Partidos históricos de Wimbledon: Boris Becker - Andre Agassi 1995

La semifinal donde Boris Becker cortaría la racha de ocho derrotas seguidas ante Agassi gracias a Nick Bolletieri, ex entrenador del estadounidense.

Cada partido de tenis tiene una historia y la semifinal de Wimbledon 1995 entre Boris Becker y Andre Agassi es la que vamos a rescatar hoy. Primero, situemos el contexto. El de Las Vegas era el chico de moda por aquel entonces, número 1 del mundo y vigente campeón del Open de Australia. Digamos que empezaba su momento. Al otro lado de la red, el alemán, ya con 28 años y en buscaba de su séptima final en el AELTC. Una última ronda donde ya esperaba Pete Sampras y donde todos colocaban a André como el finalista evidente. Y hubiese sido lo normal. La rivalidad decía que en los últimos ocho duelo entre ambos, siempre había salido vencedor Agassi. ¿Por qué iba a cambiar el resultado esta vez?

Lo cierto es que Becker jamás imaginó llegar a aquella situación de desesperación ante Agassi. En parte, apoyado porque en sus tres primeros enfrentamientos, siempre logró la victoria. Pero con el tiempo, todo eso cambió. “Mi juego se basa en el saque y la volea, nadie era capaz de restar mi saque. Era mi firma. Si yo era capaz de sacar bien, entonces puedo ganarte. El problema era que Andre sí restaba mi saque. Para mí era como una falta de respeto, ¿cómo te atreves a restar mi servicio? Yo soy el jugador número 1 y se supone que tú tienes que perder, tienes que amilanarte y no plantarme cara”, explicaba el alemán años después sobre su rivalidad con Andre.

“En aquella época me sentía la mayor súper estrella del tenis, pero llegó aquel chico de Las Vegas y se llevó mi luz. ¿Quién podía tomárselo en serio? Con aquellos pantalones ridículos, el pelo decolorado… parecía una estrella del rock, no un profesional del tenis. Tenía novias guapas y vivía a lo grande, nada que ver conmigo. Y para colmo, era un jugador de tenis tremendo, que comenzó a ganarme, eso tampoco me gustó”, amplía el de Leimen, número 4 del mundo en aquel partido y ya con tres Wimbledon en el bolsillo.

Sin embargo, para entender lo que sucedió en aquel encuentro hay que mirar fuera de la pista. Concretamente, a los banquillos. Nick Bolletieri, el entrenador más famoso del mundo, llevó a Agassi a la gloria a lo largo de siete temporadas. Lo cogió siendo un chaval y le hizo campeón de Wimbledon en 1992. Suena fácil, pero fue un largo recorrido. Antes del éxito, juntos probaron el sabor del fracaso, perdiendo tres finales de Grand Slam y compitiendo internamente por bien quién de los dos necesitaba más al otro. Un pulso de egos que no podía terminar bien. Al final, justo después de aquella victoria en Londres, Agassi puso en duda la relación y Bolletieri la rompió. Por cosas del destino, tres años después volvían a encontrarse. Aunque esta vez, siendo Nick el entrenador de Becker.

“La gente siempre pensó que Andre era duro como una piedra, pero no era así. Era mucho más sensible de lo que parecía”, subraya el propio entrenador recordando aquella batalla. “Le dije a Boris que para ganarle tenía que hundirle mentalmente. No puedes arrasarle a base de raquetazos. Tenía que demostrar que era capaz de hacer que mis jugadores ganasen, así que hice lo que tuve que hacer. Aquel partido demostró a Andre que yo tenía que proseguir con mi carrera”.

Para no mantener más esta tensión, diremos ya el resultado. Boris Becker ganaría aquel partido en cuatro mangas (2-6, 7-6, 6-4, 7-6) gracias a un gran ejercicio de tenis y alguna que otra triquiñuela que más adelante contaremos. Eso sí, después del primer set, todos pensaron que la película que verían esa tarde iba a ser la misma que los ocho duelos anteriores.

“Le gano el primer set a Becker sin problemas. En el segundo, me pongo por delante 4-1. Ahí voy, Pete. Espérame y vete preparando, Pete. Pero entonces, de repente, Becker empieza a desarrollar un juego mucho más agresivo, más físico. Gana varios puntos belicosos. Después de mellar mi confianza con un clavo diminuto, decide que ha llegado la hora de sacar el mazo. Juega desde la línea de fondo, algo poco habitual en él, y su potencia muscular supera a la mía con diferencia. Me rompe el saque y también la mente. De pronto, no soy capaz de controlar mis pensamientos”, relata Agassi en su libro Open.

Obviamente, en una trama tan compleja como esta, hace falta descubrir también la otra versión, la de Boris Becker. “Estaba jugando conmigo, yo hacía un gran servicio pero él siempre lo contraatacaba. Fue vergonzoso para mí, encima tenía a Nick en mi rincón. Si ya me hubiera ganado el segundo set, no me hubiera recompuesto, así que tuve que cambiar algo rápidamente”, asegura el alemán 23 años después. “¿Qué podía hacer para frenar aquello? Entonces miré a su tribuna y vi a su preciosa novia, Brooke Shields. Comencé a flirtear con ella, aunque nadie se dio cuenta. Le lancé besos, fui muy galante. Supe que aquello le descolocaría, empecé a hacerlo delante de su cara. A ningún hombre le gusta eso y menos en la Centre Court de Wimbledon. ¿Quién podría hacer algo así? Yo”.

Una jugada no muy deportiva que dio un resultado óptimo. “De repente vi a Andre completamente desconcentrado. En el siguiente juego me incapaz de seguir jugando. Pienso que aquello demostró que Nick no es un entrenador de un solo tenista, de Andre Agassi, sino que puede entrenar a un jugador completamente distinto. Aquel fue el partido más importante de nuestra época juntos. Uno de los partidos más extraordinarios que he disputado en mi vida, ya que Andre era mejor tenista que yo”, confiesa el teutón sin que se le caigan los anillos.

Pero aquello solo fue la cara alegre de la moneda, por supuesto. Agassi empezó a distraerse, pensando en su chica en la grada, pensando en el papel de Nick contándole a Boris todos sus secretos, soñando antes de tiempo con una nueva final con Sampras, a quien ya había ganado meses atrás en Melbourne. Se volvió loco. “Todos esos pensamientos empezaron a recorren mi mente y me dispersé, me fracturaron, lo que permitió que Becker aprovechara el impulso. Y ya no lo soltó. Me ganó en cuatro sets. Esa derrota es una de las más devastadoras de mi vida. Al terminar no intercambié ni una palabra con nadie. No lo hice porque no podía, estaba destrozado, abatido de un disparo”, rememora el de Las Vegas.

Una felicidad profunda para un Becker al que ya no le quedarían muchas por vivir. Esa sería la última victoria que lograría ante su bestia negra y esa sería la última final que disputaría en Wimbledon, la cual perdería ante Sampras. Mientras que Agassi, la parte peor parada, salió más fortalecido que nunca de aquella caída, sumando una racha de 26-0 (cuatro títulos consecutivos) que solo pudo cortar Pete Sampras en la final del US Open. Había caído ante Becker, lo había hecho con Bolletieri en el palco contrario, pero el estadounidense todavía tenía muchas cosas que mostrarle al mundo. Una rivalidad vintage que reunió en Wimbledon 1995 todos los ingredientes para haber filmado una telenovela.

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