Íñigo Cervantes, el guerrero irreductible

Tras una nueva visita al quirófano, el español explica el infierno por el que está pasado. “Tengo 29 años, pero he estado cuatro sin jugar por las lesiones”.

Íñigo Cervantes saludando tras su última intervención. Fuente: Punto de Break
Íñigo Cervantes saludando tras su última intervención. Fuente: Punto de Break

El de ayer no fue un día cualquiera para Íñigo Cervantes (Fuenterrabía, 1989). Inmerso en una nueva recuperación tras haber pasado por el quirófano hace un par de semanas, el tenista vasco tuvo que armarse de valor para soplar hace unas horas las 29 velas que le tocaban en su último cumpleaños. El hombre que llegó a rozar el top50 en la temporada 2016 es el mismo que hoy encontramos fuera de los mil primeros de la clasificación, sin jugar torneos desde el mes de mayo. ¿Por qué? Las malditas lesiones, como en el 99% de los casos. “Es mala suerte”, admite él mismo, ajustado ya en la rampa de lanzamiento de la ilusión, con la fe puesta en 2019. Punto de Break se sienta con el tenista irunés para escuchar una historia de superación constante que apostamos tenga un final feliz.

Recién operado, imagino que no es la situación soñada.

Las 48 horas después de la operación fueron las más duras, mucho dolor, pero es lo que tiene el post operatorio. Iremos a mejor.

Lesionado desde mayo, querías evitar el quirófano pero no ha podido ser. ¿Qué te han hecho exactamente?

Me han limado un pico de un hueso que me chocaba cada vez que golpeaba de derecha, además luego han encontrado roto el ligamento de la muñeca, estaba arrancado y lo han reinsertado, lo que hace que el proceso se ralentice un poco más. Necesito cinco semanas para ganar movilidad, aunque hasta dentro de un mes y medio no sabré bien los plazos.

Hablando en plata, ha sido un año muy jodido.

He jugado poquísimos torneos, la realidad es que en los dos últimos años no me he sentido nunca al 100%. A estos niveles, si no estás a tope se hace muy complicado. Ya en 2016, año donde jugué muchos torneos y estuve en el top100, acabé operándome la espalda de una hernia discal en diciembre, aunque ni siquiera lo hice público.

¿Y qué pasó al año siguiente?

En 2017 empecé a jugar en marzo y creo que fueron unos 6-7 meses en los que competí sin estar al 100%, terminé 300 y pico en la clasificación.

No era la mejor dinámica para arrancar 2018.

Este año empecé en febrero, hice una buena pretemporada pensando que la espalda estaba bien, pero en los pocos torneos que jugué pude ver que no, era imposible sentirme cómodo. De repente llega mayo y, sin haber tenido jamás un dolor en la muñeca, me pega un latigazo en un resto y enseguida noté que me había roto algo. No pude volver a coger la raqueta.

¿Cuál fue tu reacción?

Ir a ver a los mejores especialistas en temas de manos, brazos y muñecas. Hacerme mil pruebas de infiltración, gestionar las diferentes opiniones e intentar regresar cuanto antes. Tuve un par de amagos donde parecía que la recuperación estaba ya casi completa, pero a la que forzaba un poco volvían los dolores. Finalmente la solución era operarme, perdiéndome seis meses de este año… más lo que todavía me queda por delante. Mínimo, tres meses más.

¿Hay alguna explicación para tanta lesión? Parece un mal de ojo.

Eso mismo me he preguntado yo muchas veces, pero no he querido darle mucha importancia, intento pasar página. A nivel muscular, por ejemplo, nunca he tenido ningún problema, ninguna lesión, eso tiene su parte buena. Donde siempre he sufrido ha sido a nivel articular, pasando varias veces por quirófano y estando mucho tiempo parado.

¿Entonces?

Supongo que tendrá que ver con mi genética. Hay jugadores que a lo largo de su carrera apenas tienen lesiones, jugadores que nunca han tenido que pasar por el quirófano… y luego hay otros que lo conocemos demasiado bien.

Antes no era necesario cuidar tanto el físico. Ahora, por muy precavido que seas, tarde o temprano sale algo.

En mi caso, en los últimos 2-3 años siempre he intentado tener un preparador físico de altura, estando siempre en Academias de alto rendimiento y haciendo el trabajo físico pertinente, con otros compañeros de mi nivel que nunca han tenido lesiones. El deporte de alto rendimiento te exige lo máximo y yo, en ese aspecto, no he tenido suerte.

