McEnroe era peor que Kyrgios

John tenía peor carácter que Nick y sus salidas de tono eran todavía mayores que las del australiano, solo que la gente ya se ha olvidado de eso.

McEnroe y Kyrgios, en la Laver Cup. Foto: Getty
McEnroe y Kyrgios, en la Laver Cup. Foto: Getty

Corría el año 1977. Un chico delgado, de melena negra de rizos y look rockero se plantó en las semifinales de Wimbledon con solo 18 años y viniendo desde la fase previa. Su nombre era John McEnroe. Un talento brutal se destapó aquél año con ese chico norteamericano, que con el paso de los meses fue dando a conocer al mundo su mal carácter y sus faltas de respeto continuas al público, los jueces de silla, los jueces de línea e incluso a los organizadores del propio torneo. No había alma que no sufriera la ira de Mac cuando se enfadaba. ¿Les suena de algo?

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"Cuando cumplí 18 años, se me torció un tornillo en la cabeza y ya no pude frenarme", dijo hace años Jonny en una entrevista, reconociendo que una vez dejó salir a la bestia, no pudo controlarla. Esa bestia salía con frecuencia casi en cada partido y se ganó las críticas y abucheos del público casi en cada estadio al que iba pero en el fondo, mucha -muchísima- gente amaba ese lado oscuro de McEnroe. Su juego era una auténtica delicia para el paladar de los amantes del tenis de aquella época y no eran pocos los que deseaban verle perder los nervios y encararse hasta con el último espectador del estadio. Era parte del show. Todos lo sabían y todos lo disfrutaban. "Soy una persona emocional. Cuando salgo a la pista, el público sabe que no les engaño, que no han tirado el dinero. Les doy lo que tengo y lo saben", decía cuando era jugador. Nuevamente, ¿les suena de algo?

McEnroe fue así toda su vida. Cuando era pequeño, jugaba al baloncesto y tuve una discusión tan grande con su entrenador que acabó expulsado del equipo. El norteamericano se jactaba en su época de jugador de salir la noche antes de los partidos, beber alcohol y tener sexo hasta altas horas de la madrugada y entrenar más bien poco. "No he corrido más de 40 millas en mi vida. Correr me aburre. Prefiero entrenar jugando en los partidos. Mientras otros entrenan cinco o seis horas diarias, yo solo lo hago un par de veces a la semana", admitía. Una vez más, ¿les recuerda a algo?

El 'Big Mac', que así le apodaban, llegó a recibir tantas multas a lo largo de su carrera por su conducta inapropiada que casi sería imposible dar una cifra total. Llegó a jugarse suspensiones durante un largo tiempo, por ser reincidente. Escupía en el suelo. Insultaba -fuertemente- a los árbitros y no dudaba en encararse con personas del público, a los que también insultaba. Rompía raquetas que caían a la grada, le daba patadas a los anuncios y los destrozaba. La lista de actos de Jonny es interminable. "Sé que mi carácter me perjudica mucho en la pista", reconocía. Ya sí que les suena, ¿verdad?

En un deporte tan 'clasista' como el tenis, donde siempre lo jugaron personas de alto nivel social y económico, donde todo era tan correcto, educado, limpio, pulcro e incluso hasta serio, McEnroe entró como un elefante en una cacharrería y en parte, abrió la puerta a otras tantas personalidades similares que surgieron a partir de entonces. Mucha gente amaba a John por romper la norma en el tenis y ese carácter ha sido siempre su seña de identidad incluso hoy día, como comentarista, aunque hay que decir que como narrador es mucho más calmado que lo que era como tenista, pero sigue dejándonos ciertas perlas magníficas de vez en cuando con su particular sentido del humor.

