El alumno está muy lejos del maestro

Roger Federer supera cómodamente a Denis Shapovalov para citarse con John Isner el próximo domingo. Tercera final consecutiva para el jugador suizo.

Roger Federer, directo a la final de Miami. Fuente: Getty
Roger Federer, directo a la final de Miami. Fuente: Getty

Pasarán los años en el deporte y la experiencia seguirá siendo uno de esos ingredientes imposibles de comprar. Tan anhelado por jóvenes y tan disfrutado por los veteranos. Este sábado fue Roger Federer quien la tuvo en su equipo, aunque el suizo lleva ya muchas temporadas con ella como compañera de viaje. Apenas tuvo opciones el tierno Denis Shapovalov (6-2, 6-4), quien pagó la novatada ante su ídolo. En pleno 2019, dos jugadores de 33 y 37 años pelearán en unas horas por levantar la corona en Miami.

Suele pasar en el tenis pero también en la vida, en general. Cuando esperas con muchas ganas una cosa, cuenta con la opción de que termine siendo una decepción. Es la misma expectativa la primera en arruinar el plan, aunque hoy en Miami hubo otros agentes que sumaron a la causa. Todo el mundo paró sus relojes a las 19:00 de la tarde hora local (la medianoche en España) para disfrutar el primer capítulo de una rivalidad que, desgraciadamente, no contará con muchos episodios. Federer y Shapovalov, con 18 años de distancia entre uno y otro, competía por avanzar a la final del segundo Masters 1000 de la temporada. Pintaba buenísimo, no me digan que no.

El papel del suizo estaba claro. Sobriedad, determinación, tirar de experiencia en los momentos clave y frenar el posible arranque fugaz de su rival. Por parte del canadiense, demostrar cuanto antes que aquello no era simplemente un premio a su trayectoria, sino que en su mano habían opciones de tumbar al tres veces campeón. Todo se vuelve un poco más difícil cuando enfrente aparece tu ídolo, por primera vez, en un escenario donde todo el mundo medirá con lupa cada gesto. Pensamientos que se juntaron en la cabeza de Denis y le impidieron competir en todo el primer set. Seguramente la noche anterior habría tenido una pesadilla, la de salir a pista y no dar la talla ante su héroe. Aquello le agarrotó de tal manera el brazo que provocó un 6-2 por la vía rápida en su contra. Pasado el mal trago del inicio, ahora ya no tenía nada que perder.

Habían sido 20 errores no forzados en apenas 35 minutos, ni una sola bola de break a favor y unos datos horripilantes desde la línea de saque. Shapovalov acababa de descubrir lo que representaba tener a Roger Federer al otro lado de la red. Pero Denis es de otra pasta, solo así se mete uno top20 sin haber cumplido dos décadas en la Tierra. Como peor no lo iba a hacer, volvió a pista con ganas de agitar un poco el avispero y el resultado se vio desde el primer juego. Ese juego por el que luchó en la primera manga durante 10 minutos y que acabó cediendo, esta vez lo ganó en 90 segundos con saque directo incluido. Al juego siguiente, dos bolas de break, las primeras de todo el partido. Era el momento, pero enfrente no había un tipo cualquiera. Federer le vio las orejas al lobo y decidió calmarse, instauró un poco de temple y colocó el 1-1. El público no lo sabía, pero esos dos juegos serían la última contienda de todo el encuentro.

Inmediatamente los papeles volvieron a su sitio. Shapovalov vio cómo su tren había pasado y recuperó su versión más angustiosa, de nuevo pasando un calvario si su primer servicio no encontraba el cuadro de saque. Break en contra y primeros gestos de desaprobación hacia su rodilla. ¿Lesión? ¿Nervios? ¿Calambres? Simplemente, no era el día, ni la hora, ni el rival. Hay muchas situaciones en el deporte en las que tener 19 años resulta ser un regalo, un privilegio. Hoy, sin embargo, el teenager fue Federer. Un adolescente con la cabeza más curtida del vestuario que ya cuenta con 50 finales de Masters 1000. El domingo, ante John Isner, buscará darse su cuarto homenaje en Florida.

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