Djokovic, a la espera de reencontrarse

El número 1 del mundo termina cerrando ante Kohlschreiber un partido muy duro en lo mental, que volvió a poner de manifiesto las dudas por las que atraviesa su juego.

Novak Djokovic. Foto: Getty
Novak Djokovic. Foto: Getty

Novak Djokovic no ha comenzado como le hubiera gustado en Montecarlo. El número 1 del mundo continúa pensando demasiado, sin que su tenis fluya como lo hizo en la segunda mitad de 2018. El serbio sufrió lo indecible para ganar a Kohlschreiber (6-3 4-6 6-4), zarandeado por la ausencia de sensaciones a lo largo del choque. El de Belgrado transmitió de nuevo lo que verbalizó en la gira de cemento norteamericano: que algo le continúa descentrando.

El arranque del encuentro, no obstante, coincidió con el tramo de mayor calidad tenística del mismo. Serbio y alemán, que han llegado a Montecarlo con dispares puestas a punto, demostraron por qué el primero necesita aún de mucho ritmo competitivo, tanto 'bruto', por sus derrotas prematuras en Miami e Indian Wells, como en concreto, por el cambio de superficie y la necesidad de ajustar todo su juego a la arcilla de Montecarlo, y por qué el alemán viene de sumar minutos sobre la superficie.

Fue en los primeros seis juegos donde más calidad se pudo ver, teniendo en cuenta que una vez se sucedió el primer break, y el partido se rompió hacia otros terrenos, el nivel bajó para ganar en incertidumrbe y emoción. Hasta el 4-3, Kohlschreiber mostró su gran capacidad para jugar con mucha altura e incomodar a Djokovic hacia las esquinas de la pista. En esos compases, el alemán puso a defender a Novak, que aún necesitaba hacer pie en un encuentro en el que rara vez lo conseguiría.

Lo cierto es que Djokovic se hizo con la primera manga, pero no transmitía la sensación de estar cómodo, ni con sus golpes, a nivel de sensación, ni con su tenis, a nivel de estrategia y elección. La iniciativa parecía partir de su oponente, siempre ambiguo competitivamente, débil cuidando de marcadores a favor y con problemas para dar golpes sobre la mesa.

Todo lo que dejó entrever la primera manga se multiplicó en el resto del partido, un auténtico via crucis para el serbio, con una herida en la mano, roturas de raqueta por pura frustración y demasiada oscilación en juego y marcador que ponen de manfiiesto, y dan continuidad, a las sensaciones transmitadas en la gira de cemento norteamericana: Djokovic no encuentra la calma.

A nivel de movilidad y de poder manejar los ritmos de partido, el serbio se encuentra afectado. Le está costando mucho dominar los partidos desde lo puramente tenístico. Su bola no corre tanto y la línea que debe guiar la sucesión de buenos puntos es demasiado fina, variando entre un punto de calidad y otro que no procede -ocho dobles faltas-. Esa inestabilidad se comprobó entre el segundo y el tercer set, cuando entre ambos se pusieron de acuerdo para ceder sus respectivos saques en cuatro ocasiones consecutivas.

Ocho breaks seguidos que explicaban bien las dudas del número 1 y las dificultades de Kohlschreiber para darle sostén competitivo a su tenis, el gran problema de su esencia como jugador. Ese grifo se pudo cerrar en el tercer set, con break de entrada, el último del partido, para el serbio, que pudo cerrar el choque finalmente. La tarde, pesada en lo climático, sin apenas sol, fue el lienzo en el que se estaba pintando una escena que Djokovic tratará de dar color y brillo en los próximos partidos, pues necesitó hasta cinco matchpoints para darse una tregua y ver dónde está su tenis para poder ser candidato en Montecarlo.

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