Tommy Robredo: “Si me obsesionara el ranking, no seguiría jugando”

El tenista español relata en esta entrevista cómo está siendo la época más dura de su carrera y recuerda algunos momentos gloriosos del pasado.

Tommy Robredo, uno de los grandes atractivos en Villena. Fuente: Fernando Murciego
Tommy Robredo, uno de los grandes atractivos en Villena. Fuente: Fernando Murciego

Dos sentimientos se enfrentaron esta semana en el Challenger Ferrero Open de Villena. Por un lado, la alegría de ver a un clásico como Tommy Robredo (Hostalrich, 1982) jugando en casa con el apoyo del público. Por el otro, los motivos que le han traído hasta aquí. Sin ganar un partido en un torneo ATP desde hace dos años, el tenista catalán pasa por la etapa más comprometida de su carrera, obligado a disputar el segundo circuito en importancia con el deseo de regresar a la zona noble de la clasificación.

Sin embargo, ni la necesidad, ni su experiencia le han ayudado a lograr el éxito en Alicante. El único jugador del cuadro que sabe lo que hay más allá del top20 cede en segunda ronda ante Pedro Sousa -más de cien posiciones por encima del español- por un doble 6-1. El esperado resurgir tendrá que esperar, pero Robredo se lo toma con una filosofía que ya quisiéramos más de uno. Lo que no cambia es su carácter tranquilo, reservado, acentuado por ese humor ocurrente que no todos conocen. El que fuera número 5 mundial nos recibe en el Players Lounge para hablar largo y tendido de su trayectoria, tanto la etapa buena como la menos buena.

¿Qué significa para ti el número 36?

Yo siempre digo que es solamente un número, en ningún sitio dice que el tenis sea para menores de ‘X’ años o para mayores de ‘X’ años. Me apetece jugar al tenis y lo hago porque me gusta, el día que vea que no estoy para jugar cogeré mis cosas y me iré. De momento tengo ganas, en los entrenamientos me veo con un nivel bastante alto, ahora me falta enganchar un par de semanas buenas para ver si cojo esa confianza y traslado el nivel de los entrenamientos a la competición.

Este año te hemos visto poco en las pistas.

Me fui a Australia a jugar la previa, pero tanto allí como en Nueva Zelanda perdí en primera, dos buenos partidos pero muy duros. Luego tuve unas molestias en el hombro y no pude jugar hasta Indian Wells. Aparte de esto, solamente he jugado en Marbella, es poco, me hubiera gustado competir un poco más.

A la hora de montar tu calendario, imagino que no se parecerá en nada a cuando tenías diez años menos.

Depende mucho del ranking, de ver si puedes entrar en según qué semanas, eso te condiciona bastante. Cuando estás 20 del mundo juegas donde te da la gana, pero también es complicado porque quieres jugar cada semana. Por mucha experiencia que ganes con el paso de los años, el tema del calendario siempre es difícil de gestionar.

Estaría bien rebobinar una década.

Obviamente, estar entre los diez mejores del mundo, sentir que todo el mundo te conoce, todo el mundo te sigue… aquí estás jugando un Challenger y nadie te manda un mensaje. No es lo mismo, a uno también le gusta sentirse querido, y no estoy diciendo que yo no me sienta querido. Cuando un futbolista mete cinco goles, esa semana sale en todos los periódicos; cuando tiene una sequía de dos meses, o no hablan de él o hablan mal.

Tú has probado las dos caras del éxito.

He tenido momentos muy buenos y otros no tan buenos. Ahora estamos en un momento complicado, pero todavía tengo la ilusión de querer sacarlo hacia delante.

Debe ser durísimo tener que bajar a este nivel, sobre todo para alguien que ha convivido entre los grandes.

Totalmente, es muy complicado, no lo voy a esconder. Como digo, todavía tengo la ilusión de querer salir de aquí. Si dentro de un año estoy el 50º del ranking seré el hombre más feliz del mundo. Si de aquí a un año estoy el 300º del ranking pues igual me retiro y me habrá quedado esa sensación de no conseguir el objetivo que quería en la última etapa de mi vida. A lo largo de mi carrera logré muchísimos objetivos, algunos al alcance de muy pocos, otros fueron sobrepasados por otros jugadores, así que estoy feliz de la carrera que he tenido.

