La segunda juventud de los Bryan

Repasamos algunas de las curiosidades y trayectoria de la mejor pareja de dobles de la historia. Con 40 años, los Bryan todavía sueñan con el Nº1.

No obtienen la misma atención mediática que Roger Federer o Rafa Nadal, pero son tan leyendas como ellos. No en vano, los hermanos Bryan están considerados como la mejor pareja de dobles de la historia del tenis. Y, aunque acaban de cumplir 40 años y están en los últimos compases de su carrera profesional, vuelven a tener el número uno del mundo a tiro estos días. Es más, estuvieron a un paso de lograrlo en la final del Mutua Madrid Open que disputaron recientemente ante el croata Nikola Mektic y el austríaco Alexander Peya. Sin embargo, la mala fortuna hizo que Bob tuviera que retirarse en mitad del partido por una inoportuna lesión de cadera y que ese asunto quedase en standby.

Son un tipo de ave fénix en peligro de extinción. Tras un par de temporadas discretas, los estadounidenses Bob y Mike Bryan han vuelto a encontrar el sendero del triunfo este año. Sin ir más lejos, se han hecho con los títulos del Masters 1000 de Miami y de Montecarlo. Y esperan poder volver a ganar un título grande en breve (la última final de Grand Slam que se llevaron a casa fue la del Us Open de 2014).

Aunque son profesionales desde 1998, los Bryan cogieron su primera raqueta con apenas dos añitos, gracias a la labor de sus padres Wayne y Kathy, que eran profesores de tenis y que empezaron a instruir a sus retoños a esa edad. Durante veintiséis años, el matrimonio operó el Cabrillo Tennis Club, situado en el barrio de Point Loma (San Diego).

A los seis añitos, los hermanísimos ganaron su primer título de dobles. Sin embargo, Wayne nunca dejó que sus hijos se enfrentaran entre sí en individuales. De hecho, cuando el cuadro de algún torneo deparaba ese encuentro, los chicos se turnaban para retirarse. “Siempre tuvimos cuidado de que los niños no se sintieran competitivos, lo que en un deporte individual es muy difícil de hacer. Aprendimos que con los mellizos, si uno tiene un camión rojo, no puedes conseguirle al otro uno azul, o alguien no estará contento”, contaba a The New York Times Wayne Bryan, abogado, músico y entrenador nacional de tenis, que entrenó a sus hijos hasta que, en 2001 y con veintidós años, estos decidieron volar libre y encontrar un entrenador con experiencia en el circuito profesional.

Los Bryan fueron estrellas del tenis individual en su etapa junior y también en la universidad. Es más, en 1998 Bob ganó el título de la liga universitaria de tenis de los Estados Unidos (la N.C.A.A.) para Stanford, además de hacerse con el título de dobles junto a su hermano Mike y de ganar el campeonato nacional de equipos para la misma localidad. Cabe señalar que, antes de abandonar su carrera como jugador individual, Bob llegó a ocupar el puesto 116 en el ranking ATP —Mike pudo ascender hasta el número 246—. “Creo que son igual de buenos entre sí, solamente que de diferente manera. La razón principal por la que Bob tuvo una clasificación más alta fue porque Mike se lesionó mucho”, cuenta en una entrevista David Macpherson, entrenador de la dupla.

Juntos, los hermanos ganaron su primer título ATP en 2001, en Memphis. Esa misma temporada, lograron hacerse con otros tres títulos de dobles y, desde entonces, no han parado de sumar. Su palmarés asusta: 16 títulos de Grand Slam, 116 títulos del circuito profesional, 24 partidos ganados jugando por su país en la Copa Davis y la hazaña de lograr acabar el año en lo más alto del ranking mundial hasta en diez ocasiones, entre otras gestas.

No es para menos, teniendo en cuenta que son tremendamente completos como jugadores de dobles: tienen buen saque, se manejan bastante bien en la red, cubren de forma brillante la pista y tienen la capacidad de usar la cancha muy bien tanto verticalmente como de lateral a lateral. “Pueden ser vulnerables cuando son vencidos por el talento, por un equipo con dos jugadores muy buenos, incluso jugadores individuales. Pero el trabajo en equipo y la química generalmente les permiten superar la cruda habilidad de un oponente”, comentó de ellos el exjugador Patrick McEnroe.

“Siempre anticipan dónde se moverá cada uno, dónde golpeará la bola cada uno, para que el hermano que no está pegando tenga la posibilidad de reposicionarse, y es muy difícil para un oponente atraparlos fuera de posición”, aseguró Tom Gullikson, ex jugador profesional y entrenador estadounidense. Los Bryan se han ganado el respeto de sus rivales en estos años. “La combinación de zurdo y diestro es definitivamente una ventaja en la cancha de dobles. Es más difícil para el que resta observar a diferentes sacadores”, apuntaba en otra entrevista Bob, que es dos minutos menor que su hermano.

