McKenzie McDonald, el talento universitario que ha roto moldes en 2018

El estadounidense de 23 años ha dado el salto al profesionalismo de la mano de Wayne Ferreira, mejorando en casi 100 posiciones su ranking.

McKenzie McDonald en 2018. Foto: zimbio
McKenzie McDonald en 2018. Foto: zimbio

Cada temporada ofrece nuevos alicientes, jugadores de muy diverso estilo que surgen de la nada y comienzan a labrarse un hueco en la élite. Quizá no estén llamados a la gloria que supone luchar por grandes títulos, pero son parte vital del éxito del circuito ATP y se erigen en rivales a tener en cuenta, tanto en el presente como en el futuro. Un caso particular que ha llamado la atención en este 2018 es el de McKenzie McDonald, y no es por su carnívoro apellido. A sus 23 años, el californiano irrumpió cual tsunami y se ha consolidado en el top-100 a base de trabajo, madurez e inteligencia en pista, virtudes todas ellas adquiridas y desarrolladas en un entorno tan interesante como es el circuito universitario estadounidense.

"Estoy entusiasmado con la temporada que he tenido. Quiero seguir creciendo como jugador, y la meta de poder alcanzar el top-50 en el 2019 me ilusiona mucho", argumenta el pupilo de Wayne Ferreira. "McKenzie es un chico que se mueve muy bien, golpea bien desde todas posiciones y es un gran competidor. No es grande, no tiene facilidad para obtener puntos gratis con el servicio, pero se erige en una roca de fondo de pista y sabe estructurar su tenis. Su mejora en el servicio ha sido clave, hemos hecho que se tirara la pelota más adelante, incrementando la velocidad de su servicio y permitiéndole llevar la iniciativa", reflexiona el sudafricano, que llegó a ser número 6 del mundo en el 1995.

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Se dio a conocer en el Open de Australia 2018, cuando logró pasar la fase previa, derrotar a Elias Ymer en primera ronda y plantear un partido trama a Grigor Dimitrov. El búlgaro tuvo que recurrir a la quinta manga, ganando por 8-6 para deshacerse de un McDonald que ofreció una gran versión. Lo que fue visto por muchos como un mal día en la oficina del búlgaro y una inspiración casual de McDonald, terminó siendo el aviso a navegantes lanzado por un hombre criado deportivamente en UCLA, y que a la siguiente semana llegó a la final del Challenger de Dallas, donde fue derrotado por Nishikori.

"Para mí ha sido determinante jugar torneos Challengers. Me permitieron mejorar mi ranking y coger la confianza necesaria para disputar buenos torneos en la fase final de año", asevera un hombre que se proclamó campeón en el Challenger de Seúl, suprimiendo de su agenda la gira sobre tierra batida y centrándose en su clasificación para Wimbledon, donde cuajó una actuación memorable, llegando a octavos de final tras vencer a Berankis, Jarry y Pella. "Me impactó mucho jugar en Wimbledon, jugué muy nervioso porque el escenario impresiona, pero encontré la fórmula para ganar partidos. Empecé a presionarme a mí mismo y fue una gran experiencia enfrentarme a un sacador de la talla de Milos Raonic. Competí muy bien, fue un torneo inolvidable", asevera un hombre que exploró sus límites en el Masters 1000 Shanghái 2018, venciendo al canadiense y tomándose su revancha particular.

McDonald estuvo tres años compitiendo en la NCAA, en un alarde de paciencia y humildad al postergar su salto al profesionalismo. "Fue una decisión que cambió mi vida. Tuve una gran educación, me vi involucrado en un proyecto de equipo y maduré mucho. El tercer año era consciente de que tenía la capacidad de ser ya profesional, pero decidí tomarme una temporada más para trabajar duro y llegar con más confianza en mí mismo al circuito", comenta en Tennis.com un McKenzie que sintió el salto de calidad que supone pasar al profesionalismo. "Perdí mis cinco partidos y sentí que tenía que redoblar esfuerzos. El 2017 fue un año de ajustes, que han tenido su premio esta temporada".

Una de las experiencias más enriquecedoras para el norteamericano fue la de enfrentarse a Andy Murray, en el torneo de Washington. Fue un partido vibrante resuelto en tres mangas en favor del británico. "Me hizo ver que puedo competir contra los mejores. Tuve una gran oportunidad de ganarle que se me escapó por poco, pero aprendí mucho de eso. La verdad es que siento que no hay nada que no esté capacitado para hacer. Me encantaría llegar algún día al top-10 y ganar un Masters 1000. Sé que me queda mucho y quiero ir a paso a paso". Apabullante confianza la de un McKenzie McDonald que dará mucho de qué hablar en 2019 si es capaz de seguir evolucionando como jugador.

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