¿Cambiarías algo?

Cambiaría muchísimos días. Para llegar a ser un deportista de élite hay que ser súper exigente con uno mismo. En mi carrera he tenido derrotas que no tocaban, malos días de entrenamiento, días de mal comportamiento, etc. A toro pasado, hubiera disfrutado más de algunas victorias y no me enfadaría tanto por algunas derrotas. Lucharía más en algunos momentos, no iría a jugar según qué torneos, o iría a jugar otros. Decisiones de equipo, esa persona que me ayudó más que ésta, intentaría cogerla antes […] Cualquier persona cambiaría cosas de su vida, hasta la de aquel examen de matemáticas que tuve y preferí ponerme a ver una película antes que estudiar.

“Disfrutar más de mis victorias”, esto se lo hemos escuchado muchas veces a David Ferrer.

Es uno de los problemas del mundo del deporte, del tenis en concreto. Me acuerdo de ganar un Conde de Godó y al día siguiente ir corriendo a jugar Roma. Ahora igual diría: ‘Vale, sí que voy a ir a Roma, pero no en el vuelo de las 06:00 de la mañana. Esta noche voy a ir con mis amigos a celebrar esa victoria y mañana ya cogeré el vuelo de las 07:00. Y si llego tarde y no me da tiempo a entrenar, pues no pasa nada, intentaré calentar 45 minutos antes del partido y a ver qué pasa. O no ir a Roma, directamente’. Al final te acostumbras a perder porque pierdes cada semana. Ganas un torneo, te vas a otro y sabes que vas a perder, no todos somos como Nadal y Federer que ganan muchas semanas.

De los 12 títulos que has ganado, ¿no saboreaste ninguno?

Tampoco es eso, los disfruté, pero el deporte de élite tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Digamos que no era de esos que un día salía hasta las 05:00 y al día siguiente, si no entrenaba, pues no pasaba nada. A las 0:00 me iba a la cama y quizá el entrenamiento del día siguiente era una mierda porque pensaba en las ganas que había tenido de salir la noche anterior. Ser profesional tiene lo suyo, a veces tomártelo con un poco de calma ayuda a llevarlo mejor.

El triunfo os dura un par de horas, pero una mala derrota os acompaña un mes entero.

Así es, pero el ser humano es así. El que va a un examen y lo aprueba, se va a su casa y ni lo piensa, es normal. El que lo suspende está hecho polvo una semana, la diferencia es una nota, pero tú has estudiado lo mismo para aprobar que para suspender. Hay muy pocos jugadores que estén perdiendo un partido y les veas tranquilos, al final todos somos competitivos y nos jode perder, pero es que si no te jodiera tampoco jugarías tan bien, hay muchos momentos en partidos donde la cosa no va bien y tienes que darle la vuelta. Manejar esas situaciones no es nada sencillo.

Bueno, Kyrgios o Fognini hay veces que están perdiendo y no se les ve muy preocupados…

Les jode perder, te lo aseguro. Lo que ha cambiado un poco es la sociedad, antes conseguir algo era muy complicado, ahora todo es mucho más fácil. Antes se te rompía el teléfono y tenías que ir con el teléfono roto un año, lo protegías para que no se rompiera más; ahora vas, te compras el Iphone nuevo y listo. Esos caprichos luego se notan dentro de la pista, pero bueno, también vivimos mucho mejor. Hay chavales que sí que corren igual que los de mi generación, como también antes había jugadores que salían a jugar y les daba igual, no todos éramos igual de profesionales. Hay un pelín de diferencia, pero son ciclos.

Twitter e Instagram se han convertido en dos rivales duros para la #NextGen.

