Balance del tenis masculino español en 2018

Doce finales disputadas esta temporada, el dato más bajo de todo el siglo. De las doce finales, nueve títulos, el porcentaje de victoria más alto del siglo.

Rafa Nadal, el líder del tenis español un año más. Fuente: Getty
Rafa Nadal, el líder del tenis español un año más. Fuente: Getty

Hace ya semanas que terminó la temporada 2018, semanas en las que hemos ido haciendo pequeños y grandes repasos de lo sucedido en estos once meses de calendario tenístico. Hoy es momento de emitir un juicio acerca de lo que el tenis español masculino alcanzó este curso, o mejor dicho, aquello que no pudo alcanzar y que sí pudo en temporadas anteriores. El descenso en según qué parcelas es evidente, aunque la ilusión y el trabajo de todos los jugadores y Federación nos hacen soñar con volver a rescatar las mismas cifras de locura que llevamos arrastrando todo el siglo.

Pero tampoco nos volvamos locos, es verdad que hay síntomas para encender las alarmas pero, aun con ello, los datos dicen que seguimos siendo los mejores. España volvió a ser el país que más títulos cosechó en el tenis masculino individual esta temporada con 9 títulos. Por detrás, naciones incipientes como Rusia e Italia (quienes vienen haciendo muy bien las cosas) se quedaron con 6 entorchados. Pero no nos centremos en los demás, debemos mirar nuestro camino. Entre 2005 y 2018, solamente hubo dos calendarios en los que España no quedó primera de esta lista. Una fue en 2006 (Suiza) y la otra en 2015 (Serbia). O lo que es lo mismo, dos grandes años de Federer y Djokovic pudieron con todo. Nuestro país ha pasado de ganar 20 trofeos en 2010 a ganar 9 en 2018, un cambio considerable. Por no decir que los nueve de este año es nuestra cifra más baja desde 2004, donde ganamos uno menos.

Viniendo de unos números así, es normal que la auto exigencia se altísima, pero los datos nos están diciendo que debemos relajarnos. En 2018 solo cuatro de los nuestros lograron besa el oro: Roberto Bautista (Auckland y Dubái), Roberto Carballés (Quito), Pablo Andújar (Marrakech) y Rafael Nadal (Montecarlo, Barcelona, Roma, Roland Garros y Canadá). De hecho, el balear fue el último en abrir la lata para luego terminar siendo el que más coronas se iba a agenciar. Como casi siempre. Aquí la media también desciende respecto a años anteriores, pero la ecuación es clara: a menos españoles en las zonas altas de la tabla, menos títulos en sus arcas.

Si miramos al top10, Rafa Nadal vuelve a ser el único español en mantenerse en el primer vagón de la ATP, habiendo mantenido la primera plaza del ranking prácticamente hasta el último toque de campana. Aunque claro, Rafa lleva sin salir del top10 desde abril de 2005, así que no es Liga que merezca ser juzgada ahora mismo. El agujero lo encontramos después, más allá del top10, ya que en el top20 sigue siendo el de Manacor nuestra única carta. Tiempo atrás quedaron los calendario que terminaban con tres españoles entres los diez mejores del mundo, varias veces lo conseguimos, pocas veces lo valoramos.

En territorio Grand Slam, la dependencia sobre Rafa Nadal sigue siendo alarmante. El balear realizó una de las mejores temporadas de su carrera, pisando las semifinales en las cuatro grandes plazas y ganando su undécimo Roland Garros en el mes de junio. ¿Y si no hubiéramos tenido al balear, hasta dónde hubiésemos llegado? Pues no muy lejos, la verdad, ya que solo dos jugadores ajenos a Rafa lograron superar la primera semana de competición: Pablo Carreño en el Open de Australia y Fernando Verdasco en Roland Garros. Ambos se quedaron en una cuarta ronda que se ha puesto más cara que nunca. En los Masters 1000, de nuevo el manacorense dejó el listón alto para nuestro porvenir: tres finales y tres títulos: Montecarlo, Roma y Canadá.

Pero si hay un dato que preocupa, el dato que refleja que el tenis masculino español ha dado otro pequeño paso atrás, es el de finales disputadas. Doce finales, la cifra más baja en todo lo que va de siglo. Y sin embargo, no hay mal que por bien no venga, ya que de esas doce finales ganamos nueve, logrando el porcentaje de victorias en finales más alto en lo que va de siglo (75%). Las tres finales perdidas fueron las de Quito (Albert Ramos caía ante otro español, Carballés), Río (Fernando Verdasco no pudo con Schwartzman) y Gstaad (Bautista se vio sorprendido por el italiano Berrettini).

Tampoco la Copa Davis pudo regalarnos una última alegría ya que, pese a hacer vibrar a todo el país superando a la Alemania de Zverev en Valencia, con un David Ferrer renacido, meses después la cruda realidad se nos presentaría en Francia, cayendo de manera estrepitosa y pagando muy caro la ausencia de Rafa Nadal.

Mención especial para nuestras chicas del circuito WTA pese a que todavía no podamos contar con tantos registros debido a la escasez de jugadoras. Garbiñe Muguruza levantó en Monterrey el único título español del año, suficiente para entender lo mucho que nos cuesta ganar trofeos en este circuito. A las puertas se quedaron Carla en New Haven, Arruabarrena en Bogotá y la propia Garbiñe en Doha. Por lo tanto, apenas cuatro finales disputadas y un 25% de porcentaje en victorias. Por si fuera poco el golpe, la caída en el ranking de la hispano-venezolana nos dejaría sin presencia en el top10 después de tres temporadas consecutivas sin fallar.

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