Nadal no entiende de regalos

El español levanta su 33º Masters 1000 y arruina la fiesta de cumpleaños de Tsitsipas. Cinco finales disputadas este año, cinco victorias para Rafa.

Rafa Nadal, campeón en Toronto. Fuente: Getty
Rafa Nadal, campeón en Toronto. Fuente: Getty

Stefanos Tsitsipas soplará las velas esta noche con la sensación de estar todavía muy lejos de que se cumpla su sueño. Llegar a la élite está cada vez más cerca (mañana será top15), pero competir ante ella es una misión todavía por abarcar. Este domingo en Toronto le tocó a Rafa Nadal arruinarle al griego el aniversario por medio de una clase magistral que solo encontró lagunas en el último tramo (6-2, 7-6). La dificultad fue creciendo pero no llegó a pillar al balear, que apostó por una estrategia muy clara para sumar su quinto título de la temporada en tantas finales disputadas, su cuarto trofeo en Canadá y su 80º entorchado como profesional. Números que nos toca actualizar cada mes debido a que esta bestia del deporte no se cansa de agrandar su leyenda.

Muchos llegábamos con el hype por las nubes pensando en que hoy podríamos tener un bonito duelo generacional en la pista central del Masters 1000 de Toronto. El número 1 del mundo, Rafa Nadal, se enfrentaba ante la gran revelación de la semana, el hombre capaz de tumbar a cuatro top10 de manera consecutiva, el ‘matagigantes’ Stefanos Tsitsipas. Pero la ilusión no duró poco, concretamente, 34 minutos de reloj. Lo que tardó el español en repartir los papeles de la película, entre los que se encontraba el de claro ganador y el de perdedor falto de experiencia. Y ponemos este escudo por no decir que el balear fue tremendamente superior a su oponente, pero también valdría.

Rafa sacó su versión más sólido para hundir al griego que hoy cumplía 20 años pero que no guardará un bonito recuerdo de lo sucedido hoy sobre la pista. Ganando todos los puntos con primer servicio, atando dos de las cinco oportunidades de break que le entregaron y haciéndose imbatible cuando los intercambios superaban los cinco golpes, Nadal firmó un primer parcial de escándalo, un 6-2 que bien pudo haber sido más amplio pero que se quedó ahí, con la sensación de que los espectadores hoy verían una función muy parecida a la ofrecida en el Conde de Godó hace cuatro meses.

Arrancó la segunda manga y a lo único que podía agarrarse Tsitsipas era a la última bala, salir a pista con todo perdido a probar su tenis más ofensivo, sin miedo a recibir el repaso que ya había sufrido en el primer set. Pero ni con esas, el griego seguía bloqueado, perdido en sistema e incapaz de hacerle daño al número 1 del mundo. A Rafa le servía con colocar minuciosamente cada pelota en el revés de su rival, podría estar devolviendo ese golpe durante horas que no habría sorpresa alguna. Tantas dudas tenía Stefanos que se hizo pequeño, limitó su abanico de golpes y quedó atrapado en el recuerdo de aquel enfrentamiento en Barcelona. Un 2-0 de salida amenazaba con dejarnos sin fiesta de cumpleaños para todo el público presente. Demasiado rápido, demasiado fácil.

Se puede aceptar que Tsitsipas y al mismo tiempo aceptar que todavía está muy verde. Quizá no para ganar un Masters 1000, pero sí para ganárselo a una leyenda como Rafa Nadal. Muchos años de diferencia, experiencia y oficio entre uno y otro, solo el tiempo podrá equilibrar esta balanza. Pero la personalidad la tiene, solo así puede uno asomar la cabeza en un parcial perdido hasta llegar a colocarse a una bola de llevar la contienda al parcial definitivo. Así lo hizo Stefanos, aprovechando una breve desconexión del español. Pudo haber cambiado toda la narrativa, toda esta crónica, pero tendrá que esperar. Victoria trabajada para un Rafa que alcanza los 33 Masters 1000 gracias a su cuarta corona en Canadá. El número 1 del mundo ya manda en esta gira estadounidense de verano.

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