Un día en la vida de David Nalbandian

Se cumplen 13 años de uno de los mejores partidos de todos los tiempos, el que midió a Nalbandian con Federer en Shanghai 2005

David Nalbandian. Foto: ATP
David Nalbandian. Foto: ATP

La historia guarda un capítulo final que queda para el recuerdo. Imborrable, la final de la que se cumplen hoy 13 años, que vio a David Nalbandián levantar la Copa de Maestros de 2005, la que mejor expresó su incondicional talento y su condicionada competitvidad, caló por la inconmensurable calidad de dos genios irrepetibles que se citaron bajo el techo del Qi Zhong de Shanghai con tal de ganar un trofeo que se quedó pequeño ante la calidad de la final. Probablemente todo quedó chico ante lo vivido a nivel tenístico, pero la historia tuvo muchas más cosas para ser recordada.

Aquella final fue del todo inusual para David Nalbandián. Empezando por el principio, respetando la cronología, sin posicionar los episodios en escala de valor, el argentino no tenía plaza directa para Shanghai. David no fue uno de los ocho mejores. De hecho, no fue ni uno de los diez mejores. Nalbandián terminó la temporada en 11ª posición, pero fueron ocurriendo una serie de sucesos que aceleraron su presencia.

Marat Safin, que se había clasificado por ganar el Open de Australia, argumentó no haberse recuperado de una lesión, cediendo su plaza a Ivan Ljubicic. En paralelo, Hewitt esperaba el nacimiento de su hijo, y decidió no acudir a China, lugar que ocupó Gastón Gaudio. Y Andy Roddick, con una lesión de espalda, no podía tampoco participar. Nadal y Agassi, además, se bajaron del torneo en mitad del mismo, dando entrada a Mariano Puerta y Nikolay Davydenko. Edición realmente accidentada. La ATP contactó entonces con Nalbandían, quien al no ser reserva, había empezado sus vacaciones. De pesca por su tierra, sin haberse entrenado en varias semanas, David decidió acudir a Shanghai.

Así, el de Córdoba se presentó en tierras asiáticas, entrando en el grupo de Ljubicic, Federer y Coria. Perdió con el suizo y tuvo complicada la clasificación, pero no tardó en unir talento con las prisas competitivas por ganar sin margen de error. El argentino no podía perder, y se lo tomó al pie de la letra. Consta la final como un partido mayúsculo, legendario, sin embargo, el impresionante nivel ofrecido por David ante el croata y ante Coria le permitió clasificarse junto a un Federer que llegaba con molestias de tobillo pero que pasó con un 3-0, cediendo un parcial en cada partido. En las semifinales, el de Basilea dejó mudo a Gaudio y espectadores, endosando al 'Gato' un doble 6-0. David completaba su hoja de ruta con victoria sobre Davydenko.

Federer, que ya acumulaba seis torneos del Grand Slam, que ya había sido maestro, sumaba 24 finales consecutivas ganando (desde Gstaad 2003) y una racha de 35 victorias seguidas en el circuito (desde las semifinales de Roland Garros ante Nadal). Como colofón, se adelantaba el número 1 del mundo por dos sets a cero. El resto, por supuesto, es la mejor historia contada por David Nalbandián.

El sudamericano se haría con diez juegos consecutivos entre el tercer y cuarto parcial, rompió hasta en once ocasiones el saque de Federer, récord de un jugador ante Roger, y se metió en la mente del helvético y en la esencia del tenis para dejar por legado uno de los mejores partidos de todos los tiempos, obrado bajo la rapídisima pista de Shanghai, que vio a dos jugadores volar con una raqueta en la mano y ofrecer un compendio de malabares y delicados golpes para conformar un partido único.

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