Las redes sociales tienen esa doble vertiente. Yo siempre hago la misma broma: un día que estés deprimido en casa, si entras a Instagram es para suicidarte, ¡todo el mundo lo está pasando de puta madre! Siempre ves la mejor comida del mundo, el mejor yate, el mejor coche, el mejor paisaje… y yo en casa jodido. Es así de real, nadie sube una foto cuando se está comiendo una sopa.

Me ha pasado de hablar con gente más joven sobre ti y no creerse que fuiste Nº5 del mundo. ¿Tienes la sensación de que ha pasado tanto tiempo?

Es que ha pasado mucho tiempo. Tampoco se acuerdan de que Berasategui te hacía finales de Roland Garros, o de que Corretja ganó un Masters. Hay una diferencia de edad, si a mí me preguntas por Rod Laver pues hay cosas que sé, pero hay muchas más que no sé. Muchas veces te vienen niños de 10 años y el padre les invita a sacarse una foto conmigo. Claro, el niño le mira con cara de: “¿Y éste quién es?”. Pasará siempre, a no ser que seas un Rafa Nadal, a quien recordarán aun teniendo 80 años.

¿Valoras ahora el haber llegado tan alto?

El día que me retire lo valoraré mucho más, el día que desconecte del todo, me siente y diga: ¿Qué he hecho? Ahora también lo valoro, sé lo difícil que es haber sido Nº5, significa que en todo el mundo solo hay cuatro tíos mejores que tú. Aquello fue una época y ahora es otra, igual de aquí a un año si consigo estar 50º o 70º le doy más valor que haber estado 5º hace quince años. Hay que saber disfrutar de cada cosa, pero no es fácil, hoy si me veo jugando mal no disfruto, pero mañana siempre tendré otra oportunidad.

Si ahora pusiéramos un partido tuyo de 2006 y otro de 2018, ¿veríamos al mismo jugador?

No, el tenis ha cambiado, ahora todo se juega mucho más rápido. Yo recuerdo ver jugar a McEnroe y reírnos, aun siendo un fenómeno, pero nos hacía gracia ver cómo le llegaba la pelota, ver tanto revés cortado, cómo empujaban la derecha, el saque-red… era otra velocidad. Luego vino nuestra época con Juan Carlos Ferrero y compañía, donde pegaban unos palos que no te lo creías. ¿Cómo podía haber cambiado tanto el tenis en quince años? Pues de esos quince años hasta ahora ha pasado lo mismo. Tú ves jugar a Khachanov, Kyrgios Rublev o Zverev y le pegan unos palos que alucinas. Yo cuando estaba Nº5 no jugaba así, pero ahora tienes que inventarte algo distinto para hacerles frente. Eso, o pegar más palos que ellos.

Acabará ganando el que más fuerte le pegue, qué triste.

No y sí. Todo deporte evoluciona con el ser humano, ahora mismo en baloncesto parece que todo el mundo hace mates, y si no los haces no eres nadie; hace quince años había solo tres tíos que hacían mates. Pues oye, igual habrá que subir más la canasta, o ponerla más lejos. Si Curry te mete 30 triples en un partido, igual hay que ponerle el aro más pequeñito.

No es el tenis un deporte de muchos cambios…

Llegará un momento en el que haya que cambiar algo, no puede ser que todos los chavales saquen a 230km/h, no es bueno ni para el espectador, ni para el jugador. Han cambiado mucho las cosas, las bolas también son más pesadas. Antes tú le pegabas mal a una bola y se te iba tres metros fuera; ahora, para tirarla tres metros fuera, tienes que pegarle muy pero que muy mal. Eso ha ralentizado el juego y, en consecuencia, provoca que le pegues más fuerte.

¿Y eliminar el segundo saque?

Es una opción. Subir la red es otra opción. O sacar desde un poquito más atrás. De aquí a veinte años algún cambio tendrá que haber, ya sea en las bolas, las raquetas o la red.

Hace quince años, cuando fuiste Nº5, estaba Federer de Nº1 y Nadal de Nº2. Es como que todo cambia y evoluciona, excepto ellos dos.

