Corretja, Moyà y aquel invierno alemán de 1998

20 años después de la final del Masters en Hannover, Àlex Corretja y Carlos Moyà sentaron las bases de un tenis diferente para España.

Àlex Corretja y Carlos Moyà. Foto: Masters Cup 1998
Àlex Corretja y Carlos Moyà. Foto: Masters Cup 1998

La hemeroteca y la memoria cuentan principalmente lo más relevante. Dos tenistas españoles, finalistas de Roland Garros meses antes del mismo año, la superficie que dio sentido al despegue del tenis español, se encontraban en el invierno de 1998 en Hannover, en pista cubierta, para levantar un título que no por aquel entonces "no le correspondía" al país que había dominado el intercambio largo, la ténica para deslizarse, el golpe liftado y la capacidad para golpear una pelota más, con la mano y con la mente. Pero más allá del hecho, trascendente como pocos en lo que ha sido el tenis en España en estas dos últimas décadas, caben destacar muchas más cosas.

Rodeados de auténticos especialistas en pistas tan veloces y estilos muy directos, Carlos Moyà y Alex Corretja, rivales de la final pero socios de la idea que se gestó en aquel momento, quedaron encuadrados en diferentes grupos. El exnúmero 1 del mundo quedó agrupado junto a Pete Sampras, Karol Kucera y Yevgeny Kafelnikov, siendo tres de los cuatro campeones de Grand Slam. Por su parte, el jugador catalán se cruzó con Marcelo Ríos, André Agassi y Tim Henman. Los dos primeros se retirarían comenzado el torneo, dando paso a Albert Costa y Greg Rusedski.

El certamen, ya conocido como ATP Tour World Tour Championships, vio a Sampras, el gran dominador de la década en canchas duras, someter con firmeza al grupo, hasta sumar un 3-0 inapelable, sin dejarse sets por el camino. Por detrás, 'Charly', que había sido finalista en Australia en el 97 y que representaba el primer renglón distinto en muchos años al máximo nivel en España, sumando una derecha y un servicio muy potentes y capaces de rendir ante grandes sacadores, se clasificaba con un 2-1 venciendo a eslovaco y ruso.

En el otro grupo, Corretja cayó con Henman, pero venció a Agassi y a Costa para plantarse también en semifinales. La diferencia de sets con el británico le otorgaba el primer puesto: no se cruzaría con Moyà. Ya de por sí aquel contexto, con Albert Costa sumando un tercer representante, diferenciaba al pasado del tenis en España para germinar lo que estaba por llegar, una nación que se convertiría en la gran potencia mundial durante varios años del siglo XXI. Pero la clasificación a semifinales de Corretja y Moyà era sólo el principio.

Corretja chocaba con Sampras. El temible Pete Sampras, que vencía el primer set para sumar un 7-0 en el contador en el torneo. Sin embargo, Corretja esperó su momento. El tenis de Alex siempre había incomodado al de Washington: Àlex podía variar alturas, bajarle el ritmo a la pelota, ponerla en pista un mayor número de veces y dominar el tempo con su revés cortado o su liftado angulado. Sampras, que era un genio golpeando con su drive en carrera, comenzó a sentirse incómodo. Corretja daba la vuelta a la situación, salvaba tres bolas de partido y se colaba, contra todo pronóstico, en la final de las Finales ATP.

Moyà, por su parte, también tendría un duro encuentro ante Henman, decidido también a tres mangas. El mallorquín se citaba con Corretja en una final inédita. Nunca dos españoles luchaban por semejante logro, y era la tercera y última vez que dos miembros del mismo país, tras 1991 (Sampras vs Courier) y 1978 (McEnroe vs Ashe), portaba la misma bandera a los dos lados de la red. Lo cierto es que a la altura de la relevancia y el valor conceptual, inspirador y profético que tendría para el tenis español, estuvo la calidad y la emoción del partido.

La final, jugada a cinco sets, arrancó como se dio la final de Roland garros, con ventaja para Moyà, por 2-0. El mallorquín dominaba la posición y el ritmo del choque. Se notaba cierto recuerdo de lo ocurrido en París, donde Corretja compitió atenazado. Pero desde ahí se narró un final muchísimo más diferente. Corretja se hizo con el tercer y cuarto set. El quinto, definitivo mereció un capítulo aparte. En él, Moyà, que estaba realmente cansado y con molestias, logró ponerse por delante con un break, 3-1. Corretja empataría a tres. Con 4-4, el posterior campeón rompió en blanco y sacó para llevarse el título. El catalán, que tuvo punto de partido con su saque, cedió su servicio. 5-5. Sería el último pulso a un choque que finalizó con Àlex haciéndose con el título más importante de su trayectoria, el que nunca cambiaría, como diría tiempo después, por un Grand Slam.

Corretja vio clara la diferencia con respecto a París, verbalizada después con su habitual elocuencia. "La diferencia entre lo de hoy y lo que ocurrió en Roland Garros es que en esta final nunca me ví perdedor. Allí, de verdad, lo único que quería tras perder los dos primeros sets era saltar la red y abrazarle. Hoy, no. Hoy quería salir de la pista como ganador. Y lo conseguí”.

Pero Corretja no sólo consiguió un título, sino, junto a Carlos, iniciar un nuevo tiempo y una nueva relación con el juego entendido más allá de la tierra batida.

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