WTA 2018 - Cuatro nuevas estaciones

El 2018 de la WTA volvió a repetir lo que en 2017 se consideró algo inusual: los cuatro Grand Slams se repartieron entre cuatro jugadoras diferentes.

Caroline Wozniacki. Foto: Getty
Caroline Wozniacki. Foto: Getty

Por segundo año consecutivo, el circuito femenino puede decir, como ocurrió en 2013, o como le ocurrió al circuito masculino en 2012 o 2014 como último ejemplo, que sus cuatro Grand Slams fueron ganados por cuatro jugadoras diferentes, una circunstancia que acentúa la sensación de que la ausencia de Serena Williams de los grandes títulos ha diversificado el espectro competitivo en favor de un constante relevo que no sorprendería si en 2019 ocurre algo igual. Los Grand Slams están teniendo muchas dueñas.

Pero además, los cuatro títulos los ganaron cuatro jugadoras diferentes a las que lo lograron un año antes. Nadie de 2017 repitió galardón en 2018. Si la temporada 2017, Serena Williams, Jelena Ostapenko, Garbiñe Muguruza y Sloane Stephens grabaron su nombre en cada trofeo, esta vez fueron Caroline Wozniacki, Simona Halep, Angelique Kerber y Naomi Osaka las que heredaron tal privilegio. Repasamos cómo fue el camino que llevó a estas cuatro jugadoras a cosechar semejantes triunfos.

Open de Australia: Para ser el primer grande del año, las últimas rondas dejaron un nivel absolutamente soberbio de tenis. Angelique Kerber, que comenzó la temporada a un nivel espectacular, mantuvo una batalla de enorme nivel con Simona Halep, que terminó llevándose la rumana en una maratón de tenis realmente emocionante. Por el otro lado, Caroline Wozniacki dio muestras de gran competitividad por fascículos, tanto en marcadores ajustados como en los más amplios. La historia del torneo, surgida de la final, iba a coronar por primera vez en su carrera a una de entre dos jugadoras extraordinarias. Simona y Caroline nunca habían levantado un título de Grand Slam, y el partido estuvo a la altura del acontecimiento, lo que además otorgaba a la danesa la cima del circuito. Título y número 1, Wozniacki daba completo sentido a su grandísima trayectoria profesional.

Roland Garros: 12 meses antes, una jovencísima e imponente Jelena Ostapenko, de la mano de Anabel Medina, se alzaba con el título en la superficie más lenta en base a un esquema de juego entendido como antípoda de lo establecido. Agresiva, impetuosa y poco contemplativa, la letona defendía un título desde un todo o nada muy propio de otras superficies o de otros perfiles. En la edición de 2018, fue nuevamente Simona Halep quien se concedía una nueva oportunidad para trascender definitivamente. Derrotando a Muguruza en la semifinal, Simona Halep se medía a Sloane Stephens, jugadora dificilísima de batir en los intercambios largos y deslizándose sobre arcilla. Cayendo en la primera manga, Halep se soltó toda la presión por ganar un grande, y logró lo que tanto había merecido hasta ese instante. Su unión con Darren Cahill, nacida para una foto así, cerraba el círculo. 2018 estaba siendo muy generoso con quienes tantas veces llamaron a la puerta.

Wimbledon: Giro de 180º grados en el circuito para llegar a Londres, donde no se tardaría mucho en perder a la defensora del título. Garbiñe Muguruza caía en segunda ronda, ante Alyson van Uytvanck, dando continuidad a unas dificultades que no logró la española solucionar posteriormente. Junto a ella, todas las grandes favoritas cayeron prematuramente: Halep, (3a ronda), Wozniacki (1a), Stephens (1a), Svitolina (1a), Kvitova (1a). Con esas vacante de por medio, apareció Serena Williams para reclamar una cita con la historia. La norteamericana buscaba su título número 24 de Grand Slam, después de haber sido madre y de contar con 36 años. La de Michigan se plantó en la final habiendo cedido un solo set, ante Giorgi, y todo parecía indicar que reencontrarse con el último paso, dada su capacidad para manejar esas situaciones, la proclamaría campeona, pero la alemana Angelique Kerber, que había dejado sensaciones extraordinarias durante otros tramos de la temporada, realizó una final impecable, razonando desde el juego una diferencia de ritmo competitivo y plenitud de facultades que pasaron factura a Serena.

US Open: La última gran cita del calendario Slam llegó en Nueva York, donde la pista rápida recuperó el favoritismo de algunos perfiles más secundarios en otras citas. Y la historia fue similar a lo que sucedió dos meses antes, solo que la vencedora fue aún más sorprendente. Naomi Osaka, una de las más grandes apariciones de los últimos años, por distinción y calidad, llegó a la final sin haberse medido con grandes cabezas de serie, una circunstancia que podía elevar la dificultad al chocar con una Serena Williams que había dejado verdaderas exhibiciones en rondas previas a la gran final. Pero como ocurriría en la final de Wimbledon, la menor de las Williams fue nuevamente superada. Convertida la final en una suerte de supeditación de lo que pasaría entre Serena y Carlos Ramos, y que dejó a Osaka fuera de foco en la ceremonia de entrega, el US Open cerró una temporada de Grand Slams y abrió la puerta del futuro a una jugadora llamada a conseguir todo lo que se proponga.

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