Javier Piles: “Raonic me decía que con 27 años se sentía mayor”

El técnico valenciano repasa con Punto de Break su experiencia junto a Milos y analiza la situación actual del entrenador profesional en el mundo de la raqueta.

Javier Piles en el Club de Tenis Penyes Males. Fuente: Fernando Murciego
Javier Piles en el Club de Tenis Penyes Males. Fuente: Fernando Murciego

El foco de Punto de Break se desplaza hasta Picassent, municipio situado al sur de Valencia, donde nos espera nuestro protagonista. En esta ocasión es el Club Penyes Males el que nos abre las puertas para vernos de nuevo con Javier Piles (Valencia, 1968), ex entrenador de David Ferrer y Roberto Bautista. Después de una pequeña aventura en el circuito junto a Milos Raonic, el técnico español ha vuelto a sus raíces para reinventarse y construir aquí su nuevo centro de operaciones. Bajando las escaleras del club, su figura se hace notar en la última pista del recinto, casi oculta, donde hayamos al zurdo impartiendo clases a Yeray, Laura y Hugo. Éste último, su hijo.

Un entrenamiento más en una jornada de mucho calor, disfrutando del trabajo en la sombra y alejado de la jungla que representa el circuito profesional. El proyecto que tiene entre manos es diferente a los anteriores: crear una escuela en Picassent donde enseñar sus conocimientos e intentar dejar un legado a las futuras generaciones. Sin embargo, nada más terminar el entrenamiento, la cabra tira al monte y Piles comienza a exponer su opinión sobre la Davis, la ATP, la gira de tierra y todas esas cosas que en su momento representaron su hoja de ruta diaria. Nos sentamos, encendemos la grabadora y charlamos.

De la Philippe Chatrier al Club Penyes Males. ¿Se nota el cambio?

Te tiene que gustar el tenis, lo tienes que llevar en las venas para mirar todo desde un punto medio. Lo que hay que tener son siempre los pies en el suelo. Estar en las mejores pistas del mundo con los mejores jugadores del mundo es algo pasajero. Por otra parte, siempre es bueno volver abajo, a tus raíces, coger de nuevo una raqueta y empaparse de la humanidad del tenis.

Sé que tienes en la cabeza algo muy chulo.

Estoy volcado en un nuevo e ilusionante proyecto como es el de mejorar y actualizar la escuela que tengo con Dani Tormos aquí en Picassent. El objetivo ahora es mejorar las instalaciones y la calidad de los entrenamientos a los futuros tenistas de alta competición. El volver o no a la élite es algo que, en estos momentos, no me preocupa demasiado. Soy de los que piensan que si las cosas tienen que salir, tarde o temprano acabarán sucediendo.

Lo que está claro es que aquí se respira menos presión.

Aquí los chavales vienen a divertirse, a aprender desde la base, a fijarse mucho en la técnica… totalmente diferente de la necesidad de ganar que tienen los que están arriba, donde si ganas va todo fenomenal y si pierdes es un desastre. Aquí no se respira esa presión del día a día, hay veces que hasta parecen deportes diferentes.

¿Hay algún futuro Nadal por estas pistas?

(Risas) Mira, nosotros hemos tenido muchísima suerte de vivir a Rafa Nadal, eso quedará por siempre en nuestra retina, para nosotros ha sido nuestro número 1 tanto dentro como fuera de la pista. Siempre se tiene la ilusión de que los jugadores vayan creciendo y ver cómo van mejorando, eso te motiva. Aquí tenemos muy buenos chavales como Dani Torres, Napau, Yeray o Ana Gradolí, pero claro, todavía es pronto para hablar del nivel que puedan ofrecer en el profesionalismo. El tiempo dirá.

De todos modos, la idea de ver un nuevo Nadal habría que ir archivándola.

No sé si volveremos a ver otro Rafa Nadal, por suerte el tenis español suele defenderse bastante bien en las pistas internacionales, siempre tendremos a alguien entre los mejores del mundo.