Al revés, estos dos evolucionan más que todos los demás. Rafa ha ajustado su juego muchísimo en los últimos diez años: saca diferente, resta diferente, le pega diferente, juega más agresivo, etc. Federer en los últimos cinco años está subiendo más a la red, está siendo mucho más agresivo, hubo una época en la que dejó de serlo un poco y ahora lo es más que nunca. Estos dos son muy buenos, nos daremos cuenta el día que se vayan, es una barbaridad.

¿Quién de los dos te lo hizo pasar peor?

Federer es alucinante, estás delante y ves cómo hace todo, te puede hacer un set sin que toques la bola, o te tira desde el fondo ese revés cortado y luego ya te abrocha. Pero sí que es cierto que, en algún momento, tiene lagunas mentales. Lagunas que aparecen cuando algo no le sienta bien, es de los que no cambia la táctica y se estrella. Si no le pasa nada te gana 6-1, 6-1 y listo, pero si tienes la suerte de encontrar ese momento, en ese partido, llegas al 3-3 y él se bloquea con dos bolas que no tocan, no es de los jugadores que cambien la táctica.

Estoy pensando en el US Open de 2013.

Exacto, yo ese partido se lo gano porque él no es capaz de cambiar la táctica. Se estrelló en el primer set, se estrelló en el segundo y, si hubiéramos jugado diez sets, se hubiera estrellado en los diez. Ese día veía que no iba.

¿Y Rafa?

Rafa pierde el primer set y piensa: “A ver, qué pasa aquí, si tengo que ganarte haciendo todo el rato cortado, pues todo el rato cortado, pero te lo gano y mañana será otro día”. Para mí es más jodido con Rafa por ese motivo, para ganarle tienes que estar todo el partido al 100% y, aún así, cuidado porque él se va a adaptar a lo que haga falta. Además, su bola es mucho más incómoda, esa derecha con bote alto, sobre todo para los jugadores con revés a un mano, es un castigo. Federer se despista un día de cada cien, pero es que Rafa no se despista ninguno.

De siete partidos con Rafa, solo pudiste ganarle un set.

Es el único del Big4 al que nunca he podido derrotar. Le tuve una vez con match point en París-Bercy y no le pude ganar.

¿Qué victoria recuerdas con más cariño?

Ganarle a Federer en un Grand Slam pocos lo pueden contar, además en el US Open, que no es en tierra, aunque él siga siendo buenísimo en esa superficie. En Nueva York había ganado cinco veces, se le da muy bien, ganarle en cuarta ronda no es fácil, así que aquello fue una victoria espectacular. Sin embargo, si me preguntas por días especiales… ganarle a Monfils en Roland Garros, después de remontarle dos sets a cero y que todo el mundo en la Suzanne Lenglen te aplauda, eso es algo que recordaré siempre. Ver a todos los franceses de pie, ovacionándome, un público exquisito como son ellos, será una imagen que guardaré siempre en mi cabeza.

¿Y la derrota más dolorosa?

Muchísimas. La peor de todas es ese partido en el que has estado mal de cabeza y lo has terminado tirando. Llegas a casa y dices, ¡qué gilipollas que soy! La derrota con Andy Murray en Valencia, por ejemplo, yo tengo grandísimos recuerdos de ese partido, porque fue espectacular. Tuve cinco match points, vale, pero es que no jugué ninguno mal. Se escapó, una pena, me hubiera encantado ganar ese torneo, pero a día de hoy lo pienso y ese partido solo me trae buenos recuerdos. Los días que más me recrimino son aquellos en los que no pude estar bien de cabeza hasta el final.

Dime un partido en el que te saliera absolutamente todo, uno donde fuera imposible fallar.

El de Murray en Valencia […] Ese partido es para verlo, de verdad. Mira que lo he visto veces y siempre me sorprendo del nivel. El otro día lo hablaba aquí con Antonio (Martínez Cascales) y me decía que había sido el mejor partido que habían visto en un Valencia Open. Pocos partidos a nivel profesional he visto así. Hubo un Djokovic-Nadal en Australia que fue espectacular, el Federer-Nadal de Wimbledon, pero más por la tensión que por el nivel de juego. Aquí se juntaron las dos cosas, fue un nivel de juego tremendo desde el principio hasta el final.

