La maldición de las finales perdidas amenaza a Anderson

Repasamos la lista de jugadores que han perdido todas las finales de Grand Slam disputadas. Anderson aún tiene tiempo para resarcirse.

Kevin Anderson en Wimbledon 2018. Foto: zimbio
Kevin Anderson en Wimbledon 2018. Foto: zimbio

¿Hay algo más doloroso que acariciar la gloria con la yema de los dedos y ver cómo se escapa? Sí, que esto ocurra más de una vez y nunca se obtenga el premio deseado. Es muy probable que hace años nadie pensara que Kevin Anderson disputaría dos finales de Grand Slam pero el sudafricano ha crecido notablemente en todos los aspectos del juego y es ya un serio candidato a dar la campanada. El vaso siempre puede verse medio lleno o medio vacío, y en esta segunda teoría huelga señalar que las oportunidades no son infinitas.

El sudafricano ha de estar muy satisfecho con su rendimiento en este Wimbledon 2018 así como en el US Open 2017 pero verse tan cerca del título y no llevárselo a casa genera un poso de decepción y angustia. ¿Podrá volver Kevin a una final? La competencia es máxima así como la exigencia para alcanzar un resultado de tal envergadura. Y es que hay nombres ilustres en la historia del tenis que no pudieron aprovechar sus oportunidades y pusieron fin a sus carreras con un pleno de derrotas en finales de Grand Slam.

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El primer caso a destacar, aunque con asterisco, es el de Tony Roche. El australiano fue campeón de Roland Garros 1966 pero si se atiende solo a la Era Open (que comienza en 1968), disputó tres finales y en las tres cayó derrotado. Rod Laver en Wimbledon 1968 y US Open 1969 y Ken Rosewall en US Open 1970 impidieron que Roche inscribiera su nombre en el palmarés de ganadores de Grand Slam ya con el tenis plenamente profesionalizado y con una estructura asimilable a la actual, asumiendo la notable evolución de la misma.

Donde no hay asterisco posible es en los casos de otros ocho hombres que se retiraron del tenis profesional con partidos imborrables en su mente. Los estadounidenses Steve Denton y Kevin Curren no pudieron triunfar en una década de los 80 tremendamente competitiva. Tampoco el checo Miloslav Mecir, derrotado en las finales de US Open 1986 y Open Australia 1989, por Ivan Lendl en ambas ocasiones. Sin embargo, tuvo consuelo al cosechar el oro olímpico en Seúl 1988.

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Cédric Pioline es reconocido como uno de los tenistas franceses que mejor rindió en los últimos decenios en Roland Garros pero tan solo pudo llegar a semifinales en la edición de 1998. Las finales perdidas por el galo fueron US Open 1993 y Wimbledon 1997, siendo Pete Sampras su bestia negra. Todd Martin tampoco pudo redondear su competitiva trayectoria venciendo alguna de las dos finales disputadas en la década de los 90: Open Australia 1994 y US Open 1999, resultando curioso que un hombre de su estilo no pudiera pasar de las semifinales en Wimbledon.

Aún más doloroso fue el caso de Álex Corretja. Campeón de la Copa de Maestros, número 2 del mundo, bronce en Sidney 2000 y dos finales perdidas en Roland Garros; una de ellas ante su amigo Carlos Moyá, en 1998, y la otra en 2001 contra Gustavo Kuerten. Los otros casos más recientes de derrotas plenas en finales de Grand Slam disputadas son los de Mark Philipoussis (Wimbledon 1998 y Wimbledon 2003), siendo testigo de excepción el australiano del inicio de la dinastía Federer, y Robin Soderling. El sueco también presenció un triunfo vital en la carrera de Roger, ya que el helvético se impuso a él en la final de Roland Garros 2009, y un año después caería ante Rafael Nadal, en la venganza del balear por la derrota sufrida ante el sueco en octavos de final del año anterior.

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Kevin Anderson querrá evitar a toda costa ser el noveno jugador de la historia del tenis que disputa más de una final de Grand Slam y pierde todas ellas. Pasada la treintena, habrá de trabajar mucho para labrarse una nueva oportunidad de resarcirse y dar el gran golpe. ¿Podrá hacerlo? Su juego agresivo le confiere de un gran peligro sobre hierba y en superficie dura, percibiéndose como inviable la opción de que Roland Garros sea revulsivo. ¿Qué creéis vosotros?

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