¿Cuál ha sido el mayor talento que tú has visto? El debate popular se decanta entre Federer y Safin.

Yo en su momento vi evolucionar a Juan Carlos Ferrero y ostras… ¡subía como la espuma! Lo veía con 13 años ya con mucha chispa, tenía electricidad en las venas, la relación peso-potencia era increíble. Me llamó mucho la atención, por supuesto que Safin también. Contra Marat jugué en algunos torneos siendo él mucho más joven y se veía que tenía un potencial brutal, por suerte para él dejó de ser tan alocado y maduró para poder convertirse en número uno. Moyá también, muy talentoso y con mucha confianza, la derecha le corría increíble.

¿Y Ferrer?

David no ha sido número 1, al menos de momento, pero llegó a estar número 3 a base de ser un jugador muy completo. Un físico portentoso, una aceleración brutal y una energía en las venas fuera de lo común. Eso también es talento. Al final el que no llega es porque alguna carencia tiene, arriba solo llegan y se mantienen los que son completos.

Muchos niños llegarán a estos clubes soñando ser como Rafa o David. Esto es peligroso.

Los niños vienen con muchísima ilusión, hay que regulársela con el tiempo, no se puede jugar con la ilusión de un niño. Cuando vemos que alguien tiene talento desde pequeñito, lo que hacemos es animarle para que continúe formándose, que siga aprendiendo, que se divierta mientras va mejorando en todos los aspectos. Está bien que quieran ser como Rafa, como David o como Juan Carlos, que vengan así de ilusionados es una maravilla. Luego cuando tengan 15 años ya habrá que sentarse con ellos para ver en qué fase están. Lo más importante es que disfruten del trabajo duro diario.

¿Cómo es entrenar a tu propio hijo?

No es fácil (risas). Ya hemos visto muchos casos en los que jugadores y padres no han terminado demasiado bien. Intento no monologar demasiado con ellos y apostar más por el diálogo, tanto con mi hijo como con mi hija. Reflexionar con ellos para que me cuenten sus problemas o sus dudas, ayudarles sin meterle presión. Ellos saben con quién ha trabajado su padre, a dónde ha ido, qué ha ganado… cuando ven lo difícil que es llegar ahí arriba es normal que sientan esa responsabilidad de querer hacerlo muy bien. Intento mantener con ellos un diálogo más de entrenador que de padre.

Estuviste dos años lejos de los focos, hasta que Raonic llamó a tu puerta.

Fueron siete meses de recuperación más que de continuidad. Él venía después de una operación importante en la muñeca izquierda, problemas en la rodilla, sobrepeso y muy fuera de forma tras cuatro meses parado. Lo que hice fue ponerle un poquito en forma para que vuelva a su línea. A mí me hubiera gustado continuar pero él decidió terminar, aun así ha sido una experiencia muy chula. Ha sido corto, intenso y me he volcado al 100%.

¿Un final de mutuo acuerdo?

Lo dejó él. Milos quería aprender de otros entrenadores en una etapa donde está ya muy curtido, con un tenis muy definido. Quizá yo intentaba implementarle un juego más sólido de fondo, aunque no hemos chocado en la ejecución del día a día. Simplemente él decidió parar la relación y buscar un entrenador con un pensamiento más cercano al suyo, como es Ivanisevic, pensando en jugadas más cortas y en pistas más rápidas.

Lleva desde marzo con Goran (Ivanisevic), seguro que funcionarán bien sobre hierba pero… ¿y el resto de semanas?

Mi mentalidad siempre ha sido la de competir en todas las semanas del año, si juegas 20 torneos hay que intentar jugarlos todos al máximo, cada semana, no puedes centrarte solamente en una superficie o en una manera de jugador. El tenista moderno tiende a abrirse y evolucionar para llegar a ser completo. Esos son los que finalmente llegan a las finales de Grand Slam.