Lo mejor fue la ‘dedicatoria’ en la red.

(Risas) Con Andy me llevo muy bien, habíamos jugado hacía un mes en Shenzhen y había perdido teniendo también cinco match points a favor, pero ahí perdí mal. No es que tirara el tercer set, pero estaba cansado y no lo luché como debería. En Valencia podríamos haber estado peleando hasta un quinto set, aunque nos hubieran sacado con pinzas.

Aquello te unió todavía más a Andy.

Ya después de Shenzhen me propuso viajar juntos, porque él tenía un avión privado, y en Valencia me dijo lo mismo y nos fuimos juntos a París-Bercy. Recuerdo que estábamos doblados, no podíamos ni andar. Dos días después nos mirábamos y nos reíamos de lo cansados que estábamos.

Has jugado 22 veces un quinto set en tu carrera. Reconócelo, al final le cogiste el gusto.

Pero esto es porque he jugado muchos Grand Slams y porque siempre he sido un jugador de luchar mucho hasta el final. Hay partidos que se complican y uno sabe que la opción de irse al quinto set existe, incluso llegó un momento en que la idea de irme a un quinto set me gustaba. “A ver si tienes huevos de ganarme ahora” (risas). Físicamente estaba muy bien, así que el rival tenía que estar igual o mejor para ganarme.

Como amante del quinto set, ¿qué opinas que la Copa Davis lo haya suprimido?

Jugar a cinco sets está muy bien, pero eso conlleva estar luego dos días sin moverte. Si lo piensas de cara al espectáculo es fantástico, pero entonces que pongan también partidos de fútbol de 200 minutos. Estamos hablando de jugar cuatro horas y media, tú solito, se dice muy fácil pero ojo, hay que correrlas. El tema de los cinco sets hay que mirarlo, hay que estudiarlo bien.

Que se lo digan a Isner y a Mahut.

Yo ese día vi llegar a Isner al vestuario, estaba reventado. Su partido duró tres días, recuerdo que el primero yo había ganado mi partido también a cinco sets y él ya estaba allí agarrado mientras le iban trayendo comida. Al día siguiente jugó seis horas más y tampoco acabó, ese día le costaba hasta comer, si hubieran podido inyectársela, lo hubieran hecho. No se podía ni levantar, pero al día siguiente tuvo que volver a pista y terminar. Para mí eso no es ninguna épica, es una vergüenza. Mahut estuvo tres meses sin poder jugar, se destruyó por dentro, para el cuerpo no es bueno un esfuerzo así.

¿Has visto más casos así?

A mí me ha pasado después de algún partido largo. Irte a dormir y no poder dormir, que las piernas te tiemblen, que tengan que venir a sacarte de la cama. Pero eso no se ve. Y mira que tengo recuerdos preciosos de partidos a cinco sets, pero es muy duro.

En Roland Garros 2013 remontaste tres partidos consecutivos después de perder los dos primeros sets. Ese récord te lo llevarás a la tumba.

Sí, pero el primer partido para mí no tuvo el mismo mérito. Fue con Sijsling, recuerdo que me puse 3-2 con break en el tercer set y pensé: “Este partido ya lo he ganado”. Veía que no lo perdía, él estaba muy cansado, ni loco me ganaba. Luego gané 6-3, 6-1 y 6-1. Son momentos en los que te da el click y lo ves todo más claro. Después con Almagro fue totalmente distinto, una pelea de ida y vuelta, remando, corriendo, gestionando el marcador. Con Monfils fue más de lo mismo. Tiene mérito porque siempre está el riesgo de tirar la toalla y mandar todo al carajo, hay muchos momentos de duda.

Lo que hay que tener son muchos bemoles para firmar ese récord.

