Djokovic devora sin compasión a un Nadal lejos de su nivel

Triunfo contundente en tres mangas del serbio, infinitamente superior de principio a fin a un Nadal incapaz de encontrar sensaciones.

Novak Djokovic en Open de Australia 2019 contra Rafael Nadal. Foto: zimbio
Novak Djokovic en Open de Australia 2019 contra Rafael Nadal. Foto: zimbio

En el deporte ocurren cosas inexplicables y no siempre se cumplen los sueños, los anhelos y las expectativas. Los prolegómenos de la final del Open de Australia 2019 la marcaban como un partido histórico que asombraría a todo el planeta, un duelo de tú a tú que podría resolverse por pequeños detalles. La realidad fue otra radicalmente distinta. Hubo una brecha insalvable desde el primer punto del partido entre los dos contendientes. Novak Djokovic fue superior en cualquier vertiente del juego a un Rafael Nadal irreconocible, caricaturizado en su juego e incapaz de encontrar soluciones y hallar cualquier resquicio en el pétreo juego del serbio. 6-3 6-2 6-3 fue el resultado con el que el de Belgrado se proclama campeón del que ya es su 15º título de Grand Slam.

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¿Cómo explicar un partido así? Las estadísticas son apabullantes y pueden dar una idea de lo que ocurrió. Nadal no rompió el saque de Novak, tardó 1 horas y 45 minutos hasta disponer de una bola de break, y fue cuando iba dos sets abajo y break perdido en el tercero. Además, ganó trece puntos al resto en todo el encuentro. Se desprende una clara impotencia del balear, que fue mucho mayor a tenor de sus sensaciones en pista, esos intangibles que sacudían una asombrada Rod Laver Arena angustiada por la manera en que Djokovic dilapidaba cualquier opción del español. El balcánico salió al partido tremendamente concentrado, repleto de ritmo y velocidad de piernas. No le hacía ningún daño la pelota de su rival, era un mero placebo con el que Novak disfrutaba cambiando direcciones a su antojo, moviendo de lado a lado a su rival como si se trata de un títere y sacándole de su zona de confort en todo momento.

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En la primera manga, Novak sumó cuatro juegos en blanco al servicio y dejó escapar tan solo un punto al servicio. Daba la sensación de que el español se engancharía tarde o temprano al partido, ofreciendo una ligera mejoría con el servicio en el tramo final de dicho parcial, pero los errores no cesaron en el segundo set. Tuvo muy pocas oportunidades el español, falto de chispa en sus desplazamientos laterales e incapaz de asumir la iniciativa del punto. Su bola flotaba mientras que la de Djokovic percutía de manera inmisericorde, rasgando el aire con su velocidad y precisión. Mientras uno se desgañitaba para mantener la bola en pista, el otro jugaba apoyado y cómodo, sin remilgos para hacer dejadas como quien ejecuta un artificio por mero divertimento.

La situación era límite, pero la grandeza de Nadal radica en que todos los que estábamos viendo el partido, en nuestro fuero interno esperábamos una reacción del balear, a pesar de la clara sensación de inferioridad que transmitía respecto a Novak. Sin embargo, el balcánico dio un nuevo zarpazo al encuentro que se antojaba casi definitivo. Hizo break en los compases iniciales del tercer parcial, y siguió desplegando un juego catedralicio en el que parecía imposible encontrar un atisbo de duda. Lo hubo en el séptimo juego, cuando Rafa dispuso de una oportunidad de equilibrar el marcador, pero Djokovic sacó todo su carácter para escabullirse.

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Apretó los dientes el español, buscando el milagro en la recta final, pero salir de una situación tan en contra ante una leyenda como Novak Djokovic es casi una misión imposible, incluso para Rafael Nadal. El español dio una lección de actitud y humildad al no poner una mala cara ni buscar excusas a su mal rendimiento, pero el título se lo lleva el serbio con todo el merecimiento. Fue mucho mejor cuando había que serlo y recoge los frutos de su trabajo y dedicación. El Open de Australia 2019 tiene un dueño que se sigue postulando como un claro candidato a terminar su carrera como el mejor jugador de la historia.

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