¿Por qué a Dimitrov le cuesta jugar en tierra batida?

Desgranamos el juego del búlgaro y las claves de por qué su rendimiento baja en los últimos tiempos en los torneos de arcilla.

Grigor Dimitrov en Roland Garros 2018. Foto: zimbio
Grigor Dimitrov en Roland Garros 2018. Foto: zimbio

Cuando un jugador tiene todos los ingredientes para triunfar pero una y otra vez choca con una sólida pared, es evidente que algo ocurre. Grigor Dimitrov parece cumplir todos los requisitos para triunfar en tierra batida; golpes potentes y con mucha carga de top spin, movilidad de piernas exhuberante, capacidad para variar alturas y velocidades y, en definitiva, talento infinito y condiciones físicas envidiables. Pero algo falla. ¿Qué es lo que evita que el de Haskovo pueda triunfar en tierra batida? Sus dudas en Roland Garros 2018 dejan traslucir un problema latente.

Sus derrotas esta temporada en primera ronda de los torneos de Roma y Madrid, ante Kei Nishikori y Milos Raonic, ponen de manifiesto que no está en su mejor momento. Se dejó ver en Montecarlo, con unas semifinales ante Rafael Nadal donde fue arrasado, y decepcionó en Barcelona cayendo con Pablo Carreño. En todas estas derrotas se aprecia un factor común: falta de agresividad y problemas al servicio.

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Así lo desgrana Patrick Mouratoglou en un interesante reportaje para Eurosport donde se muestra cómo el búlgaro pierde la friolera del 24% de sus juegos al saque. Una losa demasiada grande para un hombre que aspira a lo más alto. Y es que en el servicio, base en el juego de cualquiera, es donde parece hallarse la principal explicación del asunto. Su segundo servicio sale a una media de 153 km/h, la más baja de los mejores del ranking ATP. Esto imposibilita que juegue agresivo y metido en pista, como atestigua el frío dato de que tan solo el 23% de sus derechas en puntos jugados con segundo servicio, sean golpeadas dentro de la pista.

No es raro ver a un Dimitrov recluido metros por detrás de la línea de fondo, confiando en su velocidad de piernas y mano para revertir la situación. Por si esto fuera poco, su falta de confianza hace que sus ataques sean menos incisivos de lo normal. Esto viene de lejos. Y es que en su palmarés solo figura un título sobre tierra batida, y no precisamente de máxima exigencia: Bucarest 2014. En los grandes torneos sobre dicha superficie, solo ha sido capaz de llegar a las semifinales en Roma 2014 y Montecarlo 2017, siendo su mejor resultado en Roland Garros una discreta tercera ronda.

Hay un detalle curioso a nivel técnico en el que Mouratoglou incide; la posición del codo en el gesto del saque. Grigor, comparado habitualmente con Roger Federer por sus gestos técnicos, difiere notablemente del suizo en este punto ya que baja el codo derecho casi hasta el suelo, obligándose a hacer un desplazamiento muy grande hasta la bola que le puede restar velocidad y fluidez. Precisamente Pablo Carreño ha hecho un ajuste técnico en este sentido, cambiando su posición en el servicio para que el codo no bajara.

Si Grigor Dimitrov quiere explorar sus límites en Roland Garros 2018 deberá apostar por un juego mucho más agresivo ante un Fernando Verdasco que no le dará tregua. Pase lo que pase, el de Haskovo deberá evaluar muy mucho lo que le está ocurriendo en esta gira de tierra batida y tomar decisiones de cara a futuro. Su triunfo épico ante Jared Donaldson le puede dar mucha confianza de cara al futuro.

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