Helena Sukova: “Me siento muy orgullosa de todo lo que logré”

La tenista checa, una de las grandes olvidadas tras su retirada en 1998, recibió este sábado el honor de ingresar en el Hall of Fame de Newport.

Una llamada inesperada a una hora inesperada despierta a Helena Sukova para hacerle escuchar tan solo dos palabras: “Lo lograste”. Es la voz de Stan Smith comunicándole a la checa que sí, que esta vez el sueño de formar parte del Hall of Fame de Newport por fin será realidad. A sus 53 años y retirada desde el año 1998, la ex número 4 del mundo llora de emoción al lograr acceder a un club limitadísimo donde solamente las leyendas tienen acceso. Aunque no fue hasta ayer cuando la realidad superó a su mejor ficción. Compartiendo escenario con Michael Stich, Sukova se mostró radiante y se animó a repasar algunos momentos de su carrera, los que le han llevado precisamente hasta aquí.

En 1998 recuerdo dejarlo todo por estar cabreada conmigo misma porque no me estaba yendo tan bien como a mí me hubiera gustado. No gané lo que pensé que ganaría. Llevaba dos años que no sabía ni dónde estaban mis raquetas. Estaba decepcionada y por eso paré, porque pensé que ya no podría mejorar. Pero ahora recuerdo cada trofeo, mis medallas olímpicas… todo estaba guardado en el armario”, comenta la jugadora de Praga.

Una jugadora que jamás pudo ganar un Grand Slam en categoría individual (perdió cuatro finales) y que sin embargo los ganó todos en la modalidad de dobles. “Ya fui nominada dos veces y ésta quizá representaba la última oportunidad. Hubo otros grandes nominados que no lo consiguieron, así que estoy feliz de haberlo logrado. Ahora me siento más orgullosa que nunca de todo lo que pude ganar”, recuerda Sukova.

Como siempre, los inicios de las leyendas suelen ser la parte más importante a tener en cuenta. "Pasamos mucho tiempo en el club Sparta cuando era joven. Poco a poco fui jugando al tenis. También tenía que tocar el piano, pero lo odiaba. Cuando tenía 7 años, los doctores me dijeron que no podía jugar al tenis porque mi cuerpo estaba creciendo torpemente, la columna vertebral no estaba creciendo correctamente y mi pierna izquierda era más corta que la derecha. Yo siempre quise jugar a fútbol porque el tenis era solo correr en una cancha, nada especial. Pero cuando el doctor me dijo que no podía jugar todo cambió, aquello se volvió atractivo, el tenis se convirtió en lo que yo quería", confiesa ya con 53 años.

“Cuando ya fui adulta y mi madre se había ido, hablé con mi padre acerca del pasado y me dijo que cuando nací, hubo muchas dificultades con una de mis caderas. A mi madre le dijeron que nunca podría dedicarme al deporte, a ninguno. Ella estaba destrozada y yo no tenía ni idea de nada de esto”, recuerda una mujer que llevaba el tenis en la sangre, ya que su madre (Vera) fue finalista de Wimbledon en el año 1962.

“Tuve un poco de suerte porque tuve mucho éxito desde el principio y a eso a un niño siempre le gusta. El éxito siempre es divertido, a los niños les gusta ganar y tener éxito. Con 14 años ya formaba parte del equipo de FedCup y con 16 años ya estaba en el top100, fue un comienzo fulgurante”, afirma una mujer que se mantuvo quince años en la élite profesional.

La pregunta es, ¿cuánto recuerda Helena Sukova de su carrera? “Solía escribir cada partido que jugué hasta que cumplí los 18 años, recuerdo cada encuentro, pero de los 18 en adelante ya no recuerdo nada, no sé lo que pasó después. No soy como Martina, que recuerda cada golpe que dio. Yo soy todo lo contrario, sé que pasó pero no me preguntes ni cuándo ni cómo”, afirma entre risas.

“El momento más especial en el tenis es el momento en el que ganas, la parte emocional. Esa emoción se mantiene ahí durante unos segundos, tal vez unos minutos, pero luego se va. No hay nada que supere esa sensación. Siempre aconsejo que, mientras tu cuerpo aguante, debes seguir jugando. Aunque solo sea por ese momento, pero eso por lo que uno trabaja cada día”, subraya la europea, doble medallista olímpica con una plata en Seúl 1988 y otra en Atlanta 1996.

Por último, Sukova quiso dejar un mensaje de cara al futuro del tenis de su país. “Creo que si supiéramos cuál es el secreto, le daríamos de ese mismo alimento a nuestros hombres. Tenemos a Berdych pero, aparte de él, no hay nadie más. Gracias a Jaroslab Drobny, Martina Navratilova o Jan Kodes nuestro tenis siempre tuvo estrellas, nos abrieron el camino. Gracias a ellos se nos abrió el circuito, se nos permitió viajar, salir y jugar. Antes los chicos querían ser como Martina o como Ivan Lendl, ahora quieren ser como Petra Kvitova o Karolina Pliskova. Necesitamos a esas chicas y estamos felices por ello”, celebró.

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