Borna Coric, sin prisa pero sin pausa

Borna Coric está recogiendo los frutos de un trabajo continuo, sin fisuras y progresivo. Acercándose a su mejor nivel potencial.

En cierto modo, el momento que atraviesa Borna Coric es la consecución de un proceso y al mismo tiempo el comienzo de otro. Con su triunfo en Halle ante Federer, nada queda ya del Coric de 2013, 2014 o 2016, aquel jugador ciertamente estancado, con un potencial más que notable, con una mentalidad preparada pero no optimizada y con un estilo de juego necesitado de un mayor riesgo, de una iniciativa mucho más acentuada. El croata ahora sí se ha quitado los grilletes y depende de su propio rendimiento para ganar a cualquier jugador del mundo.

Para llegar hasta aquí, esto es, ganarle una final a Federer en hierba, Coric tuvo que lidiar con el peso de las expectativas, alguna que otra lesión y principalmente con algunos vicios tácticos -ceder mucha pista-, alguna carencia técnica -el drive- y una excesiva dependencia de sus piernas y su talento para meter pelotas extra en pista a la hora de afrontar los puntos y los encuentros. No depender tanto de su físico le ha hecho ganar una confianza que no tiene por qué verse abandonada.

Como ocurrió con Ivan Ljubicic, Richard Gasquet o Milos Raonic, el jugador balcánico ha despegado de la mano del gran Ricardo Piatti. El italiano llevó a los tres jugadores al top-10 y elevó poderosamente el rendimiento de sus pupilos, hasta el punto de hacerlo en casi todas las facetas del juego, implementando todo su juego e incidiendo en encontrar siempre un equilibrio lo más completo posible. El croata se refería precisamente al hecho de que, con el italiano, había mejorado mucho su juego ofensivo.

Hablamos de un chico de 21 años, número 1 del mundo junior en la generación de Kokkinakis, Zverev o Kyrgios, que precisamente se distinguía por suponer un contrapunto estilístico. No disponía de una gran envergadura ni de golpes definitivos, pero marcaba diferencias por su capacidad defensiva y su tremenda concentración para contrarrestar la potencia del rival y usarla a su antojo para compensar sus problemas a la hora de generar velocidad en parado y una mano irregular para encontrar las líneas.

Lo que más llamó siempre la atención es la virtud de querer ser el mejor jugador posible. La confianza en el proceso, el no desafiar al tenis de otro modo diferente al de la cultura del esfuerzo. Y el de cambiar las cosas para cambiar uno mismo. En 2016 pasó a Wilson y con la contratación de Piatti se garantizó trabajar con uno de los mejores entrenadores del mundo a nivel metodológico. Los resultados, a la vista de todo el mundo.

Ahora, ubicado en el puesto número 21, y a sus 21 años, Coric ha alcanzado el mejor ranking de su trayectoria profesional. Y es un jugador mucho más preparado para rendir en todas las superficies. Su primavera dejó grandes momentos en tierra batida y difícil hubiera sido ver al Coric del pasado poder discutir y dominar desde la potencia en hierba. Sumando toda esta mejora y su natural capacidad competitiva, de esfuerzo innegociable, Coric está para comenzar a ser el jugador que una vez soñó.

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