Una locura de récord

Leonardo Parra, entrenador de 42 años, sorprende al mundo al realizar el entrenamiento de tenis más largo de la historia: 48 horas sin parar.

Leonardo Parra posa con el récord que le ha hecho pasar a la historia. Fuente: Leo Parra
Leonardo Parra posa con el récord que le ha hecho pasar a la historia. Fuente: Leo Parra

Rápido, sin pensar, díganme un par de tenistas irlandeses. Difícil, ¿verdad? Muchos se preguntan cómo es posible que con casi 5 millones de habitantes no tengan ningún jugador profesional entre los 600 primeros. Eso mismo pensó Leonardo Parra (Venezuela, 1976), mientras desarrollaba su ejercicio en Alicante, ciudad donde llevaba trabajando más de una década. Tanto lo pensó que prefirió poner rumbo a Irlanda para provocar allí la expansión del ADN de nuestro país, un programa que llamó el Spanish Tennis Way. Pero a su duro trabajo no acompañaba ni la meteorología, ni el apoyo económico, ni el interés de un país donde el tenis es el 17º deporte más popular. Hacía falta algo más, un puñetazo sobre la mesa que hiciera retumbar hasta el propio libro Guinness de los Récords.

Así fue como Leo se propuso lo que en España llamamos predicar con el ejemplo. ¿Qué mejor manera de demostrar el sistema español que con un ejercicio de sacrifico, voluntad y pasión que quedara grabado para siempre? Algo así como dar la clase de tenis más larga de la historia. Nuestro protagonista se puso manos a la obra y contactó con las oficinas de Guinness Wolrd Records en el mes de mayo, aunque no obtuvo respuesta hasta agosto. Le propusieron una clase de tenis que durara 24 horas, un día entero. Pero esto sabía a poco, demasiado fácil de igualar o incluso superar. “Quiero hacer una de 48 horas”. Sin pensarlo, las locuras si se hacen, se hacen bien. Leo utilizó las tres pistas de tierra batida artificial del Bushy Park Tennis & Padel Club (Dublín) y a las 09:30 del viernes 14 de septiembre comenzó una relación íntima con el libro Guinness de los Récords. Por delante, una aventura que no sabía si podría terminar.

Por las pistas pasaron casi 300 personas, siendo los alumnos de todas los niveles posibles: desde niños principiantes hasta deportistas de élite. Sería bonito contar que todo fue divino, que no hubo ningún contratiempo, pero Leo tuvo que hacer frente a varios factores adversos. Como por ejemplo el hambre, basando su alimentación en snacks, barritas de alimentación o pollo. En algún momento se le vio jugando con la raqueta en una mano y un bote de nutella en la otra. Nada de bebidas energéticas, aunque en la noche sí que cayeron cuatro o cinco cafés. Por momentos el cuerpo comenzó a flaquear, pero justo ahí sacó la rabia y mediante algo tan básico como pegar gritos iba recuperando la energía.

“Al final es todo mental, cuando tienes un compromiso como éste, con tanta gente detrás, lo haces sea como sea”, confiesa Parra, quien no pisó el baño hasta haber pasado las primeras 16 horas. Ah, ¿pero se permitían los descansos? Se permitían los descansos. Según los oficiales de Guinness World Récords, Leo tenía derecho a un parón de cinco minutos por cada vuelta al reloj. Una opción que el técnico prefirió ir acumulando para destinarlo a cinco descansos únicos de 20 minutos cada uno. Pero no crean que utilizaba los descansos para sentarse. Bien se le veía calentando, dialogando con la gente e incluso fotografiarse con el público que se empezaba a generar a su alrededor. En total, fueron más de 46 horas de pie enfocado continuamente por una cámara que vigilaba cada paso que daba.

“La cámara me enfocaba todo el rato, cada hora, cada golpe. Hasta en los descansos. Hubo veces que me acercaba a ella y le contaba lo que estábamos haciendo o lo que estaba pensando en ese momento”, afirma el venezolano después de haber utilizado unos cuatro carritos de pelotas de tenis por hora. Cada carrito, unas 195 bolas. Para los amantes de los números, cerca de 36.000 bolas repartidas en 46 horas. “Cuando llegué a las 30 horas me estaba durmiendo, pero es la adrenalina la que te mantiene vivo: si te paras, mueres”, reconoce tras haber superado un reto que considera “más mental que físico”, aunque la broma le haya hecho perder cuatro kilos de peso en dos días.

“El momento más duro fue durante la noche, cuando apareció una lluvia torrencial que duró cerca de tres horas. Ahí se juntó la lluvia, el viento y el frío. Esos picos nocturnos fueron los más duros”, asegura Leonardo. Inolvidable será ese último minuto, justo cuando el reloj casi marcaba las 48 horas del domingo 16 de septiembre más especial de su vida. “Había tanta gente mirándome que pensé ‘¡Yo aguanto más!’ Luego miré el panel y me dije: Madre mía, 48 horas… ¡esto solo lo hace un loco!”.

¿Y cómo le fue al día siguiente? “La gente cree que me pasé durmiendo todo el día, pero la verdad es que tan solo descansé durante cinco horas. Era el cumpleaños de mi hija y no me lo podía perder”, manifiesta el también padre de familia. Curioso fue también ver las reacciones del mundo del tenis a raíz de su nuevo récord. “Me llamaron de Estados Unidos para una promoción televisiva, me propusieron que lo hiciera de nuevo pero que dejara el récord en 50 horas. Hubo otro hombre que contactó conmigo y me amenazó con hacer 49 horas. Que lo haga si quiere, al día siguiente haré yo 60h”, bromea Leo, dueño de un récord que ahora tendrá que defender.

Pero todo este show vestido de gesta deportiva tiene un trasfondo mucho más importante que el de marcar un nuevo Récord Guinness. “Ahora los niños no me dicen ‘ni mu’. Después de haber estado entrenando 48 horas seguidas, ¿cómo se me van a quejar por pedirles que corran kilómetro y medio? Lo que he querido demostrar con esto es que, si se quiere, se puede. Y ahí estaré yo para ayudarte, pero primero tienes que querer. Esto es lo que representa al tenis español. Lo que yo vendo es una actitud, es sacrificio, es determinación, por eso España ha tenido tantos grandes campeones a lo largo de su historia”. Una historia grandiosa que además donará los fondos recolectados para obras sociales. Gracias a Leonardo Parra, hoy estamos un poco más cerca de encontrar un tenista irlandés entre los cien primeros del mundo.

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