Istvan Gulyas, el hombre que ‘decidió’ perder una final de Roland Garros

El tenista húngaro disputó la final de Roland Garros en la temporada 1966 y tuvo un gesto con su rival, Tony Roche, que le hizo pasar a la historia.

Istvan Gulyas y Tony Roche posan con los trofeos en Roland Garros 1966. Fuente: Getty
Istvan Gulyas y Tony Roche posan con los trofeos en Roland Garros 1966. Fuente: Getty

Istvan Gulyas es, posiblemente, el último hombre del que hoy esperarían leer un artículo. Para empezar, porque ni siquiera le conozcan, pero el húngaro fue protagonista de nuestro deporte en los años 60 debido a un gesto que hoy en día todavía se recuerda. Vayamos por partes, ¿quién es este hombre? Nacido en la localidad de Pecs en 1931, Istvan se convertiría en el segundo jugador de su país en disputar una final de Grand Slam. Sería en Roland Garros 1966, cuando tenía ya 34 años, una etapa de madurez que le permitió sacar toda la brillantez de su muñeca pero que no fue suficiente para levantar el título en París. Tony Roche, su rival en aquella final, le arrebató ese placer. Aunque la historia pudo ser muy diferente.

Con ambos jugadores clasificados ya para la última ronda, la noticia (en este caso, la mala noticia) llegó un día antes de la final. Tony Roche, que todavía seguía vivo en otros cuadros, se hace daño en el tobillo disputando el dobles y pone en duda su presencia en la final individual. La organización, ante el miedo de quedarse sin partido, le propone al húngaro una barbaridad. “¿Te importaría retrasar la final un día más tarde para que Tony pueda llegar en condiciones?” No, no es una broma. Pero lo realmente impresionante fue la respuesta de Istvan.

Como ya se pueden imaginar lo que pasó, antes me gustaría bucear en la carrera de este talento del Este. Gulyas vio partida su carrera entre su etapa amateur (20 títulos) y su etapa profesional (donde llegó a ser 128 del mundo). Jamás ganó un partido sobre hierba, pero el húngaro aprendió a hacerse fuerte sobre tierra batida. Sin embargo, tras once presencias en Roland Garros, jamás había logrado cruzar más allá de la tercera ronda, una barrera que le hizo valorar si realmente tenía talento para jugar al tenis. Problema menor comparado con el efecto que tuvo la II Guerra Mundial en su país, prohibiéndole salir al extranjero durante unos cuantos años.

De hecho, Gulyas no disputó su primer Grand Slam hasta los 24 años, justo después de sacarse la carrera de Arquitectura en Budapest. De él decían que era un caballero, que nunca se quejaba sobre la pista. Lo que si hacía era hablar consigo mismo, recriminarse los errores que iba coleccionando durante los puntos. No sabía inglés, así que el público presente jamás pudo saber lo que realmente decía. Su primer título cayó en Beaulie (Francia), pero no fue hasta 1966 donde cambió su vida. Con varias trofeos en la maleta en los primeros meses del año, Istvan llegó a Roland Garros sin ser cabeza de serie y con la fortuna de un cuadro que no le puso obstáculos demasiado complicados en su camino.

Nombres como Bob Howe, Miguel Olvera, Thomas Koch o Clark Graebner representaron los primeros exámenes del certamen: sumando los cuatro partidos, solamente cedió dos juegos. Luego apareció Ken Fletcher, australiano que venía de tumbar al dos veces campeón de Roland Garros, Nicola Pietrangeli. Pero ese fue justo el combate en el que menos se desgató, todo lo contario a las cinco mangas que tuvo que sudar en semifinales ante Cliff Drysdale. Con 34 años, el húngaro estaba en su primera final de Grand Slam y se mediría por el título ante Tony Roche. Sin embargo, un contratiempo de última hora amenazaba con cambiar todo el guión.

Tony Roche, lesionado de su tobillo tras su partido de dobles, no llegaba a tiempo para la final individual del sábado. Si Gyulas no aceptaba posponer el partido un día más tarde, el australiano debería renunciar y el húngaro sería campeón por primera vez de un Grand Slam. Que se juegue el domingo, respondió Istvan. No lo dudó un segundo, aquella no era la manera con la que él había soñado levantar un trofeo de este calibre. Así fue como al día siguiente, con un Roche infiltrado para aguantar el dolor, vimos un partido igualado pero con victoria clara de Tony (6-1, 6-4, 7-5). ¿Cómo reaccionaron los contendientes?

En el caso de Gyulas, nunca volvió a tener tan cerca aquellas mieles, aunque acabó recibiendo el premio de la Feria Internacional de la UNESCO en 1967 por su gesto de deportividad. En cuanto a Roche, aquel título representaría el único trofeo de Grand Slam que ganaría en su carrera, un éxito del que habló años después. "Gané una final que no debería haber jugado, pero fue solo gracias a la generosidad de Istvan, aquello fue algo muy especial. No me puedo imaginar una situación similar en el tenis de hoy en día”. Istvan Gyulas, un tenista de otra época. En todos los sentidos.

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