Lo primero es estar bien físicamente, si no es imposible, por mucho que intentes hacer que estás bien. Luego si estás bien de cabeza también ayuda, intuir cuando el otro baja los brazos, aprovechar tus oportunidades. A ver, que también he perdido muchos partidos a cinco sets, el balance es positivo pero no todos los he ganado. Ninguno de los que llegan a esa situación quiere perder.

Hoy eres el 223º del mundo y tienes 37 años. ¿Te obsesiona el ranking?

Si me obsesionara no jugaría, no seguiría jugando. Ahora mismo me veo aquí, siendo el 223º y no me gusta nada, obviamente, pero tengo ganas de jugar y ver si soy capaz de darle la vuelta. Necesito engatillar dos buenas semanas, recuperar la confianza y coger de nuevo esa alegría.

¿No te preocupa absolutamente nada el ranking?

El que esté 250º y no esté un poquito preocupado… mal vamos.

¿Piensas en la retirada?

Alguna vez lo piensas… ¿realmente vale la pena seguir? Pero tengo ganas de seguir peleando. Todavía me apetece coger el coche, el avión, ir al torneo que toque y ver si puedo darle la vuelta. ¿Por qué no? No siempre tiene que ir todo tan bien, hay que estar también en las malas.

¿Qué hay después del tenis?

Pues montaré un negocio, o cualquier otra cosa. Tengo la suerte de haber ganado un dinero en mi carrera y con esos ahorrillos no tener que preocuparme el día de mañana, habrá tiempo de sentarse a pensar qué quiero hacer. Luego está la vida personal de cada uno, también tenemos familia, amigos, el placer de estar en casa, todo eso también me hace ilusión. De momento no me preocupa mucho lo que haré después, aparte, soy de los que creen que a la que te pones a pensar en lo que harás en un futuro, dejas de hacer y pensar en el presente.

Si hace veinte años te dicen que a estas alturas todavía estarías en activo…

No lo sé […] Cuando tenía 18 años jamás pensé que llegaría a profesional. Cuando estaba arriba no era consciente de lo que estaba haciendo. Es una rueda que va dando vueltas, si me dicen que el año que viene me retiro pues tampoco lo sé, o que en dos años estoy entrenando a alguien. La vida te llevando.

No hemos hablado del título más importante de tu carrera, el Masters Series de Hamburgo. Supongo que esa semana la tendrás grabada en la memoria.

No tengo tan buena memoria, hay muchos partidos que ni me acuerdo. Pero sí, de ganar en Hamburgo claro que me acuerdo, fue una semana muy especial, pero también me acuerdo de ganar el Godó. Por mucho que uno fuera un Masters 1000 y el otro un ATP 500, para mí fue mucho más importante ganar en casa.

¿Qué le ha faltado a tu carrera?

Unas semifinales de Grand Slam hubieran estado bien, me quedé con siete cuartos.

Más de una vez te quedaste cerca.

Con Albert Costa estuve dos sets arriba y 3-2 con break, aquello fue una gran oportunidad, pero él empezó a jugar muy bien después. Perder un año con Ancic en Roland Garros también fue duro. La temporada que remonté tres partidos seguidos a cinco sets me tocó David Ferrer en cuartos y no podía dar dos pasos, ahí no había nada que hacer.

Bueno, todavía se puede conseguir.

Hay que ser realistas, a día de hoy es jodido. Primero tendría que pasar la fase previa y ganar cinco partidos a tíos que hoy juegan cuatro veces más que yo. La flauta no suena así como así. Pero es que antes debería de venir a estos torneos y ganar con autoridad, empezar a pasar bien las Qualys ATP, tocar algún cuarto de final, alguna semifinal… a día de hoy no estamos cerca de eso. No digo que no pueda pasar, pero la flauta no funciona así.

No sé si lo sabes pero, de la Era Open, eres el jugador con más victorias en Grand Slam sin llegar nunca a una final.

Puede ser, ¡pero es que he jugado muchos Grand Slams! Fueron casi diez años haciendo octavos, cuartos, octavos, cuartos… fue una gran estadística que antes hacía. Ahora ya no (risas).

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