Españoles sobre hierba. De la fobia a la máxima competitividad

Repasamos la actuación de los jugadores españoles desde la década de los 70 hasta la actualidad, analizando su progresión al alza.

Rafael Nadal en Wimbledon 2018. Foto: zimbio
Rafael Nadal en Wimbledon 2018. Foto: zimbio

Nunca ha sido el hábitat natural del jugador español pero la hierba ha ido siendo conquistada poco a poco por unos jugadores cada vez más polivalentes y capaces de adaptarse a todo tipo de condiciones. Manolo Santana hizo historia al ganar en 1966 y marcar el camino de lo que han sido décadas de gloria para el tenis nacional y el círculo se cerró en 2008, cuando Rafael Nadal volvió a hacer ondear la rojigualda en el cielo londinense. Entre ambos momentos, una Era Open marcada por la desconexión e incluso el temor de los nuestros a un pasto que poco a poco se ha ido haciendo menos insondable. Repasamos con detalle la evolución del tenis masculino español en Wimbledon:

Década de los 70

En ninguna de las diez ediciones hubo más de cinco jugadores españoles en el cuadro final. El año con más representación fue 1972, con Modesto Tito Vázquez (procedente de la fase previa), Juan Gisbert, Jairo Velasco y Antonio Muñoz, además del gran Manolo Orantes. Fue éste último quien demostró una y otra vez que la hierba no era territorio inexplorado, llegando a semifinales ese mismo año, donde cayó con Ilie Nastase. Alcanzaría el granadino la cuarta ronda en 1974, en otro resultado a destacar por parte de una delegación que solo pudo avanzar más allá de la segunda ronda por medio del ya citado Orantes y de Andrés Gimeno, semifinalista en 1970 cayendo derrotado ante John Newcombe.

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Década de los 80

Comienza a haber relevo generacional por medios de los hermanos Sánchez-Vicario, Sergio Casal o Juan Avendaño. La representación es más nutrida pero poco exitosa, con el hito de Emilio Sánchez-Vicario en la cuarta ronda de Wimbledon 1987, sucumbiendo en cuatro apretados sets a Mats Wilander. En 1989 se produce una situación muy destacable, con Tomás Carbonell siendo capaz de avanzar hasta la tercera ronda, donde pierde con Ivan Lendl.

Década de los 90

El impulso económico que experimentan los deportes en España a raíz de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, se deja notar incluso en las hostiles tierras del All England Lawn Tennis Club. Juan Aguilera abrió la década con una meritoria tercera ronda en 1990, hazaña que emularía Jordi Burillo en 1994 y, de nuevo, Tomas Carbonell en 1995. Incluso un tenista especializado en tierra batida, como Beto Martín y Félix Mantilla, tuvieron una escaramuza triunfal en Londres alcanzado la tercera ronda en 1999 y 1998, respectivamente.

Pero por encima de esto, se encuentran los octavos de final cosechados por Sergi Bruguera, en 1994. En la retina de todos los aficionados quedará el triunfo del catalán en segunda ronda ante el mismísimo Patrick Rafter, en un agónico duelo resuelto por 13-11 en el quinto set. Cuatro años después, en 1998, Pato Clavet rompía moldes, imponiéndose en primera ronda a Marcelo Ríos y llegando a una cuarta ronda donde se topó con Davide Sanguinetti.

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Siglo XXI

Con la entrada del nuevo siglo llegó una auténtica revolución en el tenis. Surgieron gigantes de tremenda habilidad en todas partes del mundo, teniendo España su propia revolución en Feliciano López. El toledano ya hizo cuarta ronda en 2002, primera temporada del cambio de hierba promovida por Wimbledon que supuso una ralentización del juego en favor del espectáculo, ya que las nuevas raquetas cada vez tenían más potencias y apenas había intercambios.

Las gestas de Rafael Nadal no deben eclipsar lo conseguido por jugadores como Juan Carlos Ferrero, cuartofinalista en 2007 y 2009 o Carlos Moyá octavofinalista en 2004, impulsores de una generación posterior en la que ha habido, al menos un jugador nacional en la cuarta ronda en todas las ediciones del torneo disputadas desde 2002. Feliciano López parecía llamado a coronarse en Londres y ha pisado hasta en tres ocasiones los cuartos de final.

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Pero también lejos de Wimbledon se aprecia el buen hacer de los tenistas nacionales en los últimos lustros. Fernando Verdasco fue finalista en Nottingham 2008, Feliciano López cuenta en su palmarés con tres títulos sobre hierba, mientras que otros jugadores cuyo tenis, a priorio no debería adaptarse bien a esta superficie, han sido capaces de levantar títulos, como es el caso de David Ferrer (s-Hertogenbosch 2008 y 2012) o Roberto Bautista (s-Hertogenbosch 2014).

Resulta importante poner en contexto el continuo avance del tenis nacional en una superficie casi prohibida hace décadas. Adquiere esto especial importancia atendiendo al hecho paradigmático de que no existe ni una sola pista de hierba natural en España. Hubo un intento por medio del Real Club de Tenis López-Maeso (ahora Club de Tenis Aravaca), en 1994, de instalar una pista de hierba natural pero el experimento apenas duró dos años debido al desorbitado coste de mantenimiento de la pista.

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El pasado año se produjo el milagro de ver pistas de hierba naturales en Mallorca; la celebración del WTA International Mallorca Open 2018 hace que se instalen estas pistas pero solo duante la semana del torneo y unos días previamente, lo cual fue determinante para que Rafael Nadal pudiera tomar contacto con la superficie el psado año. El paso de la tierra batida a la hierba es muy brusco y el no poder entrenar en casa no ayuda a los jugadores nacionales. ¿Cambiará la tendencia? ¿Seguirá evolucionando el tenis español sobre hierba?

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