Goolagong merece un estadio

Hoy repasamos la carrera de Evonne Goolagong Cawley, campeona de 13 Grand Slams y una de las mejores jugadoras de tenis del siglo XX.

Evonne Goolagong en sus tiempos como jugadora. Fuente: Getty
Evonne Goolagong en sus tiempos como jugadora. Fuente: Getty

Pese a que actualmente vivimos la mejor época del tenis profesional, ya sea por el nivel de sus jugadores/as o por mediatización del propio deporte, hay algunos aficionados que no pueden olvidar (y menos mal que no lo hacen) lo sucedido en los años 70, 80 y 90. Era otra época, más divertida, menos controlada, más natural. Este martes nos apetecía refrescar la memoria de una de las grandes jugadoras de aquellos tiempos, una mujer que con los años se ha visto relegada a un segundo plano histórico debido a las enormes leyendas antes las que tuvo que luchar. Aunque tampoco luchó nunca por ocupar portadas. Hablamos de Evonne Goolagong, la aborigen de la raqueta.

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¿Quién fue Evonne Goolagong? Los que se ciñan solamente el ámbito de la competición, de sobra recordarán los 68 títulos conquistados o sus dos semanas como Nº1 del mundo. “Sunshine Supergirl”, le llegaron a apodar tras esos quince días en lo más alto. Sin embargo, esta joven de piel morena fue algo más que una gran campeona. Ella fue la primera y única aborigen australiana en alcanzar estos niveles de élite en el deporte mundial. A su estilo único, habilidad con la pelota y ese encanto despreocupado le acompañaban unas fuertes raíces con su propia historia.

Los Goolagong eran la única familia aborigen en Barrellan, su pequeña ciudad natal, donde se enseñaba que los blancos eran héroes y su propia gente eran salvajes. Eran los tiempos en los que Arthur Ashe ya intentaba concienciar acerca de la raza negra en el mundo del deporte, luchando ante el maldito apartheid que castigaba algunos países. El color importaba más de lo necesario y eso generaba controversias. Tanto que, tras su retirada, Goolagong decidió marcharse junto a su familia lejos de Barrellan, situando su nuevo hogar en Florida. Así hasta que la muerte de su madre en 1991 le hizo regresar a sus orígenes rumbo a Australia y reconectar con su ascendencia.

Muchos quizá se queden con sus 14 Grand Slams (siete en individual, seis en dobles y uno en mixtos). Recordarán con pena aquel US Open que siempre se le resistió y que le impidió completar la baraja completa. ¡Hasta cuatro finales llegó a perder en Nueva York! Se emocionarán con el debate acerca de su estancia en el Nº1 del mundo, acontecimiento que no se hizo oficial hasta 2007 debido a un error en el cómputo de puntos. O sonreirán contando su historia con el Open de Australia, torneo donde enlazó siete finales de manera consecutiva. Tuvo que perder las tres primeras (1971-1973) para acabar ganando cuatro del tirón. Tal era su clase que incluso en Rolad Garros, el Grand Slam donde menos participó, consiguió brillar con luz propia. En 17 años solo lo disputó cuatro veces: campeona en 1971, finalista en 1972, semifinales en 1973 y tercera ronda diez años después. Aquel, por cierto, sería su último viaje en torneos de este calibre.

Momentos y números para recordar, aunque lo realmente importante estaba sucediendo fuera de la cancha. Simbólico fue aquel viaje de Evonne con sus hijos de vuelta a Barrellan para enseñarles una gran lección. “Quiero que aprendan de su gente, no quiero que les pase lo que me pasó a mí y que no sepan absolutamente nada cuando sus abuelos se hayan ido”. Inmersa en múltiples organizaciones de ayuda en contra del racismo, Goolagong se erigió como una defensora de la diversidad, trabajando continuamente para mejorar la vida de estas personas. Este mismo año recibió el premio Philippe Chatrier, el galardón más prestigioso que se puede recibir de la ITF. Ella, nacida en Nueva Gales del Sur hace 67 años, al fin tenía entre manos un premio a su altura. Todos los periódicos se hacían eco de este reconocimiento en sus páginas… lástima que coincidiera con otra noticia de alcance.

Margaret Court, dueña de 24 Grand Slams en terreno individual, se pisaba su propio pie disparando en contra del colectivo LGTB y poniendo en su contra a toda la sociedad contemporánea. El tercer estadio en importancia del Open de Australia lleva su nombre, aunque en apenas unos días se inició la marcha para que esto cambiara. Billie Jean King, como siempre a la cabeza del cambio, pidió que se buscara un nuevo nombre para el estadio. Un nombre legendario, que haya marcado época, tanto dentro como fuera de la pista, capaz de demostrar su valía como persona y servir de ejemplo a las nuevas generaciones. Y si además fuera nativo de Australia, ponemos la guinda al pastel. ¿Están pensando lo mismo que yo?

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