Los tenistas se han vuelto un poco caprichosos.

Ellos pagan, ellos mandan. No puedes hacer nada. A mí me ha quedado un aprendizaje de siete meses donde le he preparado a conciencia para que volviese al circuito. Mi plan era estar un año entero, pero hay que pasar página. Las puertas siguen abiertas y si en algún momento necesita mi ayuda sabe que puede contar conmigo. Me hubiera gustado mucho seguir con él, es un jugador con muchísimo potencial.

Un jugador completamente distinto a Ferrer o Bautista.

Por eso me motivaba, porque era un tenista con un juego atípico para un entrenador español. Él basa todo su juego en el saque y en un par de golpes, poco más, una nueva visión de ver el tenis para mí. El éxito en el tenis no tiene una sola fórmula y quería descubrir ese estilo.

Lo cierto es que parecía que Milos era un potencial Nº1 hasta que de repente… desapareció.

A veces hemos hablado de ello, me decía que con 27 años se sentía mayor. No es un pensamiento inmaduro, pero sí es verdad que estos nuevos jugadores, a la que tienen un poco desgaste, ven que han hecho un grandísimo esfuerzo y tienen que parar mucho tiempo para recuperarse. Pienso que le queda todavía mucho recorrido siempre que se cuide y tenga suerte en las lesiones. Con 27 años todavía es un chaval.

Quizá demasiado proclive a las lesiones. La última le ha dejado fuera de Roma y Roland Garros.

Milos es como un fórmula uno, a la que tiene tres teclas desajustadas llegan los problemas. Hablamos de un jugador muy grande que tiene que controlar muchísimo el peso, son más de dos metros y la alimentación requiere de una profesionalidad total. En este deporte hay mucho trabajo que hacer tanto dentro como fuera de pista, te tiene que encantar si quieres estar atento para ajustar todas esas piezas. Pensar en tenis las 24 horas al día. Es una pena que esto se les escape a jugadores tan talentosos.

¿Y ahora qué?

Después de esta experiencia me veo capaz de estar más tiempo ahí arriba ayudando a jugadores, me da igual que sea no sea un top. Quiero un jugador que quiera, que ponga toda la carne en el asador y que tenga la humildad de saber lo difícil que es estar ahí arriba. Tampoco es que les haya tocado la lotería, para llegar hay muchas horas de trabajo detrás, pero para mantenerse hay que ser muy profesional, cuidarse muchísimo y apartar varias cosas negativas.

Imagina que el top100 al completo se queda sin entrenador. ¿Con quién te gustaría trabajar?

Me gustan muchos, pero con un Khachanov me gustaría ir, o un Goffin, un Tsitsipas. Jugadores que, aparte de que trabajan y les gusta el tenis, son muy profesionales y piensan sus jugadas en la pista, golpean la bola por algo, son jugadores de ajedrez, utilizan la sensatez. Nishikori siempre fue un jugador que me encantaba, pero no tengo ninguno en concreto.

Con Federer no estaría mal…

Pero ese tipo de jugadores son ya muy mayores, no tiene ningún sentido. Ahí ya puedes aportar poco, hacerles compañía y entrenarles cuando puedes. Yo pienso más en jugadores que puedas aportarles y ayudarles a evolucionar en sus jugadas y mejorar en el día a día.

Hay mucha gente que desprestigia a Ljubicic, le tienen como un simple compañero de viaje, que no es importante en la ecuación.

En el caso de Ljubicic te aseguro que sí que le ha aportado. Lo que les pasa a estos jugadores es que se aburren cuando llevan tanto tiempo con un entrenador y buscan escuchar una nueva voz, hacer cosas diferentes en los entrenamientos, por eso cambian. Pero con Ljubicic no tengo ninguna duda, Ivan ha sido Nº3 del mundo y ha entrenado muchísimos años con Ricardo Piatti, un entrenador consolidado. Seguro que ha mamado mucho de él para luego ponerlo en práctica.