¿Piensas mucho en ese tiempo perdido?

Es una pena, la verdad. Con 29 años que tengo, igual cuatro años no los he jugado por culpa de las lesiones. Entre seis y siete veces me ha tocado ir a quirófano.

¿Y eso la cabeza cómo lo gestiona?

Estos dos últimos años me ha costado muchísimo aceptarlo. Venía ya de muchas lesiones y ha sido realmente duro, pero no quiero pensar más allá de los hechos. Mala suerte, punto. Estoy muy tranquilo con el trabajo que he hecho, con mis rutinas y mi preparación física, de hecho le suelo poner más atención a estos factores que otra gente. No me puedo reprochar nada.

Acabas el año fuera del top1000. ¿Te quita el sueño?

Sinceramente, es lo que menos me preocupa. Amo el tenis y me encanta jugar, el día que lo deje será por decisión propia y no por otro motivo. Además, siempre que las lesiones me han respetado, luego ha habido resultados, así que el ranking no es lo que más preocupa.

Tocará echar mano del ranking protegido.

Sí, me queda alrededor del 300, más o menos. Igual con las nuevas normas del año que viene tengo la opción de jugar algunos Challengers porque los cuadros van a ser más grandes. Empezaré jugando Futures y cuando vea que ya tengo algo de ritmo buscaré aprovechar ese ranking protegido para irme a los Challengers.

Es admirable tu discurso, te caes diez veces y te levantas once.

En el aspecto psicológico lo he pasado muy mal. Ésta la vez que peor, con muchísima diferencia. Con 22 años estaba 130 del mundo, me veía en un momento dulce para dar el salto al top100, pero me lesioné de las caderas, el astrágalo del pie y un codo. Tuve que parar durante un año y medio, no pude volver hasta los 24 años…

Lo costoso que es llegar y lo rápida que resulta la caída.

Volver a coger la forma es de las cosas más difíciles en deporte de alta competición. Lo hemos visto este año en el top10 con respecto al curso anterior: Nishikori, Raonic, Djokovic, Berdych, Murray, Wawrinka… Si para ellos es difícil volver, imagínate para un jugador como yo, que no soy ningún fenómeno.

Menos mal que después de aquella etapa te llegó el premio.

Sí, con 25-26 años acabé 72 del mundo, además de disfrutar de mis mejores experiencias en 2016. Recuerdo hacer semifinales en ATP 250, pero también de ganar partidos en ATP 500 o en Masters 1000. Creo que nunca llegué a tocar mi techo, estaba en una buena dinámica y con mucho margen de mejora. Te juro que, después de pasar por tantos momentos malos, jamás pensaba en la opción de que podía volver a lesionarme.

¿El recuerdo de ese 2016 puede con todo lo demás?

Disfruté de esos cinco primeros meses de 2016, pero es que los últimos 4-5 meses ya no pude jugar ni a un 60% de mis capacidades. Fue muy dura la caída, ver cómo ya no entraba directamente en los Grand Slams, o en los ATP 500. A nivel económico también era una oportunidad muy buena para coger los frutos que no había alcanzado en años anteriores, por eso también duele el tiempo perdido. Sé que hay 100.000 cosas peores que te pueden ocurrir en esta vida, obviamente, pero en lo personal uno se pregunta: ¿por qué me tiene que pasar esto otra vez?

¿Cómo va la mochila de la ilusión?

Si yo me recupero y me pongo al 100%, las ganas me vuelven al momento. Estoy con ganas de intentarlo, quiero darle la vuelta una vez más, como he hecho siempre. Soy muy cabezón (risas).

¿Tienes ya tripulación para 2019?

El físico lo estoy haciendo con Mariano Antecillas, en su día preparador físico de Albert Costa y Carlos Moyá. Empezamos a trabajar esta temporada y estoy muy contento con él.

¿Y entrenador?

Estoy sin entrenador. Por mi situación, entiendo que es muy difícil comprometerse, sobre todo por el aspecto económico. Son muchos meses sin ingresos y se hace complicado mantener a alguien. Ahora mismo tampoco me preocupa, en el momento que me vea bien y suba de ranking será el momento de pensar en alguien y volver a invertir. El aspecto físico lo tengo cubierto y eso es lo más importante ahora mismo.

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