Kyrgios acaba con la paciencia de Nadal

El australiano supera al balear por tercera ocasión en su carrera en un partido de casi tres horas y que tuvo de todo. Rafa desperdició 3MP en el último tiebreak.

Nick Kyrgios, un villano suelto en Acapulco. Fuente. ATP
Nick Kyrgios, un villano suelto en Acapulco. Fuente. ATP

Los valientes que esta madrugada se quedaron despiertos para ver el partido entre Rafa Nadal y Nick Kyrgios en Acapulco estarán ahora mismo esbozando una sonrisa. Mereció la pena trasnochar para disfrutar de un partido de tenis donde la locura fue la gran protagonista. Empezando por el australiano, lesionado en el primer set e insinuando su retirada. Siguiendo por el español, incapaz de abordar luego todas las opciones de break que tuvo a su favor (0/9). Y finalizando de nuevo por el de Canberra, salvando tres MP en el último tiebreak para sentenciar al número 2 del mundo en más de tres horas de batalla (3-6, 7-6, 7-6). Un combate cuerpo a cuerpo que puede dejar heridas profundas en el balear. Vamos con la crónica.

Estaba Kyrgios en pista y, por tanto, la pregunta de siempre: ¿cuántas ganas de jugar tendría hoy el australiano? Habiendo enfrente una leyenda como Nadal, era fácil pensar que la motivación sí estaría hoy en su equipaje, aunque todo puede ser con este chico. Los primeros juegos fueron bien, correctos, apoyados en su gran servicio para llegar al 2-2. La conclusión habría que sacarla en el primer momento de crisis, el cual no tardó el llegar. Sirviendo para igualar a tres, Nick pasó de un 40-15 a un 40-40. Se confió, así que se inventó dos tiros que no tocaban y eso le costó el deuce. Tocaba remar más de la cuenta y por ahí no iba a pasar. O fácil, o nada. Obviamente, de allí saldría Nadal con el primer break del encuentro.

Apenas eran los primeros instantes de duda para Nick, se le notaba en el rostro que no era el jugador de las grandes tardes. Al menos, por ahora. Con ese break abajo se mantuvo en el parcial pero sin tener una sola oportunidad de recuperar la desventaja. Ya con el 6-3, la mitad del público comenzó a animarle, aunque rápidamente los vítores se volvieron a favor de su oponente. La gran mayoría de gente eran hinchas del manacorense, pero eso no quitaba que quisieran disfrutar de un buen partido. Ese sueño de los mexicanos iba a verse boicoteado al escuchar al de Canberra las palabras más inoportunas al llegar a su banquillo. “Me encuentro mal, pero no quiero retirarme. Voy a intentar jugar un par de juegos más”.

Algo no iba bien en el plan de Kyrgios y esta vez no era la cabeza. Cabizbajo, empapado en sudor, con el rostro lánguido y una mirada agotada, el australiano conversaba con el médico y el supervisor de la ATP acerca de sus dolencias. Su rodilla derecha tampoco pasaba por el mejor momento, demasiados inconvenientes para pensar que hoy podría tumbar al número 2 del mundo. Quizá por eso nos extrañó tanto (o no) verle saltar a pista en el segundo parcial y competir con todas las cartas sobre la mesa. ¡Incluso tuvo oportunidades de ruptura! Vamos, que el bueno de Nick… tan mal, tan mal, no estaba. Un 0-40 con 4-4 hizo presagiar que el final había llegado, hasta se paró en el fondo de la pista a tocarse la rodilla (justo ahora le volvía a doler), pero su talento y su valentía evitaron el desastre.

Kyrgios estaba vivo, había escapado de una situación definitiva y había forzado el tibreak del segundo parcial. Ahora corría como nunca, le pegaba duro y su cara reflejaba todo el ímpetu del mundo. ¿Estaba lesionado o no estaba lesionado? Lo que ocurrió en el desempate es difícil de entender, ver a Nick volando y resolviendo con tanta facilidad unos puntos de tanta responsabilidad mental. Sin despeinarse, 7-2, a lo grande. El hombre que insinuaba una retirada tras finalizar el primer set, ahora llevaba la batalla al tercer set. Pero antes, un masaje en pista del fisioterapeuta para recargar energía. Pero no en la rodilla, sino en la espalda.

Por lo tanto, a estas alturas del partido ya contábamos dolencias de Kyrgios en la rodilla, en la espalda, en su estómago y todavía faltaba un set para que nos sorprendiera con algo más. Con lo que ya no sorprendió es con su nivel de tenis. El nivel bueno, con el que ha sido capaz de vencer a todos los miembros del Big4 y con el que hoy estaba empezando a generar algo de ansiedad al español. Cinco pelotas de break se pasearon a favor de Rafa cuando dominaba por 3-2 en la tercera manga. Todas se escaparon. Crecía la ansiedad.

Lo que empezó siendo un partido descafeinado terminó con todo el mundo pegado a la televisión. Eran casi las 06:00 de la mañana en España y Rafa Nadal estaba a punto de ser eliminado en Acapulco. El tiebreak mantuvo toda la emoción del encuentro, pero fue Rafa quien antes se acercó a la meta. Era 6-3, un minibreak, tres bolas de partido. Todo parecía visto para sentencia, pero Nick se levantó una vez más para salvar las tres. El público no se lo podía creer; Carlos Moyá tampoco. Aquí es cuando Nadal se derrumbó para dejar paso a su lado más humana. Doble falta con 6-6. Después de 3h 3min, el de Canberra tenía una bola para citarse con Stan Wawrinka en cuartos de final. Y lo hizo. Saludo glaciar en la red, con el español quedándose a firmar autógrafos y el australiano señalando su oreja, pidiéndole cuentas al público presente. Dos maneras contrapuestas de entender este deporte.

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