A Djokovic le cuesta adaptarse

Triunfo muy gris del serbio ante Federico Delbonis en un partido donde fue inferior en los dos primeros sets. En octavos de final le espera Bautista.

Otra victoria tibia de Novak Djokovic. Fuente: Getty
Otra victoria tibia de Novak Djokovic. Fuente: Getty

Después de más de 2h de pelea en el Hard Rock Stadium, Novak Djokovic consiguió espantar todos sus fantasmas para superar en tres mangas a Federico Delbonis (7-5, 4-6, 6-1). Segunda cita del serbio en Miami y segundo encuentro repleto de dudas e imprecisiones. No sabemos si será el nuevo estadio, si será la edad o será que no siempre es fácil ganar, pero el número 1 del mundo aterriza en los octavos de final con muchos factores que pulir si quiere tener opciones de levantar su séptima corona en Florida. Roberto Bautista será el hombre que le ponga a prueba el próximo martes.

Se suponía que después de superar una primera ronda insustancial donde Bernard Tomic apenas le puso en problemas, hoy Florida disfrutaría por fin de una versión mejorada de Novak Djokovic. No la definitiva, pero sí una más sólida y atractiva que nos hiciese pensar en él como el gran favorito al título. Nada de esto se materializó en la primera manga, donde el serbio pasó de tener opciones de ganarla por 6-2 (hubo bola de break para ello) a terminar peleando por no llegar al tiebreak. Se le fue de las manos y a punto estuvo de marcharse también del marcador. Fue Delbonis el que más empujó, conectó ganadores y se acercó valiente a la red. Solamente la mente fría del balcánico impidió que tuviese premio.

El argentino estaba jugando agresivo y dominaba en los intercambios con su zurda, pero el duodécimo juego generó un cortocircuito en su cabeza (o es que los cables de Novak se volvieron a tocar) para colocar el 7-5 definitivo en la pantalla. Remar mucho para morir en la orilla, dirán algunos, pero cuántos rivales en el último año habrían soñado con estar tan cerca de robarle un parcial al número 1 del mundo. Si hablamos del tenis del serbio, está claro que no todavía andaba lejos de ser óptimo. Errores con la derecha, imprecisión en los paralelos y alguna dobles falta que le descolocaba en determinados momentos clave. “Estos acaban siendo los partidos más importantes del año para cada jugador”, confesó Federer ayer tras salir vivo de la trampa de Albot, refiriéndose al arte de ganar partidos jugando mal.

Este domingo le iba a tocar a Novak pasar por el aro si quería plantarse en octavos de final. Es más, si pensaba que la tarea ya estaba hecho, podía caer en el error. De nuevo el segundo set comenzó con el viento a su favor, un 3-1 que rápidamente hizo creer que allí se habían terminado de ahogar las opciones del argentino. Pero no, le faltaba una bala, la del contrabreak inmediato firmado con un revés paralelo que puso en pie a todo el estadio. Mientras todos alucinaban, Djokovic lo pagó con su raqueta en el primer acto de desesperación del encuentro. Seguramente acabaría ganando aquel partido, pero no de la manera que él quería.

La pregunta estaba clara: ¿pequeña reacción de Delbonis o algo más? La respuesta terminaría siendo MUCHO MÁS. El argentino, justo en el momento más comprometido, cambió un 1-3 por un 6-4 y, lo más importante, jugando como los ángeles. Cerró el parcial con siete winners de revés por ninguno de su rival, suficiente para entender en el pozo donde se había metido el serbio. La profecía de que Djokovic, jugando mejor o peor, terminaría ganando el partido acababa de partirse en dos. Si faltaba algo para desquiciar al de Belgrado, el azuleño llamó al fisio para darse un masaje en su pie izquierdo y, de paso, tomarse un merecido descanso.

A todo esto, el argentino solo había jugado un poco mejor en el segundo set respecto al primero, solo que la recompensa había sido muy distinta. Aquí se demuestra lo complicado que es ganarle a este tipo de jugadores y todos los factores que deben ordenarse para salir vencedor. El tercer set ya fue diferente, con un Delbonis agotado mentalmente y un Novak enfocado en su tarea: ganar punto a punto. Una batalla bonita y equilibrada cerraba el telón por la vía rápida y sin oposición. Hoy Delbonis fue capaz de poner a Djokovic entre la espada y la pared. El día de mañana, con un rival más fuerte al otro lado, veremos hasta dónde aguanta el serbio.

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