A cierta edad los jugadores ya prefieren viajar con amigos que con un entrenador que te ponga las pilas.

Si piensan que ya lo tienen todo hecho y van un poquito de bajada pues es normal, muchas veces cogen entrenadores que han sido amigos suyos de jóvenes para viajar un poco más tranquilos. Es respetable, por supuesto, pero pienso que lo importante es que el jugador compita al máximo nivel los últimos años. Pasearse por el circuito como si fuera un cementerio de elefantes es una pena.

Cuando os llega una oferta de un jugador, ¿en qué os fijáis? Imagino que el factor mental influye casi tanto como el tenístico.

¡Claro! Hay jugadores que sabes que, por mucho que les hables, por un oído les entra y por otros les sale. Es el caso de los jugadores que van solos, ellos mismos no quieren ir con entrenador porque saben como son, piensan que es una pérdida de tiempo y de dinero. Eso que se ahorran.

Nick Kyrgios.

Un jugador con un potencial brutal que si estuviera ordenado daría un nivel increíble durante muchas semanas del año, no solo tres o cuatro. Pero bueno, imagino que con la madurez ese chaval irá al sitio, siempre que el físico le respete. Al final, el hecho de no ir con un entrenador hace que no trabajes como tienes que trabajar. Es muy talentoso, habrá semanas que rendirá al máximo, pero muchas otras desaparecerá del circuito.

¿Qué es ser buen entrenador?

Hay que ser muy completo. A nivel verbal, saber transmitir, darle confianza e ir de la mano con tu jugador. Hacer el físico con él, crearle una energía diaria tremenda, que cuando el jugador acabe el día sienta que lo ha aprovechado.

¿Existe alguien tan comprometido?

Sí que existe, lo que pasa es que cada vez hay más entrenadores y los jugadores deberían enfocarse más por esta vertiente. Al jugador lo que no hay que hacer es dejarlo solo, no puede entrenar solo o hacer el físico solo: hay que ser una lapa. En mi época he conocido a gente muy buena que ha estado al lado mío y que saben lo importante que es esto. Es tan importante estar con ellos dentro de pista como fuera, mientras no molestes al jugador hay que intentar siempre estar cerca de él para sacar lo máximo de él.

¿Quién es el mejor entrenador? ¿El que gana más Grand Slams? Porque entonces es Toni Nadal.

A mí me gustan mucho los entrenadores argentinos: Monachessi, Marcaccio, Prieto, Davin… Toni Nadal es muy buen coach, a nivel formativo es de los mejores, por supuesto. Pero no me atrevo a decirte si es el mejor, o si es Perlas, o es Piatti, o Moratoglou… tendría que haber estado con ellos en el día a día. Fíjate, a mí me encantaba Narcís Pelach, el que fue entrenador de Albert Montañés. Son entrenadores que han sacado el máximo potencial de cada jugador. Los mejores saben sacar lo mejor de jugadores que no te esperas. Pablo Lozano con Sara Errani, por ejemplo, otro fuera de serie.

Ahora la moda es tener un supercoach, aunque luego llega Andre Agassi y no sabe ni por donde coger a Djokovic. Un buen aviso para navegantes.

Muchos jugadores de arriba deberían disputar algún Futures para saber de donde vienen, tendrían que estar obligados a jugar un Futures al año para recuperar esa humildad y volver a la realidad. Los jugadores que son observadores son los que, el día de mañana, serán buenos entrenadores. Los que hayan sido muy egocéntricos, estando siempre en el foco de atención y ocupados en jugar en la mejor pista, luego será complicado tener un patrón a la hora de enseñar. A lo mejor en el caso de Agassi le ha pasado y que por eso no haya sabido por dónde actuar.

Se está perdiendo la figura del entrenador de club, de toda la vida. Ahora el objetivo es sentar en tu banquillo a la mayor leyenda posible, se le corta las alas al entrenador de perfil bajo.

