Djokovic demuestra quién manda aquí

Victoria en tres horas del serbio sobre Roger Federer para avanzar a su cuarta final consecutiva, la quinta que disputa en París-Bercy.

Cuarta victoria consecutiva de Djokovic sobre Federer. Fuente: Getty
Cuarta victoria consecutiva de Djokovic sobre Federer. Fuente: Getty

Siempre lo decimos, ojalá el tenis permitiera alguna vez que ganaran los dos jugadores. Un empate, una prórroga, lo que se con tal de no ver al 50% del show marchándose cabizbajo después de haberlo dado todo en pista. Hoy en París-Bercy le tocó a Roger Federer la parte oscura de esta moneda y a Novak Djokovic la más amable, vencedor por cuarta ocasión consecutiva ante el suizo (7-6, 5-7, 7-6) y estirando una racha de victorias consecutivas que van ya por 22. Nadie puede parar al de Belgrado, quien no pierde un partido desde Canadá y buscará mañana contra Karen Khachanov levantar su quinta corona seguida.

Vayamos con el partido. Más de una hora hizo falta para dirimir el primer set entre Djokovic y Federer. Más de una hora en la que ambos tenistas demostraron por qué son las dos raquetas más en forma del momento, solo que con una mínima diferencia que hace que la balanza siempre se decante un gradito más a favor del balcánico. No hay explicación técnica, tampoco espiritual, pero es así. Cuando Djokovic siente la bola y disfruta de su momento de gracia, hace falta un milagro para sacarlo del camino. El helvético firmó un parcial notable, sólido con su servicio, fuerte de cabeza en momentos clave e incluso dominante en un tiebreak dramático. Llegó a ir arriba 2-0, 4-2 y 7-6. Sí, con bola de set a favor. Pero el desenlace de aquella manga iba a ir a parar a favor de su adversario, quien se aprovechaba en la recta final de dos errores inoportunos para levantar a toda la grada de un grito.

El duelo estaba abierto, con opciones para ambos, entretenido gracias a las ganas que ambos tenían de hacer jugar al rival, aunque esas alas libres sin miedo se iban poco a poco recogiendo con el paso de los juegos, revelando que por dentro había mucho en juego como para competir alegremente y sin un esquema fijo en la cabeza. El inicio del segundo set nos empujó a la idea de que un segundo disparo del tenista de Belgrado podía ser definitivo, quizá por eso tardaron casi diez minutos en resolver los dos primeros juegos. Alta tensión bajo la bóveda de francesa en el duelo número 47 entre estas dos leyendas. Aquí en Bercy, la estadística solo contaba con un antecedente, la remontada de Nole en las semifinales de 2013. Quién sabe, puede que hoy viéramos la historia con los papeles intercambiados.

Un suponer que, a cada juego que pasaba, se volvía más utópico. Djokovic salió reforzado del primer parcial y empezó a ganar sus juegos con inusitada rapidez, pero no por errores de Roger, sino por esa técnica del parabrisas que acabó por fundir al suizo. De un lado a otro, el de Belgrado fue sacando de quicio a un Federer que empezó a pagar, justo en ese instante, la primera crisis de la semana. Las piernas llegaban medio segundo tarde, sus golpes no superaban la red, hasta nos dejó algún grito de cabreo en sus paseos en el fondo de la pista. Si le entraba el primer saque y empujaba hacia la red, entonces no había problema. Pero si Novak metía dos bolas en pista, aparecían los fantasmas. Solo sacando su talento más puro en esos juegos intermedios tan peligrosos pudo Roger situarse 4-3 arriba, dándose un respiro para centrarse al máximo en la recta final del set.

Volvió la intensidad, los juegos largos, los 0-30 que te traen dudas, los aces que te las quitan, una espiral de idas y venidas que obligaba a Federer a seguir sumando minutos en las piernas sin saber si al final de la velada tendría premio. No olvidemos que en el hotel, descansaba ya desde hace horas el hipotético rival de mañana, quince años más joven que el suizo. Pero Roger no estaba pensando en esto, sino en lo bonito que sería darle un susto al serbio dos días antes de su regreso a lo más alto del ranking. Aunque solo fuera por demostrarse a sí mismo que todavía podía jugarle de tú a tú al mejor del mundo. Fue este orgullo de campeón y una estrategia mucho más agresiva la que pusieron contras las cuerdas a Novak cuando sacaba para igualar a seis. No, esta vez no veríamos otro tiebreak, esta vez el de Basilea acabaría antes la jugada. Nos íbamos al tercer set y el público no podía estar más contento.

La mente había llevado a Federer a digievolucionar, como si fuera una criatura digital Ahora volaba, dominaba, mandaba en la pista. Por su parte, Novak seguía sin saber cómo diablos romperle el saque a su oponente. Pasaban los juegos, sufriendo como nunca desde el resto, viendo un 0-12 de parcial en bolas de break. La estadística era increíble y el desembarco en un nuevo tiebreak, esta vez no se iban a librar, le obligaba al serbio a terminar la jornada sin hacer un quiebre. Quizá no hiciera falta, ya que Federer vio cómo todo su trabajo se hacía añicos en un desempate horrible donde solamente encontró errores no forzados. El reloj superaba las tres horas de partido, pero en apenas tres minutos, Djokovic ya dominaba 5-1 el tiebreak. Pasó el tren para Roger, el de Belgrado acababa de llegar a la estación de la regularidad. Un nuevo triunfo, 22 seguidos, y cita con Khachanov por el trono en Bercy.

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