Por si les sonaba la historia de Mac, existen muchas similitudes con la de Nick Kyrgios. Cuando también tenía 18 años y nadie sabía quién era, el australiano se presentó a los ojos del mundo metiéndose en cuartos de final de Wimbledon venciendo a Rafa Nadal en un partido impresionante por su parte, con golpes imposibles que abrieron la boca de más de uno. Su talento era innegable y muchos decían que tenía madera para ser número 1. Estuvo no muy lejos de derrotar a Raonic en cuartos y de repetir semifinales como McEnroe en 1997, pero no pudo ser. Lo que vendría después, todos lo conocemos.

Nick comenzó a ser más conocido por sus salidas de tono que por sus resultados. Digamos que sí, la madera para ser el mejor la tiene, simplemente, no le da la gana de sacarla. Al igual que McEnroe, Kyrgios odia entrenar y a diferencia de la época de finales de los 70 y comienzos de los 80, ahora el tenis es muy exigente a nivel físico por los materiales que se usan y eso le está provocando problemas de lesiones, sobre todo en su espalda. Solo hay que ver cómo se dobla su columna para saber que es cuestión de tiempo que termine sin poder levantarse del sofá si no hace algo pronto. Pero así es él. Se pasa las noches viendo la NBA, su verdadera pasión, jugando a la consola o pasando el rato con sus amigos. En Acapulco, donde ganó hace un mes, dijo que por las tardes se iba con un amigo a hacer jet-ski en el agua y luego se iba a jugar y a ganar a todos sus rivales. En Cincinnati, hace dos años, donde llegó a la final, aseguró que comía helados antes de los encuentros y se ponía a jugar al baloncesto incluso minutos antes de saltar a pista.

Kyrgios es especial. Judy Murray lo definía como un genio y no puedo estar más de acuerdo. Los genios son gente incomprendida por los demás. La gente tiende a criticar aquello que se salga de la línea marcada por la mayoría de la gente y no entiende cuando alguien no quiere seguir al rebaño. Ahora se le critica por realizar un saque de cuchara, o por debajo de la cintura, cuando es un golpe totalmente lícito y un recurso más ante los tenistas que se plantan casi en la valla del fondo para restar. Si nadie se molesta cuando le hacen una dejada, ¿por qué se iba a molestar por un saque así cuando es exactamente lo mismo? El problema no es el golpe en cuestión sino quién lo hace. Haga lo que haga Kyrgios, se le va a criticar, al igual que sucedía con McEnroe.

John era peor. El norteamericano iba dos o tres niveles más allá que Kyrgios en sus partidos y sus faltas de respeto eran todavía mayores pero hoy, muchos le recuerdan con una sonrisa por ser tan "especial". El australiano ofrece lo mismo. Es el contrapunto al resto de tenistas educados y correctos que existen. En un circuito como este, una personalidad como la suya es necesaria. Alguien capaz de no cortarse en rueda de prensa y decir lo que le pasa por la cabeza y no ofrecer el 1-2-3 que la gran mayoría dice siempre.

Obvio que hay muchas cosas de él que debería cambiar, como el no esforzarse o dejarse ganar (e incluso retirarse) en algunos partidos, algo totalmente inaceptable, pero al igual que sucedía con McEnroe, en sus partidos casi siempre pasa algo que hace que los espectadores se vayan a casa con una sonrisa habiendo amortizado el precio de la entrada.

A Jonny le pitaban en todos sitios por sus salidas de tono y no fue hasta la final de Wimbledon de 1980 ante Borg (¡Vaya final!) cuando se ganó el respeto y el cariño de la gente y es que no hay que olvidar que terminó siendo aplaudido por la grada del All England Tennis Club, la misma que días antes le abucheaba por todo. Puede que a Kyrgios aún no le haya llegado un torneo o un partido que le sirva para madurar en ese aspecto. Quizá no le llegue nunca. Pero a fin de cuentas es su vida y su carrera y es él quien decide cómo llevarla. Yo, por mi parte, pagaría por verle un día sentado en el mismo banquillo que John. Estoy seguro que McEnroe le podría ayudar a canalizar ese talento y convertirle en ganador de grandes torneos. Porque él, que fue mucho peor que Kyrgios, sería el mejor que podría aconsejarle. Ojalá se dé.

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