Lo que se me hace raro es ver a jugadores que han viajado tanto volver al circuito, un top volviendo a entrenar era rarísimo hace años. Ahora la cosa ha cambiado, pero tampoco verás a un Ivan Lendl o un Boris Becker en un ATP 250, no los verás en torneos pequeños. Ninguno va a gastar todo su tiempo o toda su energía en otra persona, pero poco a poco van apareciendo.

Lo que está claro es que estos jugadores de ahora piensan desde una perspectiva diferente.

Los jugadores de hoy en día piensan mucho en el nivel mediático, ahora mismo estar con un McEnroe te abre más puertas a nivel financiero. Tener todo el día detrás a las cámaras y las revistas te abre puertas a nivel empresarial. El manager espabila cuando su jugador tiene a Lendl o Borg sentado en el banquillo y el jugador también quiere sacarle partido a eso. ¿Que le pueda ayudar también en el tema tenístico? Eso ya depende de la valoración del jugador. Cada jugador es un caso personal diferente.

¿Y viajar sin entrenador? ¿Es una opción o un tiro en el pie?

Es muy complicado. Normalmente, estos jugadores terminan sus carreras mucho antes. En el caso de Kyrgios es evidente que necesita un preparador físico y un fisioterapeuta, ¿tú has visto cómo tiene la espalda? Nosotros cuando le veíamos entrenar, alucinábamos. O a eso le pones una base de trabajo o cualquier día le veremos salir en camilla de una pista. Es una pena porque es un chaval que podría durar 15 años y que por estas cosas igual se le reduce a la mitad. Y si no lo afronta no es por dinero, a estos niveles ya no existen los problemas económicos. Pero solo del talento no se puede vivir.

Y luego está el caso contrario, el que viaja con tres entrenadores: uno para cada gira del año.

Los jugadores se aburren, buscan la variación para sentir diferentes experiencias. Son muy maniáticos, es respetable pero yo soy de la opinión que hay que centrase con un solo jugador. Cuando demasiados opinan, al final acaban confundiendo al jugador, porque cada uno le va a dar una orientación.

David Ferrer, Valencia, Copa Davis. Es una pregunta obligada.

Lo vi y le felicité, aquello fue espectacular. Pese a la edad que tiene sigue siendo un jugador que está súper bien preparado y que sabe soportar una presión espectacular como vimos en Valencia. Sacó un partido que se recordará por siempre, una pena que no fuera en la final.

Le pregunté en rueda de prensa a ver en qué peldaño colocábamos esta victoria y no me supo responder. Si las ha tenido mejores, fueron contigo en el banquillo.

Sí, seguro que sí. Lo que pasa que cuando tienes una victoria como ésta parece que todo lo que ha pasado, que ya es antiguo, quede en el olvido. En Copa Davis ya ha tenido partidos espectaculares como aquel contra Stepanek en la República Checa remontando dos sets a cero, o contra Roddick en Austin para meternos en semifinales. Ha tenido muchas victorias especiales en su carrera, no podemos olvidar la final de París-Bercy o las semifinales de Roland Garros.

Un gran jugador de Copa Davis, competición que parece tener las horas contadas.

Lo que la ITF debería haber hecho es quitar los partidos a cinco sets en Copa Davis desde hace ya mucho tiempo. Porque luego la próxima semana juegas otro torneo y estás muerto. También está el aspecto económico que, aunque quede feo decirlo, ganan mucho más dinero jugando otros torneos que en la Davis. La ITF debería haber reaccionado antes, este formato nuevo que va a entrar ahora se podía haber evitado.

Adiós a la magia de jugar en casa.

Son eliminatorias muy bonitas, muy intensas, pero muy largas. Aquí se vio en Valencia, con partidos muy interesantes, pero la gente no puede estar doce horas en la pista para ver dos partidos.

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