Bob, que reside en Florida, es zurdo y posee un gran revés a una mano. Está casado y tiene tres hijos pequeños: Micaela (2012), Bobby Jr. (2013) y Richie (2015). “Ser padre es mi principal prioridad ahora. Voy a tener que encontrar formas de hacerlo y equilibrarlo con esta gira mundial que te arrastra a todas partes. Una vez que eso se vuelva demasiado difícil, bajaremos la cortina”, comentaba el carismático jugador en una entrevista con The New York Times hace un par de años. Mike, en cambio, se divorció el pasado año de la que había sido su esposa desde 2012, Lucille Williams, y no tiene hijos.

Muchos los conocen por su particular seña de identidad en la pista: el tradicional choque de pecho que llevan a cabo tras cada victoria. “Vimos a los hermanos Jensen hacerlo. Ellos ganaron Roland Garros en 1993. Nosotros lo practicamos cuando estábamos jugando en Stanford. A la gente pareció gustarle. Lo llamaron ‘el choque de los Bryan’. “Lo afinamos y lo llevamos al tour”, confesaba Bob en una entrevista.

Ahora, disfrutan de las oportunidades que les pueda brindar su última etapa en el circuito. “Cuando me convertí en profesional, me dije, ‘Oye, me encantaría llegar a los treinta años’. Ese era mi objetivo. Luego, te acercas y vimos que tendríamos 34 años cuando los Juegos Olímpicos de Londres se jugaran, así que tal vez ese sería un gran lugar para salir. Luego golpeas ese objetivo, y no hay final a la vista”, ha comentado Bob sobre este tema.

Saben que nada es eterno y, aunque no renuncian a volver a lo más alto, son conscientes de que las exigencias del circuito pueden pasar factura en algún momento. De hecho, esta temporada han logrado salir de un largo bache que parecía no tener fin y que empezó hace varios años, precisamente en la última etapa de su treintena. Varias lesiones, la incertidumbre ante el paso del tiempo o el duro proceso de divorcio al que tuvo que enfrentarse Mike, lograron mermar sus hasta entonces brillantes resultados. Bob ha comentado en alguna ocasión que, tras casarse en 2012, su hermano Mike se distanció de él, y que durante un lustro apenas se comunicaron o compartieron tiempo juntos fuera de las pistas, como siempre habían hecho. “El vínculo entre gemelos es irrompible. Ahora sentimos que somos una unidad nuevamente. Para jugar un gran tenis debes estar seguro y feliz en tu vida personal. Yo no era totalmente feliz y definitivamente eso se reflejaba en mi juego”, señalaba en una entrevista digital Mike. “Creemos que este es el último capítulo para nosotros y estamos tratando de escribir la mejor historia aquí al final de nuestras carreras”.

Para lograrlo, esta temporada la pareja trabaja con dos entrenadores. Por un lado, David Macpherson —con quien han trabajado durante la mayor parte de su carrera— y, por otro, Dave Marshall, que viaja normalmente con la dupla. Pero, además, los hermanos cuentan también con la ayuda de un instructor, Indrek Tustit. “[Tustit] Es un especialista que conoce realmente bien nuestros cuerpos. Puede hacer masajes, es quiropráctico y puede hacer punción seca. Lo puede hacer todo. Es el mejor tipo con el que hemos trabajado”, cuenta Mike en una entrevista digital. “Nos hemos enfrentado a las lesiones en los últimos años, así que nos tomamos nuestros cuerpos mucho más en serio”. Aunque algunos aseguren que la pareja ha perdido algo de fuerza en la zona de defensa y algo de velocidad en sus saques, sus reflejos felinos en la red siguen estando a punto.

Bob y Mike han cambiado algunas de sus rutinas. Ahora intentan hacer una hora de gimnasio antes de cada práctica (con el fin de mantenerse en forma), pasan tiempo viendo partidos de sus rivales por televisión (algo que nunca antes habían hecho), y juegan con una nueva raqueta Babolat de gran potencia que les permite adaptarse a la cambiante tecnología. Además, dedican bastante tiempo a trabajar en aspectos como lograr terminar los puntos de forma más rápida, para evitar andar corriendo de un lado a otro de la pista tanto como solían hacerlo cuando eran más jóvenes.

Sea como fuere, los Bryan son (y se intuye que seguirán siendo) la pareja más querida del circuito. Desde hace tiempo, participan en un evento anual de la Fundación Hermanos Bryan para reunir fondos para los niños necesitados en Ventura County, y llevan a cabo otras obras sociales y clínics para niños por todo Estados Unidos —faceta por la que recibieron el Premio Humanitario Arthur Ashe 2015—. Y, además, han sido elegidos por los fans del tenis como su equipo favorito en muchas ocasiones. Algo nada extraño, viendo la cercanía, el encanto y la atención que muestran siempre con cada una de las personas que se acercan a ellos para pedirles una foto o autógrafo.

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