El error forzado, ese gran desconocido en el tenis

Reflexionamos sobre lo que puede ser considerado como un error forzado a nivel estadístico y la incidencia de los mismos en el tenis.

Errores no forzados y golpes ganadores. Eso es lo que mira cualquier fanático del tenis cuando atiende a las estadísticas de un partido. A través de estos parámetros se pueden deducir muchas cosas del devenir de un encuentro pero si bien es cierto que los winners son claramente estipulables (tiro que no es tocado por el contrincante), existe una niebla cada vez más espesa a la hora de determinar qué errores se cometen por demérito del propio jugador o cuáles por mérito del rival, e incluso si el hecho de buscar un golpe ganador ya debe suprimir el concepto de "no forzado".

Suele decir que en el tenis confluyen todas las sensaciones que se pueden experimentar a lo largo de una vida, y fallar es algo inherente al ser humano, como lo es también levantarse. En sentido práctico, suele resumirse el tenis como un deporte en el que gana quien menos falla pero más bien debería decirse quien se repone antes de los errores y aquel que fuerza al rival a cometerlos. Pero, ¿por qué no se suele hacer referencia en las estadísticas a los errores forzado? En un mundo cada vez más robotizado, el trabajo de discernir qué errores han sido forzados y cuáles no requiere de un ejercicio intelectual solo al alcance de los humanos, al menos por el momento.

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Las estadísticas recogidas en Roland Garros 2018 mostraron que de todos los puntos disputados hasta ese momento, el 67% en el cuadro masculino y el 69% en el femenino se saldaron con errores, según se informa en NY Times. ¿Puede acaso un jugador profesional fallar tanto si no es sometido a presiones de muy diversa índole por parte del contrario? La respuesta es evidente. Una de las frases típicas de los tenistas es la de "tengo que tomar la iniciativa en los puntos". Repetida a modo de mantra, esta máxima es el único secreto posible para generar errores forzados en el rival, esos golpes a los que se llega en carrera, desequilibrado, metros por detrás de la línea de fondo y sin la capacidad para golpear de manera medianamente académica.

"Un punto puede acabar de tres formas. Un ganador, un error no forzado o un error forzado", señala Leo Levin, director de análisis deportivos de SMT y pionero en la interpretación de los errores en el tenis desde que hiciera un profundo análisis en California, allá por 1982. "Para que un error sea forzado, el del oponente ha tenido que ser agresivo, profundo, potente. "Un error no forzado transmite la sensación de que era una situación totalmente bajo control. Parece imposible que se puedan contabilizar tantos errores de este tipo", comenta un Levin que ve necesario hacer cambios en la interpretación estadística del juego.

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Aún hoy en día hay personas que tildan a determinados jugadores de pasabolas con un aire despectivo pero, ¿alguien cree que en el tenis de hoy en día se pueden ganar torneos de Grand Slam únicamente buscando los errores no forzados del rival? El dominio espacio-temporal que transmiten todos los tenistas en la pista hace que sea cada vez más necesario verse forzados en extremo para cometer errores.

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En la gira sobre hierba este debate adquiere especial peso. Proliferan los golpes cortados que adquiere un efecto endemoniado al contacto con el césped y provocan el error de los rivales... ¿forzado o no forzado? ¿Y en el caso de largos peloteos propios de la tierra batida, con más de diez golpes en el que un jugador va de lado a lado de la pista y termina jugándose una derecha que se escapa poco? ¿Error forzado o no forzado? El debate continúa.

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