Un pasito más para Nole

El jugador balcánico derrota a Tennys Sandgren en cuatro mangas para instalarse entre los 32 mejores jugadores de este US Open 2018.

Novak Djokovic. Foto: Getty
Novak Djokovic. Foto: Getty

Compostura es una palabra que representa, junto a muchas otras, el carácter y juego de Novak Djokovic. Y hoy, en su encuentro de segunda ronda ante Tennys Sandgren, el de Belgrado sacó a relucir dicha virtud para conformar un partido que fue ampliamente dominado por su raqueta a excepción de un tramo en el que el estadounidense se abalanzó al vacío hasta romper la pelota. Antes y después, con el marcador refleajndo fielmente lo sucedido, Nole fue siempre un Nole tranquilo, firme y contundente (6-1 6-3 6-7 6-2).

Es Sandgren uno de esos perfiles que Djokovic trata con aplomo y mano izquierda para templar, domar y dominar desde el fondo de pista. En la gigante Arthur Ashe, el serbio no duda en arrancar mezclando la velocidad de crucero y el giro de timón para calmarse entre las aguas de un rival que vive más cómodo en el todo o nada, con el tenis agresivo, frontal y decidido. El exnúmero 1 del mundo planta los dos pies sobre la línea como medida reconocible de su tenis pero también preventiva ante la amenaza de lo que se le vendrá posteriormente.

Moviendo a su rival con bolas altas y mucho juego paralelo, sin bolas a media pista, Djokovic aleja a Sandgren de su mejor virtud, que es atacar de manera directa desde todo punto de la pista. Moviendo su posición, Tennys toma más riesgos de la cuenta, sabedor de que necesita jugársela mucho para abrir la defensa del serbio. Dicha retaguardia está bien apuntalada en los dos primeros parciales, que Djokovic hace suyos con un equlibrio perteneciente al nivel que busca imprimir a su andadura.

Es, sin embargo, la tercera manga, donde sucede lo más interesante a nivel de emoción en el choque. Sigue dominando el serbio, pero Sandgren, ciego por momentos en su ofensiva, buscando las líneas con una encomiable valentía, derrocha energía y calienta el ambiente hasta salvar una bola de partido, llevar el choque al tie break y allí, desatado, frenético, realiza un tie break febril, repleto de golpes ganadores y zambombazos ilimitados hasta cerrar el puño y anotarse la manga.

No tendría continuidad en el partido semejante acto de despreocupación, pues prolongar en el tiempo tal nivel de acierto se antoja dificilísimo ante un tipo como Djokovic, que rompe con prontitud y desde arriba no deja que le remonten. Con mucha mejor sensación física que en primera ronda ante Fucsovics, sin tantísimo calor aunque con gran humedad, Djokovic endereza la nave y pone rumbo al horizonte para el que ha fijado destino.

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