre todo, darse tiempo para, una vez avanzaba el set, que se comenzaran a jugar momentos comprometidos, donde la mente coquetea con la mano y no al revés. Pella sintió cerca el parcial pero con bola para 5-1, entró en juego lo que significa competir con Nadal en arcilla, donde toda ventaja es insignificante de manera real y comprobada.

El hecho de romper a Pella permitió a Rafa recuperar ese metro de pista perdido por las dudas. Pella comenzó a fallar muchos más primeros saques y aunque tendría de nuevo servicio para cerrar el set, con 6-5, el argentino había perdido la ventaja táctica de la que disponía con anterioridad. Fue ahí donde Rafa se dio una enésima oportunidad para convertir en papel mojado un escenario complicado. Nadal pasó del 1-4 al 7-6 y rompió de entrada en la segunda manga. Un clásico. Infalible rasgo de sus partidos sobre su superficie. Desde ahí, todo mucho más humano, todo corría a favor del manacorí, una máquina competitiva que hace suyo todos los guiones posibles. No era día para brillar pero fue otro día para constar.

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