Nicolás Almagro, el adiós agridulce a un talento puro y luchador incansable

Repasamos la carrera del murciano, en la que ha habido grandes momentos dignos del recuerdo por parte de un jugador especial.

Nicolás Almagro en Challenger Murcia. Foto: zimbio
Nicolás Almagro en Challenger Murcia. Foto: zimbio

Hay cosas que no se valoran hasta que se pierden. Este tópico parece que puede invadir el tenis español en años venideros, donde se espera un goteo sangrante de jugadores de enorme nivel cuyos logros se han visto eclipsados por el poderío de Nadal. La era más brillante de España no se ha debido únicamente a los éxitos del balear, sino también a la densidad de jugadores capaces de legitimarse en la élite durante años. Uno de ellos fue Nicolás Almagro. El murciano se ha erigido en un fiel y orgulloso representante de su región; eso le ha llevado a poner fin a su carrera en el Challenger de Murcia, después de atravesar una auténtica odisea de lesiones que han hecho que su carrera se cortara desde que llegara a la treintena.

Tuvo tiempo el bueno de Nico para asombrar con su juego durante lustros. Irrumpió con fuerza en el top-100 en el 2006 y terminó durante ocho años consecutivos entre los 30 mejores tenistas del planeta. Una regularidad notable gracias a la cual pisó los cuartos de final en el Open de Australia (2013) y Roland Garros (2009, 2011, 2012, 2013). Consumado especialista sobre tierra batida, su carácter díscolo le granjeó tantos seguidores incondicionales como detractores. No tuvo reparos en jugar con tremendo descaro ante Marat Safín, que acabó desesperado y le negó el saludo en Valencia cuando apenas era un jovencito que comenzaba su andadura, tuvo roces con jugadores como Tomas Berdych y protagonizó episodios de carácter incontrolable con acaloradas discusiones con sus entrenadores durante los partidos. Su mente fue un aliado en muchas ocasiones, pero también el gran enemigo que parecía frenar un torrente incontenible de calidad.

Su revés a una mano es digno de estudio; con capacidad para abrir ángulo, muy potente en sus paralelos y con un dominio para variar alturas y velocidades tremendo, ha sido la seña de identidad del juego del murciano, un tenista realmente completo. Estructuró su juego con un estilo incisivo, apoyándose mucho en un saque natural a la T desde ambos lados de pista y gran capacidad de lucha desde el fondo de pista. De los 13 títulos alcanzados, todos fueron sobre tierra batida, y uno de sus momentos más duros fue caer en la final del Conde de Godó 2013. Fue ante Rafael Nadal, uno de sus grandes verdugos al imponerse a él en tres cuartos de final de Roland Garros.

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Pisó el top-10 en 2011, después de muchos años dando pequeños pasos en una progresión lenta pero sólida. Su gran espinita fueron los enfrentamientos ante los mejores del mundo. Presenta un 15-1 en sus duelos contra David Ferrer, e idéntica estadística ante Nadal, al que consiguió vencer en cuartos de final de Barcelona 2014, uno de los días memorables en su carrera. 5-0 contra Roger Federer y Novak Djokovic, así como 5-1 ante Andy Murray. El británico cortó las alas de un Almagro que parecía lanzado en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, donde a pesar de jugarse en hierba, alcanzó los cuartos de final. Sin embargo, el momento más duro en la carrera del murciano se produjo en la final de Copa Davis 2012. Sucumbió ante Tomas Berdych en un partido muy peleado a cinco sets, pero cuando la eliminatoria llegó al quinto juego, partía como claro favorito para dar a España la Ensaladera ya que se enfrentaba a Radek Stepanek.

Nico tuvo un mal día, pareció presa de la presión que se podía cortar en el ambiente y no supo contrarrestar el juego plano, incisivo y experimentado del jugador checo. El aficionado poco habitual le juzgó con la una dureza e inquina inmerecida para un jugador de su categoría. Se levantó moralmente y supo continuar un año más a un gran nivel, pero una fascitis plantar severa le obligó a hacer un parón en su trayectoria. Nada volvió a ser igual a partir de ahí, pero cuando parecía empezar a remontar el vuelo, sufrió una grave lesión de rodilla enfrentándose a Juan Martín Del Potro en Roland Garros 2017. Su imagen llorando desconsoladamente en la pista dio la vuelta al mundo, y puso de manifiesto la pasión que siente el murciano por el tenis. Se tuvo que someter a dos intervenciones quirúrjicas y comenzó a construir una vida más allá del tenis, encabezando proyectos empresariales y siendo padre.

Se abre una nueva etapa para Nicolás Almagro, que puede despedirse del tenis con la cabeza muy alta. Más allá de oportunidades perdidas y nostalgia por verse cerca de la gloria, el murciano deja un profundo legado en el tenis de su región que quiere desarrollar ahora Carlos Alcaraz. El tenis nacional debe mucho a un hombre que ha ofrecido muchos años de gran rendimiento y nobleza competitiva. No ha podido irse de la competición como deseara, pero tras un largo viaje, hay que quedarse con los buenos momentos. ¡Hasta siempre Nico!

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